jueves, 4 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. El túnel del metro


Tomás se reunió con Alberto para enfrentarlo. Que le dijera en su cara porqué le mintió si es que sabía que tenía vih.



–Lo sé desde unas semanas antes de conocerte. -Le dijo, Tomás se puso a llorar pidiéndole explicaciones, porqué lo ocultó, porqué no se protegieron –aquí Tomás asumió su cuota de culpa­– Alberto le dijo que no dijo nada porque no quería ser rechazado y  no usó el condón pues –No te puedo dar una  respuesta razonable -Sólo dijo eso.



La otra pregunta fue lo de acostarse conmigo y que ahí si usó condón.  Ahora era Alberto quien lloraba, pidió mil disculpas y se ofreció en pagarle los gastos de los exámenes y consultas médicas, por lo menos en esta primera oportunidad, Tomás aceptó, pero más por un asunto de solidaridad por parte de Alberto, que lo veía arrepentido, que por algún tipo de cobro por haberle hecho eso.



–¿Vamos a seguir viéndonos? ¿Seguir como novios?

–No…ahora no puedo Alberto y creo que esto se termina aquí y no hay vuelta atrás, por lo menos ahora, esta situación me trastocó todo. Y encima me montaste cachos con mi amigo..

–Pero a ti te gusta François, ese tipo también le gustas, tiró conmigo para alejarnos. Él no es un santo.

–No, no lo es, pero pensé que tú podrías haber dicho que no y no dejarte llevar por un momento de pasión.

–Podemos seguir siendo amigos.

–Podemos, pero en este momento no quiero saber de ti ni de nadie.

–Yo también lo pasé mal cuando me enteré que tenía vih. Fue mi mejor amigo.

–Vaya, ¿y qué, ¿te estás vengando con el resto del planeta por lo que te hizo tu amigo?.

–Eso fue muy duro Tomás.

–Soy un imbécil, la culpa es mía por confiar en la gente. Que te vaya bien en la vida Alberto y no me llames ni me escribas.



Algo así más o menos fue el encuentro de este par –lo que me contó Tomás, no sé si hubo más cosas–.



Al día siguiente tempranito acompañé a Tomás a hacerse los exámenes que le había dicho el doctor Henríquez –Tenía unas ganas de cogerme a ese tipo– así que, por solidaridad me fui sin desayunar para luego invitarlo a hacerlo juntos.



–Alberto me depositó el dinero, pero quería usar la tarjeta de crédito, no pregunté si aceptan.

–Deja que yo pregunto en caja, mosca si te llaman. –Me fui por el pasillo y luego crucé a la derecha, le pregunté al hombre y me dijo que sí, cuando ya me iba a regresar, apareció Henríquez.

–Epa François ¿cómo estás?

–Hola Doctor, todo bien estoy allá afuera con Tomás.

–¿Por lo de los exámenes? Ahora lo hago pasar para que le saquen la muestra primero. Ven acompáname a mi consultorio.

–¿Aquí también consulta?

–Sí. –Le dijo a la secretaria que yo era visitador médico que cuando saliera yo que entrara el siguiente paciente.

–Tenemos 15 minutos, suficiente para que me cojas. –Se bajó el pantalón y se subió la bata apoyando su pecho en la mesa y mirando por la ventana que era de pared a piso y a mitad de ventana había un muro de plantas y un pasillo pegado  a la fachada. Me pasó un gel que tenía ahí y yo saqué –como siempre– un condón del bolsillo del pantalón.



Çuando le metí la mano entre las nalgas para echarle gel, el hueco del culo lo tenía abierto, me entraba el dedo fácilmente, fue extraño, el culo estaba flojito. Al acercar mi guevo y empujar, entró  completo de una vez, yo me quedé asombrado. –Ya tú vienes dilatadito doctor. –Le dije, sólo contestó –dame duro­ -Y eso hice.

Sentía que había metido el guevo en una cañería, no estaba apretado, se sentía húmedo y cálido pero no había presión, Cuando se lo metía completó gemía y no se por qué, sería por lo largo de mi guevo, porque por ahí cabía un brazo sin hacer mucho esfuerzo. El agachó la cabeza y yo me quedé viendo como entraba mi verga en esa boca de payaso. Cuando levanto la mirada, había un niño como de 7 u 8 años pegado al vidrio de la ventana intentando ver hacia adentro, No sé por qué pero me dio morbo verlo ahí.

–¿Por la ventana se ve para adentro?

–Solo si te te pegas al vidrio.

