miércoles, 13 de noviembre de 2019

#serendipia Capítulo 3

El miércoles de esa semana la policía científica hallaba el cuerpo del abogado Gonzalo Albornóz en la cercanías de la autopista de Oriente. Estaba en avanzado estado de descomposición.

–No sé como todavía la gente tiene las agallas de dejar cadáveres aquí. Mira…tiene unas correas de cuero y un anillo. Este muerto habla por todos lados.



Tres días después, luego de hacer pesquisas y encontrar el vehículo de la víctima, tenían identificado el cuerpo. Al día siguiente llamaron a sus familiares para identificar el cuerpo y darle detalles de lo sucedido.



–Buenas tardes, bueno ya identificaron el cuerpo. Aquí les entrego el informe forense pero se los voy a explicar, es algo fuerte pero de ahí partiremos la investigación para encontrar a los responsables.

El señor Albornóz fue encontrado en unos terrenos de Parque Caiza en avanzado estado de descomposición, tenía en su cuerpo un anillo en la mano derecha y un arnés de cuero que cruzaba su pecho y espalda, son arneses que se ultilizan para prácticas sadomasoquistas.

La mamá de Gonzalo no podía creer lo que escuchaba, su padre estaba pálido.–Continúe oficial–.

–Presentaba laceraciones en su ano debido a que le introdujeron algún objeto de gran tamaño o el puño y/o el brazo, esto es algo muy fuerte y grave de escuchar pero creo que a la víctima o le gustaba este tipo de prácticas o fue obligado.

Pero esto no fue lo que le causó la muerte, su hijo era hipertenso debió estar muy alterado o ansioso, en su cuerpo conseguimos restos de alguna bebida energizante pues en su sangre había taurina sintética. También restos de nitrito de amilo que se consigue comúnmente como Popper, una droga estimulante para relajarse, usada para tener relaciones sexuales pero que se emplea para la angina de pecho. Inhalada en grandes cantidades puede ser peligroso. En este caso lo fue. No podemos adelantarnos a los hechos pero creo que la persona que hizo esto no tenía intenciones de matar al doctor Albornóz, puede ser que se le haya escapado de las manos la situación y comenzó el caos, pero eso lo sabremos en las próximas semanas, aún faltan muchas cosas por resolver y averiguar.



Los papás de Gonzalo salieron de la policía destrozados y sin saber que hacer. En las próximas horas le entregarían el cuerpo de su hijo para darle cristiana sepultura.



Lunes, nueve días despues del trágico acontecimiento, la familia Albornóz Peláez velaba a su hijo. Por razones de salubridad debido a descomposición del cuerpo, la urna estaba sellada, pero aún asi velaron a Gonzalo.



Familiares, amigos, colegas y hasta personas del ámbito político se encontraban dando el último adiós a uno de los abogados jóvenes más respetados del país.

Su hijo y su hermano se encontraban ahí, estaban juntos. También su exesposa.



Roberto, el hermano de Gonzalo se levantó para ir un momeno al baño, en el camino se cruza con hombre que se le queda mirando fíjamente a los ojos hasta que pierden la visual y sigue su camino al baño.

Estando en el urinario, el hombre de afuera entra y se coloca en el urinario de al lado. No tienen separación. Roberto lo mira a los ojos y baja la mirada a verle el pene que ya estaba erecto, el suyo también. Ambos se volvieron a mirar y se dieron un beso. Cada uno tomó el pene del otro y comenzaron a masturbarse, hasta que entró alguien y se separaron.

–Te espero afuera.–Le susurró el hombre a Roberto.



Roberto Albornóz Peláez, 35 años es el segundo hijo del matrimonio luego de 10 años, el consentido de la casa. Es director de Recursos Humanos de una empresa de cosméticos, vive solo en un apartamento, soltero, gay declarado ante su familia. Busca desesperadamente el amor, lleva años soltero. Hace unos días se enteró él y su familia que su hermano también era gay o al menos bisexual.



Salió del baño y se encontró con el hombre.

–¿Vamos a la cafetería? Te invito un café.

Llegaron y lograron sentarse en una mesita para dos.

–¿Cómo te llamas?

–Sebastián ¿y tú?

–Roberto.

–¿Estás acompañando a alguien o enterrando a un familiar?

–Lamentablemente enterrando a un familiar…a mi hermano.

–Que broma, cuanto lo siento. Yo estoy enterrando a mi hermana, murió ayer.

–Lo siento.

–Esto está lleno creo que es porque murió un abogado pesado y conocido un tal Albornóz ¿no?

–Sí…justamente es mi hermano–Sebastián se puso pálido y no habló–.

–¿Te encuentras bien?

–Sí, sí…bueno, no…mi hermana, me tiene aturdido todo.

–No es para menos.

–Mi hermana se suicidó el sábado.

–Cuanto lo siento…fíjate que loco todo esto… mi hermano es divorciado y tenía novia y no lo sabíamos. Justamente nos enteramos ayer que había fallecido, se suicidó. Nos enteramos por un amigo de mi hermano que nos contó…no soportó la pérdida.

