lunes, 22 de agosto de 2016

A QUE NO TE ATREVES 1 Tercera Temporada


Una macabra obsesión.

Aún el cuerpo caliente, tumbado sobre la tierra, Carmelo, con sus manos a cada lado del cadáver, estaba sobre él teniendo sexo. Cada vez que lo penetraba hasta el fondo era un escalofrío que le recorría el cuerpo.

Ya se acercaba el alba y se incrementaban los carros por la autopista pero Carmelo lo tapaba el vehículo volteado. Él seguía disfrutando del sexo post mortem, le abría las nalgas y le daba con fuerza. Con cada gruñido venía un empujón fuerte, hasta que se corrió dentro soltando un grito ahogado, pero eso no lo detuvo para seguir, con su pene aún erecto le dio chance para comenzar de nuevo. Ya estaba aclarando el día.

Mientras estaba concentrado, soportando el calor que sentía y viendo la cabeza del hombre, de repente escucha un ruido que lo saca de su concentración.

–A…yúda..me, sá..came, sá..came de a..quí.
Carmelo se levantó de golpe y se subió el pantalón. El corazón le latía con fuerza, sentía como su pecho se movía con cada bombeo, su respiración estaba entrecortada, vio el cuerpo y vio el carro. Se agachó.
–¿Estás herido? ¿Puedes moverte? ¿Te duele algo?
–Creo que…no me he roto… nada.
–Ya va, ya te saco. –Llamó al 911 y luego se agachó para entrar al carro y desabrocharle el cinturón al muchacho.
–Voy a desengancharte, Agárrate a mi.
–Desenganchó la hebilla. –AAAAAAy, YA VAAAA, AAAAU. –El joven tenía un fuerte dolor en el abdómen pero no había sangre, la que había era de su cabeza por una herida que no era grave.
–¿Sientes las piernas, los brazos?
–Si, si.
–Ok, Ayúdame para sacarte, te tengo que arrastrar un poco.
–Lo haló y se quejó, pera más por las contusiones que otra cosa. Lo sacudió para quitarle los vidrios, lo revisó. Fue a su carro y buscó su maletín de primeros auxilios.
Le revisó los ojos, los oídos, escucho sus pulmones y lo fue tocando.
El muchacho lo veía extraño a pesar del dolor.
–Soy médico forense, tranquilo. ¿Puedes levantarte?
–Ya va, au, si, déjame sentarme primero.
Luego de unos segundos habló.
–Luis…mi amigo, ¿está…muerto?
–Si…lamentablemente si.
El muchacho se puso a llorar y Carmelo lo abrazó.
–¿Era tu hermano?
–Mi novio, estábamos celebrando 3 años. Tú estabas ahí con él, estabas sobre él. ¿qué hacías? ¿por qué, por qué tenías el pantalón abajo? ¿Qué estabas… -En eso llegó la policía y una ambulancia.
Carmelo se apartó del muchacho y fue a hablar con la policía. Uno de los paramédicos vio a Carmelo y lo saludó.
–El otro joven que esta ahí, ¿está muerto? ¿Estaba así, medio desnudo?
–Si oficial, lo saqué del carro para revisarlo, soy médico forense.
–Ah coño, pero si tú eres Carmelo el carnicero, así te llaman ¿no? Jeje.
–Si oficial, mire hay que llevar rápido a la otra persona para que lo revisen bien, yo lo veo bien, con algunos golpes y rasguños pero es mejor que le hagan un chequeo.
–¿Tú viste el choque?
–No, pasaba y vi el carro y decidí acercarme a pesar de la soledad, eso fue hace un par de horas más o menos.

El policía tomó los datos, anotó otras cosas y dejó ir a Carmelo, que se acercó al muchacho.
–Estás en buenas manos, te van a llevar al hospital para que te hagan unos exámenes.
–Gracias, pero tú no me respondiste, que hacías con mi novio ahí tirado, te vi, sobre él.
–Estás confundido, debe ser el golpe, cuídate. –Carmelo se fue.