–Ah bueno, afuera hay un carajito viéndonos.

–El doctor levantó la cabeza, se levantó y se volteó. –Quítate el condón para mamartelo y me acabas en la boca.

El hombre se fajó durísimo metiéndose ese guevo completo en la boca y moviéndose rápido.

–Ahí viene, ahí viene, –El carajito seguía ahí pegado como un corroncho en la pecera.

Me vacié en su boca y se tragó todo aquello, cuando lo saqué todavía salía leche de mi guevo.

 Nos acomodamos y me dijo que me esperara hasta que entrara la paciente y ahí me despedía de él.

–Buenas doctor, ¿cómo le va? –Era una mujer.

–Buenos días. Siéntese.

–Doctor, tiene algo en la mejilla, ahí en la izquierda

–¿Ah? ¿algo?

–Si, si, es como crema.

Era  de mi crema que se bebió.

–Deje que yo se la quito , tengo toallitas.

–Bueno doctor me voy que tengo que hacer más visitas. Esa crema es buena para la piel, úsela y me avisa.

-¿Ay que crema es? –La mujer olió la toallita, ccerró los ojos y la botó en la papelera. Yo salí a toda velocidad.



–Coño, ¿dónde te metiste? Ya pagué, si aceptan de crédito.

–Ah que bien, estaba con el doctor Henríquez que tiene consulta aquí y te va a pasar antes –se lo dije al oído. –Deja que le escriba que estaba con una paciente.

–Tienes la cara roja y andas agitado. Verga no me digas que te tiraste a alguien allá adentro. -Me le quedé viendo a los ojos.

–¡Que bolas te tiraste a mi doctor! -Me lo dijo en voz baja.

–Shhhhh cállate, sí pues, cuando estaba hospitalizado me visitó tempranito y el tipo tiene unas manos pa masturbar uuf me hizo acabar pero bueno, no sabes.

–Definitivamente tú estás enfermo. Y a mi es que me pasa esto, que bien.

–Ya, no empieces Tomás.

Apareció el doctor y llamó a Tomás y lo llevó a uno de los cubículos, le sacaron la sangre, nos despedimos del doctor y nos fuimos.



Salimos del laboratorio.

–Valió la pena la cogida que le eché, te  ahorraste 10 personas en espera.

–Mira François, sigues siendo una puta, así me hagas la segunda.

–¿Pero que vas a hablar tú? que te tiraste a los gemelos el día que los conociste, ni yo hice eso, no te me pongas digno.

Cuando retomamos la caminata hacia el carro se atraviesa un niño, el niño de la ventana.

–Te vi por la ventana, estabas haciendo algo con el médico de mi mamá, yo te vi.

Aparté de un empujón al niño y seguimos,.

–¿Ese carajito te vio tirando con Henríquez?

–Sí, por esa ventana. –Volteamos y se la mostré a Tomás. – El muy ocioso se quedó pegado al vidrio hasta que le acabé en la boca, que por cierto, así habré acabado que le dejé un lechazo en el cachete y se lo limpió UNA PACIENTE que vergüenza.

–¿Será que todos los gays son como tú?

–Bueno, no como yo, pero todo gay tiene una puta enclosetada a punto de salir.



Lo invité a desayunar al hotel Tamanaco.

miércoles, 3 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS 4. Embarques, momentos y reencuentros.


El doctor retiró la sábana, sacó de su bata el gel para ecografía y derramó una cantidad considerable en mi guevo. Comenzó a masturbarme.
–Cuéntame tu vas pendiente de tópicos o haces de todo en la cama -Me estaba pajeando a una velocidad que estaba a punto de venirme.

–Hago de todo. -Me estaba estremeciendo y el frío del cuarto no ayudaba.

–Que bueno escuchar eso. Porque yo me quiero meter esto, pero también te quiero coger y hacerte otras cosas. –El tipo se dio cuenta que ya estaba a punto de venirme y se detuvo. 2 chorros salieron en linea recta y cayeron en su mano y dedos, las siguientes salpicadas en la sábana.

Retiró su mano y se la lamió. –No soy un loco, vi tus exámenes y estás negativo en todo. La tienes dulce. –Me limpió con unas toallas húmedas que también cargaba y me volvió a poner la sábana encima.

–¿Ya? ¿eso es todo?

–Si, estás convaleciente. No puedes agitarte mucho, toma mi tarjeta, están mis números me escribes al WhatsApp y te mando la dirección de mi casa para que me visites, vivo solo. Lindo el escapulario.