Lo que sabemos de ella es su nombre, Laura.

Sebastián volvió a tensarse y volvió a ponerse pálido, estaba mareado.

–¿Te sientes bien? ¿Estás pálido quieres que tetraiga agua?

–Sí, por favor.

Mientras esperaba el agua se acercaba a la mesa una amiga de la familia de Sebastián, lo abrazó. Roberto regresaba.

–Es horrible lo de tu hermana Laura, suicidarse así por un hombre–Roberto se detuvo a centímetros de la mujer y esperó que se fuera.

–Sebastián, ¿tú eres hermano de Laura, la novia de mi hermano? Por Dios, este mundo es un pañuelo y vengo a conocerte así en esta circunstancias.

–Fíjate, sí por eso mi impresión al decirme tú el nombre de mi hermana.

–Wao, tienes que acercarte al salón donde velamos a mi hermano, tienes que conocer a mi mamá.

–No, que pena, que incómodo, no los conozco. Tampoco conocimos al novio de mi hermana, bueno a tu hermano.

–Tranquilo será un momento.

–Espera, déjame avisar que estoy allá.

–Ok, estoy en el salón 1

Sebastián comenzó a sudar frío y a ponerse nervioso. Volvió al baño a echarse agua en la cara y salió. En su salón sólo estaban amigos de su hermana y de él. Sus padres no llegarían al velorio, estaban en Chile.

Se fue al salón donde estaba Roberto y conoció a su madre y padre. Se abrazaron y les habló un poco de su hermana. Cada vez estaba más nervioso.



–¿Me puedes acompañar afuera a fumar?–Le dijo Sebastián–.

–Sí claro.

–Discúlpame, esta situación me tiene que no veo ni una.

–¿Perdón?

–Disculpa, digo que no puedo hacer nada, no me concentro ando despistado.

–Que locura esto, conocernos de esta manera y mira casi concuñados. Me gustaste Sebastián. Entre al baño para relajarme un poco y al verte de nuevo y a los ojos, no sé, me sentí bien, tranquilo. Me encantaría conversar contigo en otro sitio y en otra situación.

–“Tú también me gustas, pero no puedo verte a los ojos de nuevo, ni tener nada contigo, maté a tu hermano” Creo que el sentimiento es mutuo hubo un click allá adentro en ese baño…pero…

–¿Estás movido con todo esto?

–Sí.

–Tranquilo, anota mi número. Cuando te sientas bien y cómodo para salir me llamas. Yo ahora tengo que resolver varias cosas de mi hermano pero en cuanto me digas yo resuelvo y nos vemos.

–Anota el mio.

 Terminó de fumar el cigarrillo y Roberto iba al baño de nuevo.

–Te acompaño.

Entraron al baño y Sebastián tomó a Roberto y lo metió dentro de un cubículo, cerró la puerta y se bajeo los pantalones.

–Chúpalo.

Roberto se agachó y comenzó a hacerle el sexo oral. Sebastián le empujaba la cabeza hacia su pene para que se lo introdujera todo. Roberto se agarró de las caderas de Sebatián y no paraba, se tragaba todo el pene hasta que SebastiEan lo separó y se corrió, soltando el semen en el piso.

–Qué locura esto, estamos en una funeraria.

–Bueno esto pudo haber sido otro entierro pero solo fue una mamada y muy buena. Te prometo que te llamaré, quiero hacerte el amor.



Roberto salió del baño. Sebastián se sentó en la poceta y apoyando su cabeza en sus manos comenzó a llorar. Así estuvo unos minutos hasta que se durmió. Un par de horas después el sonido de su celular lo despertó.

Un mensaje de Roberto.



<No te vi más, estamos enterrando a mi hermano, espero verte pronto un beso y un abrazo>.

–Qué pesadilla esto.

<Gracias, yo voy a eso ahora, estamos en contacto>

Salió del baño y se fue directo al salón, ya tenía que estar enterrando a su hermana.

martes, 12 de noviembre de 2019

#serendipia Capítulo 2

–Inhala esto, despacio, por las dos fosas.

–¿Qué es?.

–Popper, te dilata y excita.

Gonzalo inhaló, despacio y poco, para acostumbrarse.

–¿Te hiciste bien el lavado? Hiciste lo que te dije?

–Sí, sí.  Empecemos estoy muy excitado.

–Calma esto es con paciencia, voy a meterte todo esto–le mostró el brazo marcando con su otra mano lo que iba a introducir; mitad del antebrazo–Pero ellos te van a coger también.

–Sí, me gusta eso, es mi primera vez pero quiero hacerlo.

Sebastián estaba acelerado pero Gonzalo no le hizo mucho caso, le extrañó pero siguió.



Mientras él se colocaba el guante de latex y se untaba la mano de grasa de cocina, Carlos se acercó a Gonzalo ya con el condón puesto, le echó bastante lubricante y comenzó a penetrarlo poco a poco. Jóvito recorría el columpio alrededor dándole suaves latigazos. Antonio penetraba a Carlos.