Se montó en el carro, el corazón volvió a acelerarse, apoyó la cabeza del volante y así se quedó varios segundos. Estaba sonriéndose.
–Ja, ja, ja lo hice, lo hice, Dios que rico estuvo, todavía tibiecito ese cuerpo, que morbo, eso es lo que me gusta, recién muertos, eso me excita. –Encendió el carro, llegó al distribuidor para tomar el retorno para irse a casa, ducharse e ir al trabajo.

Cuando ya estaba a punto de salir de su casa, aprovechó y llamó a Sebastián. El celular repicó varias veces y justo cuando iba a colgar atendieron.
–<Aló, ¿Sebastián?>
–<Buenos días, no, no es Sebastián, es un amigo. ¿quién habla?>
–<Carmelo, soy un amigo de Sebas, ¿está contigo?>
–<Disculpa Carmelo, si está conmigo, pero ayer lo asesinaron, está muerto. Me llamo Darwin. Chamo no puedo hablar ahorita, esto es muy fuerte, luego te doy los datos de funeral.

Carmelo colgó la llamada y su rostro se iluminó.
–Está muerto, Sebastián muerto, ahora sí va a poder ser mío.

miércoles, 17 de agosto de 2016

SexoRama. ¿Simplemente amigos?


Madrugada de un domingo cuya celebración había comenzado unas horas antes de la medianoche del sábado. Todo apuntaba que sería una noche para el recuerdo. Estaba decidido a pasarla bien luego de haber sobrellevado unos meses algo difíciles.

La noche comenzó con una espera de poco más de una hora en una conocida plaza cercana al sitio seleccionado para festejar. Mi acompañante de celebración se había retrasado más de lo esperado; sin embargo yo estaba decidido que esa noche nada podría estropear mi velada.



Durante mi espera y en los cortos y lentos paseos que di por el concurrido lugar, me percaté de lo abierto que se ha vuelto el sitio para la movida de ambiente en la ciudad. No sé si era el día, la hora, la poco frecuencia conque visito el mismo (o una combinación de la tres anteriores); pero estar allí en ese momento y con el tiempo suficiente para observar con detalle lo que ocurría a mi alrededor, me hizo rememorar alguna escena pasada en cualquier país fuera de este continente (sin caer en comparaciones exageradas y sabiendo que aún nos falta mucho por madurar como sociedad). Incluso reconocí a lo lejos uno que otro tuitero con quienes he intercambiado un par de tuits.



9:30 pm. Llegada de mi acompañante de celebración, mi fiel amigo en estas lides desde hace casi 10 años, cuando yo ni siquiera pensaba en adoptar a Caracas como ciudad para trabajar e intentar sobrevivir. Recuerdo mis inicios, mis viajes relámpagos a fiestas temáticas en las discos de moda, porque eso en el interior del país no era nada convencional. En esa época -con unos cuantos años menos y la libertad que siempre me ha caracterizado- no era raro que yo estuviese por acá en alguna fecha especial compartiendo en cualquier fiesta, algo que la vida nocturna en el otro estado del interior me estaba esquivando.

Mis ojos brillaban (de alguna manera sé que lo hacían). No sé si por la emoción de verle llegar luego de tanto deambular, o solo por el hecho de que era una noche que tenía semanas esperando llegase.



Comienzo de la noche. El lugar estaba a medio llenar (típico de la hora), seleccionamos mesa para disfrutar del show que más tarde estaría por comenzar, al mismo tiempo que la bebida alcohólica de costumbre (en ese y cualquier otro sitio) que nos hiciera más agradable el momento. Palabras más, palabras menos, cuentos, chistes, comentarios sobre la gente alrededor iban y venían. Dos típicos amigos solteros en una noche de diversión. Pasada la medianoche comienza oficialmente mi celebración. Algunas llamadas telefónicas me hicieron salir una que otra vez del recinto dada la música de fondo que no me permitía escuchar con claridad las palabras de felicitaciones que a la hora comenzaba a recibir. Mi interacción en una de las redes sociales en ese momento aumentó, pero no sin restarle importancia a quien tenía a mi lado. Al cabo de un momento escucho las palabras: "- ¡Felicitaciones! No me había percatado que ya eran más de las 12".