Se fue y yo miré mi pecho y efectivamente tenía un escapulario pero no sabía quien me lo puso. Venía con una tira delgada de cuero marrón y el escapulario también de cuero con la estampita de la virgen de Coromoto. Me imaginé en ese momento que había sido Humberto.



Un par de horas después desayuné y al rato llegó Humberto, había dejado todo listo para llevarme a casa, ya me podía ir.

–¿Tú me pusiste este escapulario?

–Eeeh no, te va a sorprender quien te lo puso.

–¿Caín?

–No chico, jajajaja

Bueno él no es tan dado a hacer cosas como estas como su hermano que a lo mejor eso es lo que me iba a sorprender.

–Fue Jack. -En ese momento sentí que la sangre se me congeló en las venas y estuve unos segundos sin modular palabra.

–¿Cómo sabes que fue él?

–Bueno, me lo imagino, Abel fue el que lo vio, un tipo alto, fuerte vestido de negro y llegó en una moto inmensa, tenía un casco puesto, preguntó por ti y entró, al verte, se acercó y te dio un beso en la frente y te puso esto en el cuello, eso lo vio Abel, que le dijo que hacía ahí y el hombre lo apuntó con un arma y salió disparado del cubículo.



No podía creer lo que estaba escuchando, tuve a Jack tan cerca y no lo supe. Cuando llegamos a casa de Humberto le escribí.



–<¿Tú me pusiste el escapulario?>

–<Hola, que bueno que ya estás en casa, sí, te lo puse, ahora es tuyo. Cuídalo que viene de generación en generación>.

–<¿Por qué te fuiste? Te hubieses quedado, quiero conocerte.>

–<No es el momento de conocernos>

–<¿Te puedo llamar?, quiero escuchar tu voz>

–<No tienes mi número, además aún no es el momento>

–<Contigo nunca es el momento. Quiero saber de ti, qué haces, tienes familia, hermanos>

–< Yo solo tengo a Dios que me protege y a mi Virgen y a través de ellos te protejo a ti>

–<¿Por qué me proteges? No soy un narco, ni un matón, ni nadie importante.

–<Para alguien si eres importante. Te protejo porque me da la gana de hacerlo. No te acerques de nuevo a las drogas, la próxima vez tomaré yo cartas en el asunto>

–<¿Eres gay?>

–<Jajajaja cuidate François, no te separes de los gemelos>.



No escribió más. Pero algo me decía que también era gay. Nunca había conocido a un sicario, ahora conozco a 2 y ambos gais, bueno, hay uno bajo sospecha.



Al día siguiente llevé a los gemelos al odontólogo, los esperé hasta que salieron y los llevé a su casa, les dije que tenía que hacer unas diligencias pero luego regresaría a su casa. Las ganas de beber  me estaban matando, necesitaba alcohol. La cocaína no la quise ver más nunca en la vida, el susto fue grande y no me quedaron más ganas de seguir metiéndome eso.



Me estaba orinando y entré a un restautrante, aprovecharía para tomarme una cerveza o un whisky, algo que tuviera bastantes grados. Entro y busco una mesa para pedir una cerveza e ir al baño. Cuando me paro de la mesa y camino escasos metros ¡Oh sorpresa! Frente a mi Luis Soto el técnico de los aires acondicionados y lo acompaña una bella mujer, Laura, ¿se acuerdan de Laura? Mi contraparte en la Universidad. Cuando los veo juntos me acuerdo cuando Ernesto me dijo que estaba saliendo con un tipo mayor que ella.



–Epa Luis  ¿cómo estás?

–Coño chamín bien y tú? Mira te presento a

–Laura, si yo la conozco, ella…-Laura me peló los ojos discretamente- Estudió conmigo en la Universidad, ¿cómo estás?

–Bien François ¿y tú?

–¿Son novios?

–Si, ya tenemos varias semanas saliendo  -Me dijo Soto. –Siéntate con nosotros.

–Bueno yo entré para tomarme algo e ir al baño, que a eso iba.

–Te acompaño, ¿me esperas mi amor?

–Bueno, sí.



–¿Tú que haces con esa mujer?

–Bueno pasar el rato, tengo ganas de estar con una mujer y esta es una diabla en la cama.

-No me  extraña, esta caraja es más puta que el carajo. Casi ella y yo hacíamos competencia a ver con cuantos tipos nos acostábamaos en la Universidad.

–Coño, pero ya debe estar calmada.

–¿Calmada? Esta es un saco de enfermedades venéreas.