Una vez que lo penetró por completo, comenzó a moverse con fuerza. Gonzalo estaba muy excitado y dilatado, el hombre del látigo se detuvo y le dio más Popper.

Sebastían ya estaba listo, le pidió a su compañero que se retirara.



Comenzó con un dedo, iba moviéndolo internamente, luego introdujo otro y continuaba dando vueltas a ambos dedos. Gonzalo gemía y se retorcía lo que podía pues estaba encadenado. Jóvito le agarró la cabeza echándosela hacia atrás para introducirle su pene en la boca.



Ya llevaba cuatro dedos, mientras Gonzalo seguía con el sexo oral ahora con Carlos, Jóvito penetraba a Sebastián mientras este se disponía a introducir muy lentamente el puño.

–Empuja un poco más y te detienes.

–¿Para qué? No se ha quejado.

–El guante se puede romper con la grasa. Saca la mano y sigo yo. Yo me pongo ahora el guante.–Decía Antonio–.

Así hicieron, ahora Antonio se colocaba el guante y se ponía grasa. Sebastián penetraba a Gonzalo y Carlos le introducía el pene en la boca. Jóvito usaba el látigo con todos. Volvió a darle Popper.

–No le des más coño–Decía Sebastián–.

–Sí, dame más, quiero.

Antonio se disponía a seguir con el fisting. Volvió a comenzar con un dedo pero esta vez lo hizo más rápido hasta llegar al puño. Gonzalo se quejaba pero pedía que no pararan. Sebastián ahora estaba en la cara de Gonzalo.

Jóvito penetraba a Antonio que ya había introducido la mitad del puño. Carlos untaba más grasa en el ano y en la mano de Antonio.



La mano de Antonio estaba dentro de Gonzalo que estaba ido, sonreía mientras jugaba con el pene de Jóvito. Con la mano adentro iba poniendo los dedos juntos para seguir penetrando.

–Voy a sacar la mano Gonzalo, relaja. Ponte el guante ahora tú y sigue–Le dijo a Sebastián–.

Mientras hacían el cambio, Jóvito penetraba a Gonzalo que tenía el ano totalmente dilatado.

–Sácalo, que ahora voy a meterle todo esto.

En cada rotación iban tomando fotografías. Sebastián introdujo de una vez su mano y comenzó a empujar, ya pasaba de la muñeca. Gonzalo gemía mientras seguía con el sexo oral con los tres compañeros que iban rotándose. Sebastián ya no iba despacio, empujaba cada vez más su brazo hacia adentro. Unos minutos más tarde tenía la mitad de su antebrazo dentro de Gonzalo.

–Este hombre se pegó una volada, ya voy a llegar al codo y quiere más.

–Dale, mientras no se queje.

Sebastián llegó al codo y seguía empujando. Gonzalo comenzó a sacudise de manera extraña pero los demás no le hicieron caso, hasta que se tensó y mordió el pene de Jóvito que este lo sacó de inmediato de la boca. Sebastían sentió como su brazo lo apretaba el interior.



Gonzalo convulsionó y quedó quieto, no volvió a moverse. Sebastián retiró su brazo y no reaccionaba.

–Quítale las cadenas y lo bajamos.

Lo colocaron en el piso, le dieron unas cachetadas y le dieron primeros auxilios para reanimarlo. No pasó nada. No se movió. Gonzalo había muerto.

–Yo me voy de aquí, este peo no me lo calo.–Dijo Jóvito–.

–Aquí nadie se hace el leso, en esto estamos todos, vamos a relajarnos y pensar.

–Vamos a llamar a la policía.–Dijo Jóvito–.

–¡Cállate! ¿Se te pelaron los alambres? Esto lo resolvemos aquí.



Y comenzaron a resolver. Consiguieron varias bolsas de plástico y teipe plomo. Envolvieron el cuerpo sin quitarle el arnés. Eran las cuatro de la mañana y tenían que deshacerse del cuerpo antes del amanecer. Sebastián y Antonio se llevarían el cuerpo en el carro de Sebastían. Carlos dejaría el carro de Gonzalo en algún lugar abandonado, Jóvito lo seguiría en su carro para luego darle la cola a su casa.



Justo antes del amanecer Antonio y Sebastián abandonaban el cuerpo en los terrenos del antiguo simulador de vuelos de la empresa estatal de aviación. Dejaron el cuerpo al lado de unos escombros. Se montaron en el carro y se fueron.



Carlos llegó a un descampado abandonado en una zona lejana del oeste de la ciudad, le temblaba el cuerpo. Estacionó el carro, revisó la guantera buscando algún documento del carro pero no había nada, solo un par de billetes de 100 que cogió y se los metió en el bolsillo. Cerró la puerta y se llevó las llaves.

Jóvito lo llevó a su casa. Antes de llegar lanzó las llaves al rio Guaire.