Por supuesto que estas palabras vinieron acompañadas de un efusivo abrazo. La celebración continuaba al tiempo que seguíamos disfrutando del espectáculo musical propio del lugar. Yo estaba decidido a que este año la celebración sería inolvidable. ¡Y vaya que lo fue! Tragos iban y venían hasta que los efectos de la botella de aquel licor compartido solamente entre dos personas, comenzaban a hacerse notar. Para la hora (3:30 am) yo no tenía ni idea de lo que nos faltaba por vivir. La noche aún era joven. Llega el show final y con él, el momento de pagar la cuenta y retirarnos a otro sitio para continuar la celebración (con o sin ella, esa era la modalidad acostumbrada).



Primer momento inolvidable de la noche. Él esboza un: "¡Ay chamo, ahora sí me va a dar!" Yo pregunto: "¿Qué paso?". Me responde con un: "¡Dejé la cartera en la casa"! Por un momento pensé "me está jodiendo"; pero no, aquellas palabras habían sido totalmente sinceras.

Yo, lejos de preocuparme comienzo a reír. Asombrado me reprocha mi actitud. Le respondo que yo estaba decidido desde temprano a pasarla bien y que nada estropearía mi noche. Por razones que no valen la pena entrar en detalles, previamente habíamos acordado que él realizaría el pago. Y como inicialmente yo había cancelado las dos entradas al lugar; no había manera de que él se percatase de la falta de su documentación. Resuelto el problema del pago bajo un acuerdo entre ambas partes de cancelación posterior, dejamos el lugar con planes de seguir la fiesta en el otro lugar cercano. Con algo de efectivo que aún cargábamos tomamos un taxi al sitio. Desde afuera del local la rumba prometía, la música y la algarabía de la gente así nos lo hacía presumir.



Segundo momento inolvidable de la noche. Para entrar al sitio era obligatorio portar cédula de identidad. Vale recordar que mi ya no tan "estimado amigo" (en ese momento) no cargaba ningún tipo de documentación y yo había dejado mi documento de identidad en el local anterior como parte de garantía del pago posterior. Mi mentalidad positiva de "nada va a arruinar mi celebración esta noche" comenzaba a desvanecerse con las últimas horas de la madrugada. A esas alturas yo no podía creer que eso me estuviera sucediendo. Si bien quería que mi cumpleaños fuese inolvidable, nunca estuvo en mis planes que fuese de esa manera.



A todas estas, comenzaba a exasperarme. Por más que intentaba mediar con el portero para lograr entrar, por más que mi amigo me dictaba instrucciones a lo lejos de ofrecerle dinero a este último para que nos dejara pasar (sin éxito alguno), por más que intentara el comodín de "contactar a un amigo" a ver si tenía influencias en el lugar y nos permitieran el acceso, nada resultaba como quería.

Durante ese ir y venir, salió a fumar fuera de la discoteca un conocido de mi amigo. Al verlo se emociona y se acerca a saludarlo. Le comenta brevemente de nuestra situación pero éste le responde que lamentablemente sin documento de identidad no podemos entrar. Las reglas son reglas al fin y al cabo.



Mi amigo sugiere irnos a otro sitio donde según él, no nos pedirían documento de identidad y podríamos entrar sin problemas. Yo -resignado pero irritado al mismo tiempo, y a manera de castigo- decido que voy a esperar hasta amanecer afuera del local. Total, una hora pasaría rápido. Surge una pequeña discusión entre los dos. Él, que agarráramos otro rumbo. Yo, que no. Me siento en las escaleras como indicándole "aquí me quedo".  Se me sienta a un lado y me comenta: "¡Qué arrechera! El amor de mi vida está a metros de separación y nosotros dos aquí afuera! Justo hoy que estaba dispuesto a declararle mi amor". (Sí, pues. Como si él -cual adivino- supiese que se lo toparía en el lugar. Bueno, realmente no era necesario serlo, pues cada vez que visitamos el sitio, el personaje en cuestión estaba allí). Con una mirada de sutil odio, le replico: "¡(Imbécil), el amor de mi vida está a miles de kilómetros de acá, así que cállate y no te quejes. Al menos lo puedes volver a ver en otra oportunidad, pues por lo visto se la pasa metido en este local!".