–Verga no me eches esa vaina, mira que yo me la cojo sin condón

–Es un decir, pero nunca se sabe. Déjala ahí y nos vamos.

–¿Estás loco? Vine con ella como la voy a dejar tirada.

–Mírala, está hablando con un tipo, mira como se mueve y donde tiene  la mano, no está hablando con una amiga. Haz una cosa, págale la cuenta y un trago más y nos vamos pal coño.

–Aja ¿y salimos por donde?

–Por ahí. –Le mostré la cocina. –Estos seguro tienen puerta trasera.



Soto, fue a la caja y pagó la cuenta y dio un poco más para un par de tragos. –¿Nos podemos ir por detrás del restaurante? Ella no nos puede ver.

Nos guió por la cocina y salimos por el basurero, una manera poco digna de irnos pero así son las cosas cuando las ganas se juntan.



–Busca tu carro y nos vamos a mi casa.

–¿Qué carro? Ella me dio la cola, el mio está en el taller.

–Mejor, en el mio, luego te llevo a tu casa



Llegamos a mi casa y ese hombre se volvió como loco, la pasa bien con una hembra pero con un macho se le vuelan los tapones.  Le di un condón y de una me bajo los pantalones sin desabrochármelos, Aquel guevo grueso y tieso me lo acercó a las nalgas –¿Lo quieres dentro?.

–Te estás tardando. –Le dije. Me arrimó a la puerta de entrada y ahí parados comenzó a meterlo, con mis manos abrí mis nalagas pero él las sacó y me agarró los brazos poniéndomelos arriba de mi cabeza y ahí los sujetó. Lo único que se escuchaba era el golpeteo de la puerta, cada empujón hacía sonarla.



–Vecinaaaa, ¿todo bien? –La chismosa del edificio siempre preocupada, pero no sabía que mi mamá no estaba.

–TODO BIEN RAQUEL GRACIAS. -Aquella puerta estaba que se caía, Soto me estaba desbaratando la cadera. Me volteó. –Súbete a mi. -Lo hice, agarró su guevo y ubicó el culo y pa’ dentro otra vez. Mientras me lo metía me llevó al mesón y ahí me acostó. Me alzó las piernas y de nuevo los empujones. Me pellizcaba las tetillas y me daba cachetadas, una y otra y otra vez.



Me bajó de ahí y me llevó al fregadero, me subió la pierna al tope y de nuevo parados y con el culo expuesto me lo metió. –Aguantas guevo carajo –Yo volteé la cabeza y le di un lata. Me bajó la pierna y me sacó de la cocina.

–Túmbate en el piso. -Boca arriba me levantó las piernas y me las llevó hasta mi cabeza, lo más que pudo, se montó encima de mí y de nuevo ese guevo entró. Estaba tan encorvado y con las dimensiones de mi guevo, el glande lo tenía en mi boca, la abrí y me lo metí ¡Dios! No saben lo que es eso, mamarte tu propio guevo mientras te cogen.



–Como estás gozando coño y te mamas el guevo, acaba en tu boca que yo sigo aquí. –Logré meterme algo más que la cabeza y estaba a punto de venirme. Comencé a gemir, mientras los chorros cruzaban mi garganta y con cada expulsada apretaba el esfinter y Soto se volvía más loco.

–COÑO, COÑO, ME VENGO, TRÁGATE LA MIA. -Sacó el guevo y el condón y se fue a mi boca, me bañó los labios, el cachete, el pelo, el oído. Se tiró al piso con la respiración entrecortada, estaba agotado, tanto así que se durmió.



Su celular sonó y miré la pantalla, era Laura. –Voy a contestar  -Me dije, me fui al cuarto.

–<<Aló>>

–<<¿Luis?>>

–<<No Laura, es François -A microsegundos de soltar mi maldad– Luis está en el piso dormido, acabamos de tirar>>

–<<Eres un marico básico, que más quisieras tú>>

–<<Estoy con él, te voy a mandar una foto>> - Agarré mi celular para tomar la foto y como la tengo en el Whatsapp se la envié.

–<<¿Y ahora me crrees?>>

–<<Imbécil>>

–<<Perra>>



Desperté a Soto y se fue a duchar. Cuando salió desnudo y vi ese cuerpote se me antojaba de nuevo, pero se me quitaron las ganas al escucharlo.

–Yo debí empatarme contigo, me encantaría  amanecer abrazado a ti y desayunar juntos.