Antonio se fue a Colombia el lunes a primera hora, Carlos recién comenzaba vacaciones y se fue a Cumaná. Jóvito se escondió en casa de un amigo en un barrio por varias semanas.

Sebastián llegaría a su oficina el lunes como cualquier otro día



El cadáver se había deslizado por una pequeña colina, al llegar al suelo se rasgó la bolsa y salió un brazo, en el dedo de esa mano había un anillo.

Dentro del carro de Gonzalo se quedó la cámara y el bolso de Carlos.

lunes, 11 de noviembre de 2019

#serendipia ESTRENO. Capítulo 1

El día se presentaba estresante; documentos que leer, visita a los tribunales, presentación de testigos, reunión con los fiscales, firmas. Gonzalo Albornóz Peláez, abogado, de los buenos, 45 años, divorciado con un hijo de 15 años rebelde y hasta mala conducta. Actualmente sale con una mujer mucho menor que él. Llevan un mes de relación, tenía toda la semana esperando que fuera viernes. Ya era viernes.

No tanto por llegar el fin de semana sino por lo que tenía planificado hacer desde hace varias semanas y hoy era el día, más bien la noche.

Gonzalo es una persona reservada y seria. Es de poco salir, siempre del trabajo a su casa, que normalmente el trabajo lo termina después de las nueve de la noche.

Pero su vida comienza una vez que llega a casa y enciende su computadora. Videos, chats, redes sociales, cámara, lo necesario para encuentros con hombres; verse desnudos entre ellos, masturbación mutua, sexo telefónico.

Era el único contacto sexual que ha tenido con otros hombres, el virtual, se puede decir que es virgen en ese terreno, sólo ha estado con mujeres.

Hace unas semanas conoció a una persona que lo introdujo en el mundo BDSM, un término para abarcar un grupo de prácticas y fantasías eróticas. Unas siglas formadas con las iniciales de las palabras: Bondage, disciplina y dominación, sumisión y sadismo y masoquismo. Todos los días le enviaba información de esas prácticas sexuales.

Sebastián Muñoz, chileno, ingeniero, 36 años, soltero, gay, trabaja en una Trasnacional de productos de higiene personal, lo trasladaron de Chile a Venezuela por cuatro años, lleva ocho meses en el país. Tiene tres amigos con los que comparte su pasión por el BDSM. Tienen un apartamento alquilado entre los cuatro donde hacen las prácticas con clientes a los que les cobran para dejarse hacer y hacer lo que quieran. Gonzalo Albornóz será uno de esos clientes la noche de este viernes.

Gonzalo estaba en su oficina terminando de firmar una pila grande de documentos, mientras lo hacía pensaba en todo lo que ocurriría esa noche. Iba a ser la primera vez que estaría con un hombre, en este caso con cuatro hombres. De sólo pensarlo se erectaba y mojaba sus interiores, el corazón le palpitaba a toda velocidad, las manos le sudaban y se le secaba la boca.

Eran las nueve de la noche y Llamó a su novia para decirle que esa noche no podían verse pues tenía mucho trabajo y se quedaría a dormir en la oficina. Su hijo lo había llamado varias veces para pedirle dinero, hasta que por fin accedió y le mandó dinero con el motorizado, vería a su hijo el domingo para pasar el día con él. Su exmujer lo tenía atormentado con la pensión alimenticia para que se la aumentara y para que le diera un dinero extra para ropa de su hijo. El único momento en que sus erecciones no funcionaban: hablar con su ex.

Colgó la llamada y terminó de firmar los documentos. Estaba muy nervioso, se tomó un par de pastillas de valerianas y entró al baño. Se desabrochó el cinturón, se bajó el cierre y dejó caer el pantalón. Su pene estaba totalmente erecto, rígido, muy duro. Tenía que masturbarse si quería durar más y así lo hizo. Unas escasas sacudidas fueron suficientes para correrse en segundos. Se descargó en el urinario. Tuvo que apoyarse un instante en la pared, se había mareado.

Se incorporó, se lavó el pene y sus manos y volvió a subirse el pantalón. Salió del baño, se quitó la corbata, agarró su maletín, apagó las luces y se fue de la oficina.

Se fue al sótano y buscó el carro. Al montarse le escribió Sebastián.

<<Voy saliendo para allá>>

Eran las 10 de la noche. Su cita era en un ciudad dormitorio a 30 minutos de Caracas.

Al llegar a la autopista se pararía en la primera estación de servicio para echar gasolina y comprarse una bebida energizante. Seguía ansioso y las manos le sudaban. Detuvo el carro en la tienda de conveniencia y se fue directo al baño. Necesitaba masturbarse de nuevo, el pene le dolía de tanto mantener la erección. No había nadie pero entró en la poceta, se sacó el pene por el cierre del pantalón y volvió a hacerlo, no hubo chance de limpiarse, se acomodó y entró a la tienda.