Como la música que emanaba del local me hacía avivar mi ira (mis canciones favoritas estaban sonando), decido no seguir esperando pues los ánimos comenzarían a caldearse pronto. Acordamos caminar un rato (algo un poco riesgoso por la hora) pero que en el momento mi mente ya no procesaba. Recorremos algunos metros de aquella avenida hasta que una mata de palma me incitó a utilizarla como baño. Acto seguido y otros metros más allá mi compañero me imita, con la diferencia que yo no estoy tan alejado y con su mirada pícara me invita a acercarme. Toma mi mano y la lleva a su miembro. A lo lejos la luz de un auto nos advierte de lo transitado de la zona a esa hora. Era la policía, que pasa lentamente realizando sus patrullajes acostumbrados. Rápidamente suelta mi mano y simula una llamada telefónica mientras con la otra se sube la cremallera del pantalón.



Nada sucede y seguimos caminando. Queda la policía y el bullicio de la gente, atrás. Ya su cara no era para mí la de mi "amigo" sino la de otro hombre más. Nuevamente se acerca a una de las palmeras decidido a continuar lo que había sido interrumpido minutos antes. No fueron necesarias las instrucciones, su mirada lo decía todo. Comienzo a complacerlo pero de repente me detengo para preguntarle con cierto sarcasmo y sonriendo por dentro: "¿y qué pasó con el amor de tu vida que estaba a metros de ti?". Admito que a pesar de estar ebrio, hay características de mi personalidad que nunca dejan de aflorar, quizás sea uno más de mis defectos pero en ese momento no pude evitar decirlo, quizás como parte de mi frustración por la celebración truncada. Lo cierto es que recibí como respuesta un: ¡cállate y sigue mamando!". Aquellas palabras en tono autoritario terminaron de encenderme; pero lejos de la ira, era más en un sentido de sumición. Continué mi faena hasta que las luces de otro carro y la bulla de la gente a lo lejos saliendo del lugar me hicieron parar.



Continuamos caminando y cada paso que dábamos (como si supiera lo que iba a ocurrir) me hacía sentir miedo de quien llevaba al lado; ya no era mi amigo, ahora se había transformado, como dije, en un hombre más. Sin darme cuenta, en una de esas movidas comienza a besarme y a acariciarme. Su mano baja lentamente por mi espalda y se topa con mi pantalón, me baja la cremallera y se acomoda rápidamente de manera que pudo dejar escurrir su lengua por mi ano. La mezcla de adrenalina y excitación del momento me impedían resistirme. Al cabo de un rato subimos las escaleras de entrada hacia un muro alto de uno de los edificios de la zona, me siento en uno de los bordes del muro y se me planta enfrente al tiempo que dice: "¡continúa! Lo sigo complaciendo aunque con cierto recelo.



Miramos a nuestro alrededor, no se percibe gente y la madrugada aún tiene unos minutos para regalarnos. Se agacha y se sienta a un lado, luego me acomoda y me hace sentar entre sus piernas, y me aprisiona con ellas. Le digo: "tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste" (esto en referencia a una salida hacía como un mes atrás, donde compartimos cama por segunda vez (en 10 años) y nada 'profundo' llegó a pasar). Me mira sin darle importancia al comentario y me besa. Su lengua vuelve a bajar al sitio donde anteriormente comenzaba a hacerme explotar de éxtasis. Un carro de la policía a lo lejos nos hace detener la sesión. Algo nos decía que a la tercera iba la vencida. Nos arreglamos y continuamos caminando.



