sábado, 26 de julio de 2014

TRIPLE EQUIS. ¿Amigo? con derecho.


Era viernes y me vi con uno de mis mejores amigos. Lo invité a casa para ver películas y tomarnos algo ya que estaban mis hermanos y mi mamá que lo conocen y les cae muy bien.



Llegamos a casa al final de la tarde y nos pusimos a comer algo uno de mis hermanos preparaba los tragos mientras que mi mamá conversaba con nosotros en la sala.

Luego de varias horas de echarnos cuentos, reir, contar chistes, mi mamá se retiró a dormir y nos quedamos mis hermanos y mi amigo un rato más. Ya todos estábamos bastante tomados pero como nadie tenía que irse pues no nos preocupaba el asunto.


Ya mis dos hermanos se fueron a acostar y quedamos mi amigo y yo en el sofá, muy juntos, rozándonos.

–¿Nos vamos al cuarto y ponemos una película? –Le dije–.

Estuvo de acuerdo y nos metimos en mi habitación cerrando la puerta. Le presté un boxer y una franela para que estuviera cómodo, yo hice lo mismo. Se desnudó frente a mi y le volví a ver ese guevo que ya en otra oportunidad había visto; grande y grueso aunque dormido se veía apetecible. Tragué grueso y volteé la mirada.

Encendí el dvd y nos lanzamos en la cama. Le di play y no supimos más de la película.


Borrachos como estábamos comenzamos a besarnos, me quitó la franela y comenzó a jugar con mis tetillas mientras se quitaba el boxer. Aquel guevo grande, creció y creció más y lo tomé entre mis manos.

–¿Quieres mamarlo? –Me preguntó–.

Sin responder me agaché y comencé a hacerlo, una cabeza enorme, su guevo ocupaba toda mi boca, aunque eso no importó para que él empujara mi cabeza y que me lo tragara todo. Le quité la mano y comencé a mamarlo de arriba a bajo metiéndolo todo en mi boca hasta la garganta y me detenía en su enorme glande para chupárselo y lamerlo, algo que lo estremecía y le ponía la piel de gallina.

Unos minutos después me apartó y buscó un condón en su bolso.

–Pónmelo–Lo hice, tomé el lubricante y embadurné su guevo y mi culo.


Estaba nervioso, en el cuarto de al lado duerme mi mamá y yo iba a tirar con mi mejor amigo. Me puso en cuatro y comenzó a penetrarme lentamente. Cuando logró meterlo todo comenzó a moverse y yo a gemir, se acercó a mi oído para decirme algo.

–No hagas ruido que nos van a oir–Yo seguí gimiendo y me tapó la boca con su brazo y comenzó a darme más duro. Cada golpe de su pelvis con mis nalgas me excitaba más, la cama sonaba y yo sólo pensaba en mi mamá pero la excitación ganó, me volteé y le dije que me lo metira de nuevo.

Sentía dolor pero esa sensación me gustaba. Volví a gemir y el puso su mano en mi boca mientras me decía que me callara. Mientras seguía penetrándome yo me masturbaba, sabía que no iba a acabar tan rápido, yo estaba muy tomado aunque estaba consciente de lo que hacía, mi amigo estaba más borracho que yo.

Él sacaba completamente su guevo y volvía a meterlo, una y otra vez  y en cada repetición le daba con más fuerza, yo sentía mi culo abierto, él tenía una cara de morbo que me estaba volviendo loco.

De repente aceleró y habló.

–¿Ya me vengo ¿dónde quieres la leche?

En ese momento no supe que responder no quería en mi boca pues no me gusta el sabor del semen pero respondí –En mi boca–.

Sacó el guevo de mi culo y jaló el condón yo me acerqué a su glande esperando el chorro mientras él se masturbaba.

–Abre la boca–La abrí y metió su guevo expulsando tres chorros de leche que inundaron mi boca. La tragué. No sé si fue la excitación del momento pero me supo a gloria.

De un brinco se levantó de la cama y se fue al baño. Aproveché para recoger la ropa y buscar el condón que no sabía donde había parado. Tocaron la puerta.

Era mi mamá. Entró al cuarto y yo estaba desnudo, me tapé con la ropa que tenía en la mano, al encender la luz vi el condón y lo pisé para que no lo viera.

–¿Qué haces?

–Nada, aquí recogiendo. Pedro se está bañando, vimos un película y ya nos vamos a acostar.

–MMM ya…¿y por qué tan nervioso? Escuché ruidos.

–Nada, nada mamá sal que va a salir Pedro y le va a dar pena.