Cogió dos latas de la bebida energizante y una la ta de maní. Abrió una de las latas y se la bebió de un golpe. Llegó a la caja, pago y se fue.

Cuando se montó en el carro iba pensando en Sebastián y cayó en cuenta en ese momento que lo iba a conocer en persona por primera vez y a los otros tres solo los había visto en fotos. Eso lo puso más nervioso de lo que estaba. Sonó su celular.



<¿Ya estás cerca?>

<Sí, sí, entrando a la urbanización>

<Recuerda, el edificio es el H1, te estacionas al lado del carro amarillo>

<Ok>

Colgó la llamada y se metió el celular en el bolsillo del pantalón, pero se deslizó y cayó en el suelo del carro.

Llegó al apartamento. Tocó el timbre y le abrió Sebastían.

–Buenas noches y bienvenido.

–Gracias. Buenas noches

Entró. El apartamento era pequeño pero cómodo, todo estaba en un solo ambiente, hasta el baño, era abierto. El apartamento tiene dos habitaciones que unieron para hacer el cuarto sado. Gonzalo detallaba cada cosa en el apartamento.

–Te presento a Carlos, Antonio y Jóvito, los cuatro estaremos contigo.

–Mucho gusto, encantado.

–¿Quieres tomar algo mientras os relajamos y preparamos? Hay whisky, vodka, ron, anís. También tenemos unas pastillitas, coca, marihuana.

–No, no, tranquilo tráeme un vodka con soda.

Sebastián trajo las bebidas, los otros tres se habían ido a cambiar.

–¿Trajiste el dinero?

–Claro, toma, aquí está cuéntalo.

–Tranquilo, ya habrá tiempo. Quítate la ropa y ve a esa puerta ahí te van a decir que hacer. Yo entro ahora.



Un cuarto negro, sólo iluminado por tres bombillos a baja intensidad, un columpio de cuero en el medio de la habitación.

Los tres hombres tenía una máscara de cuero que cubría su cabeza y rostro sólo se veían sus ojos y boca, unos arneses gruesos de cuero  que cruzaban su pecho y espalda y unos interiores de cuero que dejaban al descubierto los glúteos y sus penes erectos.

–Ponte esto.–Le dieron un arnés para él–.

Lo ayudaron a montarse en el columpio.  Quedó semi sentado, le tomaron las piernas y se las anclaron con unas cadenas hacia los lados. Su culo quedó a la vista. Le colocaron un ball-gag, una mordaza de bola de plástico que le ajustaron en la boca con una correa de cuero que abrocharon por detrás de su cabeza.



Entró Sebastián vestido como el resto de sus compañeros pero traía un látigo de cuero.


–Esta noche tendrás el mejor sexo de tu vida, vas a poder morir tranquilo cuando terminemos contigo. Te va a gustar maricón–Comenzó a darle suaves latigazos por todo el cuerpo, incluyendo su pene.  La diversión apenas comenzaba para todos.  

sábado, 12 de octubre de 2019

GRAN CAPÍTULO FINAL #malasinfluencias

La vida está llena de fracasos y aciertos.



2 padrinos de lujo para el bautizo de mi hija. Humberto y Abel y como madrinas, mi mamá y Yesenia, si, ella, ha sido una bendición encontrarla, ama a Rebeca y es incondicional.

Caín no pudo venir pero prometió estar en el cumpleaños de mi hija. Fue un bautizo sencillo y con los más íntimos, incluido Ernesto.



Jack era el mejor segundo padre que pude encontrar para mi hija y el mejor novio. Luego de 6 meses de terapia llegó el momento de darme de alta, mi psiquiatra hizo un buen trabajo, fue duro pero valió la pena.



El primer año de Rebeca lo celebró rodeada de mis grandes afectos; mi madre, Humberto y los gemelos, Ernesto y mi cura preferido Carlos, que no bautizo a mi hija pero quiso acompañarnos. Jack había organizado todo lo del cumpleaños. Rebeca estaba feliz y, como ya caminaba era un peligro andante por toda la casa pero lo pasó bien con sus amiguitos del edificio que eran 4.



Jack se dedicó a hablar lejos de mi, con cada uno de los invitados, algo se traía entre manos, con cada uno que habló les entregó un sobre, traté de averiguar pero nadie me dijo nada, ni siquiera Abel.



Cuando me tuve que ir a Valencia por una semana para mis asesorías, Yesenia se quedó con Rebeca pues Jack trabajaba todo el día. Regresé el sábado temprano en la mañana, abro la puerta y me consigo unas maletas en la entrada del apartamento. Sobre una de las maletas había un sobre que decía “Ábrelo”. Por supuesto lo abrí.



“Hola mi amor, bienvenido a casa. Estas maletas que ves junto a la puerta son nuestras pertenencias pues nos espera Los Roques y los invitados. En un rato salimos para allá porque nos casamos. Te amo”



Levanto la mirada y veo a Jack con mi hija en brazos. Se me hizo un nudo en la garganta, besé a mi hija y luego a Jack.