Suspiré y hablé. –Bueno vístete que yo tengo muchas cosas que hacer, cuadramos otro día y la pasamos bien.



Que manera de arruinar un tire vale.

martes, 2 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS 4. Mi papá Humberto.


Había inhalado no se cuanta cocaína, no tuve manera de medir y no sé cual es la cantidad mínima, el caso es que inhalé y estaba eufórico, me quité la ropa y fui directo al baño, mientras Humberto se secaba me agaché a mamarle el guevo.
–Epa pero estás deseperado, calma.

No le hice caso y seguí, él dejó la toalla a un lado y puso su mano en mi cabeza, yo estaba literalmete engulléndome aquel trozo. Humberto me detuvo y me cargó, mientras íbamos a la cama me besaba.

–Tírate en la cama, que quiero cabalgar, me quiero montar encima ¿sí? Anda, quiero metérmelo todo, todo.

–Si, si ya, tranquilo, ¿qué te pasa?.

Me monté encima y sin saliva, ni lubricante me lo metí y empecé a moverme como loco, Humberto trataba de calmarme pero yo estaba en otro mundo, volteó a un lado de la cama y vio la bolsita de coca casi vacía. De repente mi respiración se aceleró y sentía una presión en el pecho, estaba agitado. Humberto me vio los ojos y las pupilas las tenía dilatadas y estaba sudando, comenzó a sangrarme la nariz. Caí en la cama desmayado.

Los que le contaré a continuación es una recreación de los hechos, me lo contaron.



Humberto se puso el boxer y llamó a sus hijos.

–LLAMEN A UNA AMBULANCIA, EL NÚMERO ESTA EN LA NEVERA PERO LLAMEN YA.

–Despierta François, despierta, despierta, no te mueras coño. –Comenzó a llorar y me cargó, bajó las escaleras conmigo y me acostó en el sofá. Ya la ambulancia venía en camino.

–¿Qué le pasa a François? ¿QUÉ LE PASA PAPÁ? –Abel se puso nervioso y comenzó a temblar al verme tumbado sin moverme y pálido.

–Calma hermanito, quédate tranquilo.

Tomás se acercó a mi a ver si respiraba, intentó reanimarme. Llegó la ambulancia. Tomás se fue en la ambulancia y padre e hijos en la camioneta rumbo a la clínica que había dicho Humberto.



Llegamos a la clínica y entré por emergencia, ya estaba despierto con la respiración agitada y los ojos vidriosos. Escuchaba lo que decía el médico de guardia:



–Apliquen diazepam o lorazepam, para aliviarle los latidos cardíacos rápidos y la hipertensión arterial, hay que detener la ansiedad. Pónganle la vía para suministrar líquidos.



–¿Se va a recuperar doctor?

–Es muy prontoo para saberlo, ¿cuánta droga consumió?

–Tenía esta bolsita, pero no sé que cantidad tenía.

–Gracias por traerla. Las complicaciones cardíacas, cerebrales, musculares y renales que pueda tener se tratarán con medicamentos adicionales, pero le haremos varios exámenes, ahora retírense de emergencia que esto está colapsado.



Abel no paraba de llorar, Caín lo tenía abrazado, Tomás estaba nervioso, las manos le temblaban y no hacía más que ver el celular, le avisó a Ernesto.

–Ya papá no llores, François va a salir de esta. –Abel se abrazó a su papá. –Que no le pase nada, por favor que no le pase nada. –Caín le pasaba la mano por la espalda a su hermano.

Un médico residente que asistía al doctor salió para informarles de mi estado.

–El joven aparte de la sustancia que consumió, está alcoholizado, eso complica un poco las cosas pero ya está estable y lo estamos monitoreando. En un par de horas pasa a una habitación.



Tomás iba caminando por el pasillo pues venía de la cafetería, se consiguió de frente con su médico infectólogo.

–Hola Tomás, ¿qué haces por aquí?

–Hola doctor, se acuerda de mi nombre.

–Me acuerdo de mis pacientes muchacho. ¿pasó algo?

–No me acordaba que su consultorio está en el anexo de esta clínica. François, mi amigo que me acompañó está hospitalizado aquí,  intoxicado con…cocaína.

–Wao…delicado, ¿cómo está?

–Al parecer estable.

–Ahora paso y averiguo la habitación, estoy pasando revista a varios pacientes.

Tomás siguió su camino y entregó los cafés que habían pedido. Había llegado Ernesto



Ernesto saludó a Humberto y a los gemelos y se puso a hablar con Tomás  preguntándole de mi.