Unos 100 metros más adelante me percato que ya no llevo conmigo mi tlf. El mini-infarto que sufro en el momento me hace olvidar la ligera dolencia que todavía tengo en mi pie izquierdo. Le comento y rápidamente me regreso con paso apurado al sitio donde sospechaba que podía haberlo perdido. Por suerte llego al sitio donde minutos antes me había bajado el pantalón y allí estaba. Me vuelve el alma al espíritu. Respiro profundo, lo tomo y continúo mi camino de regreso, él estaba a unos pasos de mí esperándome. La mañana comenzaba a aparecer junto con más personas en aquel boulevard. Mi celebración había culminado por el momento.

No obstante, fueron varias sensaciones distintas en un lapso menor a una hora que sin duda alguna hicieron que esa madrugada fuese inolvidable. ¿Quién imaginaría que después de casi 10 años de amistad esto podría ocurrir?



Considero que es necesario aclarar que la primera vez que compartimos cama fue hace unos cuatro años, en una fiesta de cumpleaños de un amigo en común. La lejanía del sitio de celebración ameritaba pernoctar en el lugar. Aquella madrugada hubo un intento de su parte por llevar la amistad a algo más allá. Sin embargo fui yo quien lo rechazó porque para el momento tenía su pareja, a quien yo conocía y respetaba y por eso no permití que algo más allá de la amistad entre los dos, pasara. La segunda vez -hace poco más de un mes- cuando yo no tenía ningún tipo de inhibición, nada pasó. No me sentí decepcionado porque creo que en el momento ninguno de los dos estaba preparado o se lo esperaba.



Dicen que a la tercera va la vencida. Ésta era la tercera y aunque fue la más intensa de  todas las situaciones anteriores, aún no logro descifrar si fue por la combinación de los elementos de la noche (celebración, alcohol en exceso, frustración, adrenalina, éxtasis, soltería, etc.). Y a pesar de que hasta las predicciones astrales apunten que ésta pudiera ser una relación estable y duradera, no es fácil asimilar verte en una relación con alguien con quien has compartido salidas, que sabe de tus gustos, tus andanzas, sentimientos, desengaños y más.



A todas estas, luego de lo sucedido y de un nuevo encuentro posterior, todo pareció como si esos momentos no hubiesen existido. Ni un solo comentario de lo acontecido esa madrugada, ni una palabra de disculpa o de un "quiero que se repita". ¿Efectos del alcohol? No puedo pretender estar con alguien que solo se sienta motivado cuando hay alcohol de por medio. ¿Será acaso pena o cohibición cuando estamos sobrios?



Se hace tan extraño y difícil de entender, que no quiero imaginar cuál pueda ser el próximo capítulo de esta historia que no termina (porque seguimos siendo amigos sobre todas las cosas) pues dentro de una semana habrá una nueva salida y quizás con un testigo -al igual que ya fue testigo a distancia- de parte de lo sucedido aquella noche.

Relato cedido gentilmente por A.L.

viernes, 12 de agosto de 2016

A QUE NO TE ATREVES. Final de Temporada 2


Y esto apenas comienza.



Llegaron al apartamento de Jorge al noroeste de la ciudad. Un buen gusto en la decoración, minimalista y cada cosa pensada en el lugar que estaba ubicado, Adolfo estaba impresionado.

–Chamo, tu vives bien, debes ganar unos buenos reales.

–Lo justo por mi trabajo, y sí, me gusta vivir bien, me mojo el culo para ganar dinero, me gusta vivir bien desde que me fui de casa.

Jorge se volteó y le dio un beso en la boca a Adolfo. Ese beso lo transportó al colegio y recordó cada humillación, cada empujón, cada arrodillada fente al pene de Adolfo en el baño. Se estremeció y se separó.

–Coño, que rico beso, eso da un buen pronóstico de cómo tiras.

–¿Y que estás esperando para cogerme?

–Tienes ganas, bichito.

Se le acercó y le dio otro beso mientras le desabrochaba el pantalón. Jorge se quitó los zapatos y terminó de desvestirse mientras Adolfo hizo lo mismo.