–¿Aceptas?

–Acepto mi amor. -Nos fuimos al aeropuerto.

Al llegar, todavía faltaba ir a un cayo, Cayo Pirata.

–Ya vamos a llegar tranquilo



Llegamos al cayo lo lejos veía un altar, mucha tela blanca volando al viento, flores blancas y sillas. Era de suponer que todos irían de blanco pero no, estaban en traje de baño.

Humberto, los gemelos, Ernesto, mi madre y su esposo, mis compañeros del porno y un invitado de honor, Tomás que le concedieron un permiso especial para estar en mi boda. Estaba con mejor semblante, aunque más tranquilo y pausado ya se parecía al Tomás que estudió conmigo.



El cura. No podía ser otro que Carlos. Mi madre me llevó al altar.



“Hoy, por primera vez desde que soy cura, voy a oficiar mi primera boda gay, aunque simbólica, frente a los ojos de Dios sellaremos esta unión de estos dos hombres que han pasado por millones de pruebas y experiencias, buenas y malas pero hoy aquí comenzará una nueva vida para ellos, ya viven juntos pero después de esta ceremonia estarán bendecidos por Dios. Comencemos”.



Luego del puede besar al novio, nos pusimos el traje de baño y todos entramos al agua hasta Rebeca. Los mesoneros hicieron el llamado a los invitados para disfrutar de la comida que por supuesto eran frutos del mar pero el plato principal era langosta, mucha langosta.



Jack y yo nos quedamos solos en el agua mientras la gente se sentaba a comer.



–Hola esposo. ¿te gustó la sorpresa?

–Hola esposo. Me encantó. Gracias por toda esta belleza de ceremonia. Nunca imaginé que estaría casándome con alguien, bueno, no me imaginaba con novio nunca y mírame, llegaste a mi vida y me la volteaste.

–Pero para bien.

–Quería preguntarte algo amor, no sé si es el momento, pero quiero aprovechar la tranquilidad del mar y que estamos solos. ¿No te pesa toda esa gente que has despachado durante toda tu vida?

–Pesó, pero ya no, al comienzo vivía con pesadillas, pero cada vez que veía el dinero que me pagaban por eso, sopesaba todo, lo bueno que puedo sacar de eso es que era gente mala, aunque para la que trabajaba también. Yo también fui a terapia. Pero eso forma parte de mi pasado, ahora mi presente y futuro eres tú y Rebeca.

–Soy el hombre más feliz del mundo, tengo una familia, unos buenos amigos y buen trabajo. Tu pasado nunca me molestó, yo tampoco soy un santo, hice desastres, así que dejemos los prejuicios a un lado y vivamos. -Nos besamos.



–Tenemos nuestro plato asegurado y estamos apartados de los invitados y aquí no hay nadie, ¿quieres hacer el amor aquí como en los viejos tiempos?

Nos quitamos el traje de baño y lo lanzamos a la orilla, me abracé a Jack por el cuello y crucé mis piernas por su espalda, agarró su guebo y buscó mi culo, poco a poco fue metiéndolo. Cuando ya me tenía penetrado, llegó a la orilla uno de los mesoneros que se quedó ahí parado hasta que volteé.



–Disculpen señores, su comida está servida.

–Te puedes retirar, mi esposo y yo estamos en un momento íntimo si no te has dado cuenta. -Le dijo Jack, el mesonero se encogió de hombros y se dio media vuelta.



–Gente impertinente. –Jack me dio un beso y nos hundimos en el agua. Salimos a la superficie y me sacó del agua, aún cargado y penetrado, nos acostamos en la arena, comenzó a moverse y acabó dentro de mi.



Nos reímos y volvimos al agua a quitarnos la arena y ponernos los trajes de baño. –Ahora sí, a comer.





Los años pasaron, nuestro matrimonio estaba mejor que nunca, Tomás comenzó a trabajar conmigo en las asesorías y también dando clases, su salud había mejorado notablemente y estaba saliendo con alguien también seropositivo. Caín se radicó en Estados Unidos en un buen trabajo, Humberto se quedaba 6 meses con él y 6 meses con Abel, que también trabajaba pero en Venezuela.



La gente me reconocía todavía por las dos películas que había hecho, Ernesto llevaba 4, haría 2 más y se retiraba de la industria del porno nacional y probar suerte en Europa, además tiene una página web donde vende artículos sexuales y da recomendaciones de sitios, tips sexuales y demás cosas que se le ocurriera.  Mi sociedad con Juan Carlos y la revista va muy bien, ya sacamos otra revista y estamos en las redes y tenemos ambas revistas en digital. Manejamos personal dando empleo a varias personas.



Y así pasaron los años…



Hoy a mis 55 años puedo decir que no me arrepiento de lo que he hecho en esta vida, disfruté, lloré, me arreché y hasta sentí miedo pero valió la pena pues conocí al hombre más maravilloso que pude tener. Hoy no está conmigo, hace 5 años me dejó, No se fue con otro ni estaba enfermo. Su pasado volvió y me lo arrebató, así como vivió, murió. Lo encontraron y en una emboscada de sus antiguos jefes, lo asesinaron. Murió a los 54 años. Las mafias no perdonan  así pasen los años.