–La otra vez fui a su casa y estaba tomando y estaba algo borracho. –Dijo Ernesto

–Si, lleva semanas en eso.

–¿Qué le pasa?

–No lo sé, anda rarísimo.

–François está pasando por una situación delicada muchachos, necesita de todo su apoyo. -Humberto les contó a grandes rasgos lo que me pasaba.



De repente una moto se escucha llegar muy fuerte fuera de la emergencia. Un hombre vestido de negro y un casco enorme entra a la emergencia, se saca el casco y se pone unos lentes oscuros, tiene una capucha.

Cuando entra ve a los gemelos a Tomás y a Ernesto y sigue de largo.



–Señorita ¿aquí ha ingresado un paciente llamado François Gota? -El único que se fijó en el hombre fue Abel que se levantó de la silla y se acercó al hombre a escasos metros.

–Si, está en el tercer cubículo pero no puede pasar, tiene que esperar. –El hombre no esperó y entró.

 Tomó la carpeta con el parte médico y se tranquilizó, volvió a poner la carpeta en su lugar y me dio un beso en la frente. Yo estaba entre despierto e inconsciente y lo que veía era borroso.

–Epa, ¿quién eres tú  y qué quieres con él? –Le dijo Abel al hombre, que sacó un arma de la parte de atrás del pantalón y lo apuntó y diciéndole que se callara con el gesto de los dedos en la boca. Abel salió de ahí más blanco que un papel.



El hombre guardó el arma y sacó del bolsillo de la chaqueta un escapulario de la virgen de Coromoto y me la puso en el cuello, me dio otro beso en la frente y desapareció.



–Papá, el hombre ese que entró vestido de negro, fue a ver a François.

–¿Qué tipo mi amor?

–El tipo que que vino con el escándalo de la moto.

–No lo vi Abel, ¿quién era?

–No lo sé pero entró donde estabá François y le dio un beso en la frente, cuando le pregunté quien era, me sacó un arma y me apuntó.

–¿Cómo es la vaina? Vamos a hablar con la seguridad de la clínica, hay que saber quien es ese tipo. Las cámaras lo deben haber registrado. -Humberto se detuvo en seco y se puso a pensar que tal vez podría ser Jack, el sicario que me está protegiendo.

–¿Qué pasó? ¿Ya no vamos?.

–Vamos luego, necesito estar aquí para saber de François.

–Señor Humberto nosotros nos quedamos, vaya.

–No, no, yo espero luego vamos.



3 horas después ya me encontraba en la habitación, estaba más calmado pero atontado, la visión estaba nítida y hablaba pausadamente. Abel no se separaba de mi, me tenía la mano agarrada mientras Caín hablaba conmigo. Humberto entraba a la habitación, había estado en administración resolviendo un asunto del pago.

–Me saliste caro carajito, que susto nos pegaste.

–Ese dinero te lo pago Humberto.

–No te estoy cobrando pendejo. No me debes nada.



Entró en la habitación el médico de Tomás, el doctor Henríquez.

–Señor, por ahí me dijeron que estaba hospitalizado, ¿cómo sigues? –El doctor fue bastante discreto y no mencionó a Tomás.

–Bien doctor, ya mejor aunque débil y mareado.

–Poco a poco se te va a quitar eso, es la resaca luego de la intoxicación por psicotrópicos.

–Disculpe doctor, ¿usted conoce  a François?

–Si, bueno a su madre, pero a él lo he visto siempre, los dejo por ahora porque me voy a casa, si sigo aquí no me voy nunca. Buenas noches.



A las 6:15 de la mañana suena la puerta de la habitación, era el doctor Henríquez.

–Buenos días, ¿cómo amaneció el paciente? –Hablaba en susurro pues Tomás estaba dormido. El doctor lo levantó y le dijo que se fuera a casa para descansar y que regresara más tarde, a los 10 minutos Tomás se fue.



El doctor le pasó el pestillo a la puerta y se acercó a mi.



–¿Cómo amaneciste? ¿bien? -Mientras me decía eso me tomaba la tensión, luego metió su mano por debajo de la sábana y tocó mi muslo y alargó la mano hasta mi guevo.

–Veo que ya estás más animado, yo creo que podemos darle alegría al cuerpo.



La carpa ya estaba montada…

lunes, 1 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS 4. Los gemelos satíricos


Una semana después de haberme confesado lo del vih, Tomás pidió 15 días de vacaciones en la empresa para poder hacer con tranquilidad todas las diligencias médicas.