–¿Dónde está el cuarto?

–¿Me vas a coger en la cama? ¿de verdad? Aquí está el sofá, ponte creativo.

Adolfo vio el sofá y lo llevó hasta ahí y lo lanzó. Cuando se fue a poner encima de Jorge, se tropezó y le dio con el codo en la cadera, luego levantándole las piernas, se le resbaló una y lo golpeó en la cara, se levantó y se resbaló.

Además de hijodeputa es bien torpe este imbécil.

–Disculpa, estoy un poco torpe o nervioso.

–Tranquilo, espera, mira me agarro las piernas y listo, ahí tienes el culito, mete ese guebo. -Adolfo no lo hizo sino que probó con un beso negro. Parecía que lamía una chupeta, pasaba la lengua repetidas veces. La poca erección que tenía Jorge se le esfumó.

Mientras Adolfo seguía lamiendo el ano jurando que se la estaba comiendo, Jorge lo miraba con odio.

–¿Por qué mejor no me coges? Anda.

–Ok. –Dijo mientras se jalaba el pene para ponerlo duro, se echó saliva en el pene y comenzó a penetrarlo. Iba muy despacio, tanto que Jorge cerró los ojos y se relajó.

–¿Te gusta? Que sientes?

–¿Ya lo metiste?

–Casi, ya está adentro. –Terminó de empujar y comenzó a moverse muy despacio.

–Ya lo siento. –mintió.

–Adolfo miraba a los ojos a Jorge que estaba inexpresivo, al igual que él, no movía ningún músculo, bajaba la mirada para ver su pene entrar y salir y volvía a ver a Jorge. Así estuvo varios segundos hasta que se detuvo, retiró el pene y se sentó a un lado.

–¿Ya?

–Si…ya, acabé, uf que divino ese culito, lo tienes caliente. Te acabé adentro, ¿no importa, no?.

–Bueno, ya no, muy tarde para importarme. Verga ni sentí cuando acabaste.

–Si vale, te lo eché todito adentro. ¿me prestas el baño?

–Si, está en el cuarto, esa puerta.



Al rato se fueron a acostar pero Jorge no soportaba tenerlo cerca y mucho menos dormir con él así que durmió en el sofá que también era cama.

En la mañana, Adolfo se despierta y se estira en la cama.

–Holaaaaa, buenos dííías. -Voltea hacia el otro lado y no ve a nadie. Se coloca el interior y sale del cuarto y ve a Jorge durmiendo en el sofá.

Se extraña de verlo ahí y se va a la cocina a montar café. Regresa al sofá, se agacha y le hace sexo oral a  Jorge que se despierta.

–Epa, ¿qué haces? No, no, deja, no hagas eso.

¿no te gusta?–Si, pero ahorita no.

–¿Por qué no dormiste en el cuarto?

–Porque estabas roncando y además no estoy acostumbrado a dormir con alguien.

–Disculpa… ¿Te preparo desayuno? ¿qué quieres?

–Quiero que te vayas, por fa, tengo vainas que hacer y tengo un dolor de cabeza terrible.

–Mmmm bueno, me voy a duchar y me voy.

–Prefiero que te vistas y te vayas.

Adolfo se le quedó viendo y se puso serio. –No te gustó la tirada.

–No es eso, bueno algo, pero es que estaba tomado y no me sentía bien, sólo quiero quedarme solo en casa, sin nadie ¿si? Vete.

–Ooookey, vaya, tanto peo para que viniera a tu casa y ahora me botas.

­–Bueno chamo, estoy en mi casa y hago lo que me de la gana.

–Tranquilo y disculpa lo malo, yo sí lo disfruté y me gustó estar contigo, pero entiendo que no le puedo gustar a todo el mundo. Ya me voy, ¿me pudo vestir? Eso sí puedo.

–Si, claro.



Jorge fue a abrirle la puerta.

–Yo pensé que ya habías cambiado, pero creo que ha vuelto el Jorge que me contrató hace unas semanas.