Abel vive ahora conmigo, no somos novios pero tenemos sexo cuando se nos antoja, compartimos paseos, películas, cenas y hasta hombres, aunque ya no me llena como antes, desde que se fue Jack no quiero saber de hombres.

Tomás, Juan Carlos y yo montamos desde hace unos años una empresa que maneja todos nuestros negocios, las asesorías, las  clases particulares  de inglés y química, las revistas, las  redes sociales, ventas online de productos de belleza hecho por nosotros.

Caín se casó con un gringo, ahora viven en San Francisco, tienen un bebé. De vez en cuando vienen a Caracas.



Rebeca, mi hermosa Rebeca me ayudó por años en mi empresa desde jovencita, sin descuidar sus estudios, desde hace un año vive en Nueva York, quiere ser diseñadora de modas y en eso se está enfocando, desde aquí la ayudo. Yesenia vive con ella.

A Rebeca fue la que más le dolió la partida de Jack, la conexión que tenían era muy fuerte, nunca supo el verdadero motivo de su muerte ni que alguna vez fue sicario. Quiero que su recuerdo no lo empañe nada.



Mi madre murió hace 3 años de cáncer de hígado, fue fulminante, no aguantó para el trasplante que se retrasó. Humberto también murió a causa de sus problemas cardíacos.

 Yo, bueno, gracias a Dios sólo me ataca la tensión de resto estoy bien y voy al gimnasio cuando el trabajo me deja.



Una vida como una montaña rusa, sexo, el que quise, sustos que nunca pensé tener, situaciones inverosímiles, muertes que aún arrastro y un eterno amor que no olvidaré jamás, 17 años de pura felicidad con Jacobo pero hasta el día que murió le dije y le sigo diciendo Jack cada vez que me acuesto en mi cama y veo su enorme fotografía en mi cuarto.



Anoche fue muy especial, me acosté tarde resolviendo unos asuntos de la página web, cuando cierro la laptop, el cuarto sólo se iluminaba con la lámpara del escritorio. En el televisor se reflejaba la foto de Jack y me le quedé viendo por un rato. Una brisa fría entró en el cuarto, giré la cabeza a mi derecha y ahí estaban Jack, su madre, David, Humberto y mi mamá. Sonreían. No se despedían de mi, sólo me daban las buenas noches. De mi ojo derecho salía una lágrima que recorrió mi mejilla y se quedó en el mentón, la limpié con el dorso de mi mano.



Sabía que esa noche no aparecerían mis pesadillas recurrentes, las personas que amaba estaban ahí conmigo transmitiéndome sus buenas influencias.

viernes, 11 de octubre de 2019

#malasinfluencias PENÚLTIMO CAPÍTULO

El Karma.



–Fue culpa mía lo que le pasó a papá. –Habló Caín entre llantos con su cabeza apoyada en sus manos.

–No digas eso, estábamos borrachos, y bueno cometimos el error de tener sexo los 4 y tu papá ya había sufrido un infarto, no te culpes.

–Caín llevó a un amigo que consume y vende droga. Nosotros nos metimos una raya de coca y el carajo le ofreció a mi papá y como estaba con un amigo le dijo para recordar viejos tiempos. –Comentó Abel que estaba serio.

–¿Ustedes y Humberto estaban drogados? Ya me parecía que por más borrachos que estuvieran no podían haber tirado así sin problema, Dios. Carajitos ¿qué coño hicieron?. “Y que hice yo, que tiré con los 3 y estoy con Jack y prometí comportarme”. Ahí viene el doctor, que nos explique que pasó.



–Hola muchachos, su padre sufrió una hipotermia a causa de la mezcla de droga y alcohol, cayó inconsciente y su corazón comenzó a bombear muy despacio y debido a eso sucedió lo que ya saben.

–¿Pero va estar bien? ¿Se va a recuperar?

–Está estable pero delicado, no se va a morir, tuvo suerte que no pasó  mucho tiempo entre que lo que le pasó y la llamada al 911, unas horas más y hubiese sido fatal. Está de más decirle que su padre no puede beber alcohol, ni fumar y ni mucho menos consumir drogas.



Abel y Caín comenzaron a llorar. –¿Podemos verlo?

–No, Mañana, ahora está en terapia intensiva, como evolucione hoy, mañana lo pasamos a una habitación.



Dejé a los gemelos en su casa con la promesa de buscarlos más tarde para que vieran a Rebeca, tenía que llegar a casa para relevar a Jack que se quedó con mi hija desde anoche y sólo he hablado con el por mensaje y teléfono.



Me detuve en una estación de servicio para echar gasolina y que le revisaran el aceite al carro. De repente se me pega de la ventana un pordiosero pidiendo plata, saco unas monedas y bajo la ventana para dárselas.