Lo primero que hicimos fue ir para que se hiciera el examen confirmatorio. Eso fue el lunes siguiente luego de la confesión. Efectivamente dio positivo, cuadramos la cita con un médico privado y fuimos a la consulta.



El médico, que era infectólogo, tranquilizó mucho a Tomás hablándole del cuidado y protección que debe tener él y para sus encuentros sexuales. Le mandó a hacer 3 exámenes, un perfil 20, Carga viral para saber cuanto virus hay en la sangre y el tercero de Población linfocitaria, para saber con que cuenta el organismo para contrarrestar el virus.

Dependiendo de los valores, se verá si comienza un tratamiento o se posterga para más adelante.



El médico nos preguntó si eramos pareja, yo le dije que no, un brillo en los ojos particular se le vio al hombre. Le dije que tuvimos 2 encuentros sexuales pero con proteccíon pero yo seguía negativo.

–Es bueno tener el apoyo de un buen amigo y de la familia, no sé si se lo has contado, pero creo que es lo mejor para que te ayuden. No es fácil para la familia enterarse de eso y menos si no saben que eres gay.

–Yo le recomendé doctor que no hablara con su familia hasta saber exactamente cual es el estatus de su condición, para luego poder hablar y explicarles bien.

–Me parece una decisión acertada, aquí tienen mi tarjeta por si necesitan hacerme una consulta o lo que sea, no hay problema.



Charlamos unos minutos más sobre la crisis de los medicamentos y la situación del país y luego nos fuimos, se despidió, le dio un apretón de mano a Tomás y a mi también pero apretándome más fuerte colocando su otra mano sobre la mía que tenía agarrada, aprovechó  que Tomás se volteó y me dijo en voz baja –Llámame– .

Nos fuimos de ahí y le dije para ir a casa de los gemelos para que los conociera y así se distraía. Aceptó.



Llegamos al apartamento, nos abrió Abel que me abrazó y me dio un beso en el cachete, al ver a Tomás se lo presenté,  él es Tomás un buen amigo.

–Hola Tomás, me llamo Abel, mi hermano Caín ya baja, somos gemelos, igualitos –se mordió los labios.

–Abeeeel.

–Caín y Abel, qué cómico. –Dijo Tomás.

–Siéntate en el sofá yo voy al baño. –Tenía unas ganas locas de beber , me traje un carterita, entré al baño y me bebí medio envase. Sonó el celular.

–<Me gusta que ayudes a tus amigos, cuida mucho a Tomás, él si es buen tipo. Jack>

Cada vez que recibía un mensaje de este tipo me entraba un escalofrío.

–<¿Y quiénes son los malos?>

–Tu psicólogo y yo, no te fies de él. Jack>

–<Pero de ti si me puedo fiar, eres un asesino>

–<Puedes confiar en mí con los ojos cerrados. Jack>

–<Tú me asustas Jack, cada vez que te apareces se me mete el miedo en el cuerpo>

–<Me parece bien que sientas miedo, eso te mantiene alerta y pendiente de todo. Estoy más cerca de ti de lo que parece y estoy tan lejos de ti que no sabrás quien soy…por ahora. Jack>

Me bebí toda la carterita de ron y respondí. -<Quisiera conocerte, saber de ti, ver tu rostro, hablar contigo>

No recibí respuesta, me puse a orinar. Me fui a la sala.



–¿Y tú eres solo amiguito de François, no han tirado? Abel le puso la mano cerca de la entrepierna.

–Abel, deja al carajo tranquilo, Tomás se estaba poniendo nervioso.

–Ustedes son demasiado confianzudos.

–Yo diría que bastante. –Me acerqué a la sala.

Abel deja a Tomás él ahora está pasando por una situación difícil.



–¿Tomás quieres cocinar algo? Yo voy a recostarme un ratico, tengo dolor de cabeza, aquí hay de todo. –En realidad quería encerrarme y beber,  me fui al cuarto de Humberto y agarré una botella de whisky y me acosté en la cama a beber y me quedé dormido luego de media botella.



Mientras tanto en la cocina –esto lo supe luego, cuando me contó Tomás–Mi amigo estaba cortando unos vegetales en el mesón, frente a él estaban los gemelos,  Caín estaba apoyado en una saliente de la pared y Abel lo besaba en la boca, cuello y pecho. Tomás levantaba la mirada y volvía a bajarla para seguir cortando. Abel le quitó la franela a su hermano y comenzó a chupar y morder las tetillas, iba bajando lentamente hasta llegar al ombligo. Tomás estaba sudando pero no podía dejar de verlos.