­–Nos vemos el lunes a las 8, adiós. –Cerró la puerta y le volvieron las imágenes del colegio. Comenzó a llorar con los ojos cerrados.



–La vas a pasar muy mal Adolfo, muy mal.

jueves, 11 de agosto de 2016

A QUE NO TE ATREVES.

Por causas ajenas a mi voluntad, no podré ofrecerles el capítulo de hoy correspondiente a Victor y Eduardo. Desapareció de mis archivos.

A partir del 22 de agosto continuará la historia sin que esto afecte el desenvolvimiento de estos personajes.
Les pido mil disculpas y muchas gracias por seguir leyendo esta historia.


miércoles, 10 de agosto de 2016

A QUE NO TE ATREVES 8.


La culpa.



Luego de aquel día en el hotel Calixto y Nestor, pasaron varios días y en la Universidad lo evitaba para no tener que verle la cara, pero era inevitable que en algún momento se vieran.



–Bachiller Gómez, buenos días, ¿puede venir a mi oficina un momento antes de su siguiente clase? -Nestor se consiguió de frente a Calixto en la cafetería de la Facultad de Ingeniería. No le quedó más remedio que hablar con él.



–¿Qué quieres Nestor?

–Perdóname por lo que te dije la otra vez, no quiero perderte y no quiero que me dejes carajito, no me dejes.

–Nestor estamos en una situación difícil, yo te dije hace tiempo que no me importaba estar contigo así, tú casado, pero ya se nos fue de las manos la situación y he estado pensando y siento que debes ser honesto y no digo honesto con tu familia, que eso también debes hacerlo, sino contigo, asumir que te gustan los hombres y tienes una relación con uno y que tu matrimonio ya se agotó.

–Tienes razón en todo lo que dices, pero es que la vida se me volteó cuando nos conocimos, todo fue muy rápido era algo nuevo para mi, tengo años casado y apareciste tú y me cambiaste la vida.

Calixto se puso a llorar y abrazó a Nestor que tampoco aguantó y lloró. Luego de unos minutos se apartaron uno del otro y siguieron hablando.

–Vamos a seguir juntos mi viejito, no quiero dejarte, pero esta situación tiene que cambiar tarde o temprano.

–Lo sé mi amor, lo sé, pero sólo quiero saber que estás conmigo en esto, te amo y no quiero apartarme de ti, eres mi escape, mi desahogo, mi alegría, mis ganas de seguir adelante.

–Vamos a seguir juntos, yo también te amo, tú también has sido un gran descubrimiento, me abriste la mente a muchas cosas, lo mejor que me ha pasado hasta ahora. -Volvieron a besarse.



–Ahora quiero hacer una locura yo. –Dijo Nestor que se agachó y le desabrochó el pantalón a Calixto para hacerle sexo oral.

–Tengo clase ahorita mi amor.

–No me importa, me quiero disfrutar esto. –Se introdujo el pene en la boca mientras le apretaba las nalgas al muchacho y este le sostenía la cabeza.

Calixto echaba su cabeza hacia atrás y cerraba los ojos disrfutando el momento hasta que tocaron la puerta.

–PROFESOR, PROFESOR, LO BUSCA EL VICERRECTOR.

–VOOOY. Coño, que vaina, no lo dejan a uno disfrutar, ¿nos vemos esta tarde?

–Voy a buscar el carro al taller, al salir de aquí.

–Toma mi tarjeta de crédito y mi cédula. Luego me dices cuanto fue.

–Ay Nestor estas vainas no me gustan.

–Ya lo hablamos, te iba a dar el dinero pero pasó lo que pasó y bueno, llévate mi tarjeta, en el taller me conocen así que bueno.

–Es la primera vez que veo un documento tuyo con tu verdadero nombre.

–No te he mentido con mi nombre.

–Sabes a que me refiero. Este dinero te lo pago.

–Tranquilo, vamos a salir.



Justo al terminar la clase Calixto recibe una llamada de Diego.