–Mi pana, no tienes más fuerza, tengo hambre y necesito piedra, anda dame 100 bolos.

–No tengo viejo.

–Te mamo el guebo, pero dame más plata porfa, te lo mamo. –Lo vi a los ojos.

–Móntate en el carro. –Se montó y salí de la bomba para estacionarme.

–¿Te lo mamo aquí? ¿Ah? ¿Si? Dame los 100 bolos y te lo mamo dale.

Me saqué el guebo y comencé a llorar. –Tomás detente por favor, no sigas.

Tomás se detuvo, se levantó y me vio a los ojos y se puso a llorar también y me abrazó. Estaba demacrado, muy flaco, con la barba larga y la piel bronceada, cargaba una pestilencia espantosa pero no me importó que me abrazara.

–AYUDAMEEE POR FAVOR, AYUDAME FRANÇOIS, SÁCAME DE AQUÍ, CÓMPRAME PIEDRA TENGO HAMBRE QUIERO PIEDRA, AYUDAME.



Recliné el asiento y lo recosté, se quedó dormido. No podía manejar, ver a mi amigo en esas condiciones me derrumbó, se me agolpaban en la mente lo que habíamos hecho en la madrugada los gemelos, Humberto y yo, todo el sexo que había tenido, las muertes que tenía a mis espaldas, el engaño a Jack y ahora esto, en parte por mi culpa de dejarlo solo.



Antes de llegar al apartamento, le avisé a Yesenia que viniera y le dije a Jack que traía a Tomás, que me preparara la ducha para bañarlo.

Jack me recibió y quedó sorprendido de ver a Tomás en esas condiciones. Cuando lo desnudamos le vimos cicatrices en todo el cuerpo, en los brazos pinchazos, se le marcaban los huesos de las caderas y las clavículas.

Lo sentamos en una silla de metal y lo bañamos sentado, casi no se podía sostener. La ropa se la botamos y le di un pantalón y una franela junto con ropa interior y zapatos.

Jack se encargó de vestirlo, yo fui a darle de comer a Rebeca para acostarla. Jack acostó a Tomás luego de comer algo, le dio unas pastillas para dormir y le quitara la ansiedad por droga.



–Tengo amigos que pueden trasladarlo a Cuba y lo desintoxiquen y lo ayuden con lo del VIH, yo lo veo muy mal. -Me dijo Jack que me miraba con cara de saber algo más. –Quiero que me expliques lo de Humberto y porque ayer no respondiste mis llamadas ni mensajes.



Le expliqué lo que le había pasado a Humberto y luego el porqué le pasó. Jack me miraba y apretaba los puños, una vena de la sien le latía, estaba brotada.

–Discúlpame Jack, estaba borracho y los gemelos peor que yo y se pusieron fáciles y bueno…pasó, sé que no tengo justificación pero pasó y me siento mal, muy mal.



Jack no abrió la boca, sólo me miraba, se dio la vuelta y se fue a la cocina, escuche varios golpes en la pared, luego lo escuche buscando algo como un vaso, buscó hielo y se sirvió algo, salió de la cocina con una botella de whisky en la mano y el vaso lleno, me volvió a ver y se bebió todo lo del vaso.



–Mañana vamos a resolver lo de tu amigo y luego vamos a resolver lo tuyo. Necesitas ayuda François, lo tuyo es enfermizo, patológico, tienes que salir de ese espiral de sexo. Si vas a estar conmigo y yo contigo  debemos respetarnos. Una cosa es que en algún momento te tires a alguien así de repente, pero otra cosa es que lo hagas a diario con cualquiera y donde sea. Basta François, basta.



Luego de escucharlo acepte que necesitaba ayuda e iba hacer lo que tenía que hacer. Le dije que necesitaba de su apoyo.

–Y lo tienes, lo sabes, estoy aquí contigo, quiero que salgas de eso y seamos felices y plenos.

Nos abrazamos y yo no puede contener el llanto, nos quedamos abrazados un buen rato hasta que mi niña Rebeca demandó nuestra presencia. Fui a buscar a los gemelos y pasamos la tarde/noche juntos.



Al día siguiente muy temprano, Jack ya estaba despierto llamando a sus contactos, movió a un gentío para que mañana Tomás viajara con sus padres a Cuba.



Una semana después Humberto salía de la clínica, Tomás estaba en los peores días del tratamiento pero estaba en Cuba bien atendido, sus padres estaban de vuelta, sólo pudieron quedar 24 horas con él.



Yo tenía mi segunda cita con mi psiquiatra, Jack me acompañaba pero entraba yo solo.

Me perdí el lanzamiento de mi nueva película porno, era parte de mi tratamiento, cortar con todo vínculo sexual, incluso con Jack.

Una semana después Caín regresaba a Estados Unidos y Abel de nuevo solo con su padre pero estudiando también.



Semanas duras para todos, pero me reconfortaba que a mi lado seguía Jack a pesar de todo.