Le bajó el boxer y comenzó a mamarle el guevo a su hermano, este veía a Tomás mientras cortaba que ahora lo hacía sin ver, no dejaba de ver a los gemelos. Caín ya lo tenía totalmente parado y levantó al hermano del suelo para voltearlo y ahora ponerse Abel contra la pared. Caín lo penetró, Abel gemía y ahora ambos veían a Tomás que estaba parado en el mesón sin cortar y con la entrepierna abultada.

–Ven acércate, no mordemos, mámamelo a mi. –Luego de unos segundos Tomás decidió acercarse, se colocó al lado de Abel, que su hermano seguía penetrando y le agarró el güevo  masturbándolo.

–Métetelo en la boca. Tomás se agachó y lo hizo, estuvo mamando durante unos minutos, su cuerpo no dejaba de temblar y en su mente pensando que todo eso estaba mal, eran menores de edad y el tenía vih. Se levantó y Caín le dijo que se bajara el pantalón.

–Quiero cogerte.

–No...no, chamo, eso no.

–Tranquilo, tengo condones.

 Tomás se quedó congelado al escuchar eso, se imaginó que los gemelos ya sabían.

–Ya va, ya va. ¿François habló con ustedes de mi?

–Si, siempre nos habla de ti cuando viene.

El corazón le latía aceleradamente y la respiración la tenía entrecortada. –¿No tienen problema que tenga vih entonces?.

–¿QUÉ? ¿Tienes sida?

Tomás volvió a paralizarse, no podía creer que 2 adolescentes lo pusieran tan nervioso.

–No, tengo vih, no sida, tengo el virus, no estoy enfermo.



Abrí los ojos y tenía un fuerte dolor de cabeza,  agarré la botella y me bebí un trago. Me fui al baño a orinar y revisé ambos celulares.

–<Hola ¿estás en mi casa? En un rato voy para allá> -Era Humberto,  me asusté y me eché agua fría en la cara. Revisé el otro celular.

–<Tranquilo, que me vas a conocer, me has visto pero ahora me vas a conocer, pronto>

Bajé a prepararme un café, vi que las verduras estaban a medio picar, escucho ruidos que vienen del cuarto de servicio, cuando me acerco oigo gemidos.

 Cuando entro veo a Caín que se está cogiendo a Tomás, lo tenía en 4, Abel estaba en la misma posición al lado esperando, pero me vio, yo me estaba tocando el guevo y Abel se acercó y me bajó el cierre.

–Métemelo tú, mi hermano me ignora. –Me dio un beso en la boca y sintió el aliento a alcohol.

–¿Otra vez estás bebiendo? Caín, Caín François está rascado de nuevo.

Caín se detuvo y la vergüenza de Tomás era evidente, se taó conlas sábanas.

–Y luego me dices puta a mi, y te estabas tirando a los gemelos,. LOS GEMELOS SON MIOS MAMAGUEVO, ME LOS COJO YO.

–Profe, profe, profe, deja la gritadera y vamos a ducharte y te tomas un café. Tomás porfa monta un café fuerte.

–Si, si, ya voy. –Tomás no podía con la vergüenza, quería irse. Me ducharon, me vistieron y me dieron el café. Me acostaron en el cuarto de Humberto.



Al llegar Humberto los gemelos le contaron que me había emborrachado y que estaba en su cuarto, le comentaron de Tomás que era amigo mio. Subió a su cuarto y se sentó a mi lado en la cama.

Me despertó acariciándome la cabeza., cuando abrí los ojos me sonrió.

–Mira carajito ¿hasta cuando vas a joderte la vida? ¿Quieres morirte con esa bebedera que tienes? Te voy a llevar aun sitio para que te curen, no pudes seguir así.

–Yo me controlo, solo lo hago para dormir y no tener pesadillas.

–Esa no es la manera de enfrentar las cosas por las que has pasado. –Humberto me acariciaba la espalda.

–Ya no he tenido más pesadillas.

–Claro si te la pasas borracho. ¿Y cuándo lo dejes? ¿qué harás? Te tienes que enfrentar a eso. Necesitas ayuda.

–Necesito sexo, quiero hacer el amor contigo. –Humberto se levantó y comenzó a quitarse la ropa, al verle el pecho teminé de erectarme. Se fue al baño a ducharse. Yo me quité la ropa, al sacarme el pantalón vi la bolsita con el polvo y me le quedé viendo. Me agaché a recogerla.