–<<¿Epale mi pana como estás?>>

–<<Hola, bien vale justo saliendo de clases, ¿y tú?>>

–<<Yo salí hace rato, estaba buscando unas cosas para un trabajo. ¿Te busco y nos vemos un rato?>>

–<<Es que voy saliendo para el taller a buscar mi carro>>

–<<Bueno, yo te llevo así conversamos>>

–<<No vale, tranquilo>>

–<<No seas guevón, anda, estoy cerca, no me cuesta nada, anda vale, quiero verte>>

–<<Ok, te espero>>



Calixto dudaba si decirle o no a Nestor que se iba a ver con su hijo, lo pensó y no le comentó.



–Verga la reparación me va a costar una bola.

–¿Tienes la plata?

–Si vale, pero igual, es un golpe.

–Ah chico pero este es el taller donde mi papá trae sus carros, bueno los carros de la casa, que casualidad.

Mierda, pero todo se confabula. -Pensaba mientras se acercaba a la caja.

–Voy a ver si está Antonio, voy a entrar contigo y lo saludo.

Coño de la madre que no esté Antonio, que no esté Antonio.



–Hola Buenas tardes, ¿está el señor Antonio?

–¿Quién lo busca? No está, está de viaje.

–Ah no, nada soy un cliente del taller. Hola Luis.

–Epa. -Uno de los mecánicos lo saludó de lejos.

–¿Me pueden prestar el baño? Me estoy meando.

–Ve al fondo, la puerta azul.



Calixto se respiró y le dijo a la muchacha de la caja que le cobrara rápido

–Esta tarjeta es del señor Luis Hernández, es cliente y amigo del señor Antonio.

–Si, si tranquilo. El señor Hernández llamó.

–Pásala rápido porfa, me tengo que ir.

–No hay conexión con el banco, dice.

–Pásela otra vez.

–Nada, igual.

–Coño…

–No tienes otra tarjeta de crédito o débito.

–No.



Regresaba Diego del baño. –¿Qué pasó bicho? ¿ya?.

–No, no pasó la tarjeta.

–Ay chamo tas pelando, jejeje.

–No es mía, es de…

–Tu novio -le habló en voz baja. –A verla, de que banco es, debe ser el chip pásamela.

–No, no, ya probaron de todo y no pasa.

–Toma, pasa esta.

–No vale, ¿cómo me vas a pagar esta vaina? –Lo que faltaba el hijo de mi novio pagando el arreglo de mi carro.

–No hay peo, esa tarjeta es una extensión de la de mi papá, yo le cuento y listo, después me pagas, cuando puedas.

–Listo, el carro se lo entregan en el portón de al lado.

–Gracias. Gracias Diego por la segunda, pero no tenías que hacerlo.

–Ay no seas marico, sino te ibas a quedar sin carro hoy también, vente vamos a esperarlo.



Uno de los mecánicos traía el carro.

–Maaarico, es el mismo carro que yo tenía antes jejeje tenemos los mismos gustos.

–Jejeje imagínate, que fino.

–Epa no, no es igual, es que este era mi carro, GUEVON le compraste el carro a mi papá, no me jodas pero estamos conectados, que arrecho.



Se montaron en el carro.

Esta vaina no me está pasando a mi, esto debe ser una pesadilla coño de la madre.

–Verga lo tienes cuidadito marico,  ya va, pero si le compraste el carro a mi papá ya lo conocías.

–No, no, no, es que lo compró mi novio, el carro está a su nombre. ¿dónde voy a sacar plata? Mis papás no saben que tengo carro.

­Ah ok, coño. Marico que loco, jajaja otra vez veo mi carrito, que bueno que lo tienes tú.



 Comenzó a conducir el carro saliendo del taller. De su bolsillo se deslizó la tarjeta de crédito y Diego la vio caer.

–Ya va espera se te cayó la tarjeta, ya te la paso.

–No, no, no déjala ahí.

–Ya va marico, que se te va a joder.

Por favor Diosito, que no la vea, por favor, que no la agarreeeee.