Al salir del baño, Pedro me reclamó por el ruido que hice, le dio pena. Su pene seguía erecto y yo con ganas de más. Me agaché para mamárselo de nuevo pero él no quiso, se fue a acostar desnudo. Se tapó con la sábana y se durmió, yo no pude, estaba nervioso y pensando si mi mamá sospechaba algo…

Al día siguiente fuimos a un cumpleaños y no hablamos de lo que pasó. Nunca más se habló del tema. Ya no fuimos más amigos…

jueves, 24 de julio de 2014

Las Trampas del Amor® Libro seis. Capítulo 12. Final de Temporada

Las desgracias no vienen solas. 



Viernes, eran las cinco y cuarenta y cinco de la mañana y José Arturo ya estaba vestido. Antes de desayunar quería pasar a despertar a su novio con un beso. Keiny se había quedado en la mansión pues no tenía clases hoy.
Llegó a la casa de los empleados y entró. Keiny dormía profundamente, estaba desnudo. José Arturo se quedó unos segundos contemplando su cuerpo.

Coño, hoy amanecí con ganas de tirar y no me voy a quedar con estas ganas. Pensaba Arturo que recién se levantaba para buscar a Camila y tener un buen comienzo de fin de semana.

–Mi amor, despierta, mi malandrito, estoy aquí. –José Arturo le dio un beso en la boca mientras su mano recorría la entrepierna y jugaba con su pene. Keiny abrió los ojos, se sonrió y se estiró. Esta vez Keiny le dio beso.
–Papi, buenos días, que rico despertarme así.
–Rico estas tú así desnudito amor.

Arturo atravesaba el jardín y ya estaba cerca de la casa de los empleados, abrió despacio la puerta, entró y la volvió a cerrar igualmente despacio. Escuchaba voces que venían del cuarto de Keiny, pasó por la puerta y al ver la ventana abierta se asomó. Lo que vio ahí dentro lo paralizó; su hijo, el varón, el sucesor de los Larrazábal besaba a otro hombre mientras sostenía con su mano el pene de este.

Arturo enmudeció, se apartó de la ventana y salió de la casa, sin importar si lo escuchaban, abrió la puerta y la dejó abierta.
–Shhh, alguien entró. –Dijo Keiny en voz baja.–Asómate a ver.
–José Arturo se asomó por la puerta y lo que vio fue la otra puerta abierta. –Debe ser que se abrió la puerta, no hay nadie. Bueno igual me voy amor, nos vemos mañana. Prometido que haremos el amor, tengo muchas ganas de estar contigo.
–Yo también sifrinito, me tienes a pan y agua. Besos te amo.

José Arturo entró a la cocina y estaba su padre con la mirada perdida, su madre leyendo la prensa.
–Bendición pá, má
–Dios te bediga cielito, ¿vas a desayunar?
–¿Qué te pasa pá? ¿te sientes bien? Le puso la mano en el hombro y este sacudió el cuerpo para quitarse la mano.
–Estoy bien, todo está bien, listo.
–Ok, ok.–Le hizo un gesto con la cara a su mamá como preguntando que le pasaba a su padre–.
–Ay cielito no le hagas caso, amaneció de malas pulgas, tampoco me quiere decir que pasó. Ya lo dirá. ¿Ramona cómo sigue tu hijo?.
 –Hoy le dan de alta señora, pero ya está muy bien.
–¿Y tú que haces aquí trabajando y no estás con él que sale hoy del hospital?
–En un rato salgo para allá señora.
–Bueno, terminas el desayuno y te vas, te tomas el día para que estés con tu hijo y nos vemos el lunes.
–Gracias señora.
–Por cierto má ahora que hablas del hijo de Ramona, me acabo de acordar de algo que se me había pasado contarte. Una vez que le dí la cola a Keiny, me invitó a tomar un café en su casa y bueno, ¿adivina quién es su mamá?
María Antonia se le tensaron los músculos del cuerpo y comenzó a palidecer mientras tomaba su café.
–Yadira, la que trabajó con nosotros, este mundo es un pañuelo, que vaina tan cómica.
Se cayó la taza al piso. –BASTA YA, CERRADO EL TEMA VETE A LA OFICINA, NO QUIERO VERTE, FUERA–Gritaba Arturo.
–Pero ¿Qué pasa papá, dije algo, pasó algo?.
–¡Sal de aquí José Arturo, sal de aquí!.
–Ok, ok, me voy.
María Antonia se llevó a José Arturo de la cocina. –Es mejor que te vayas ahora cielo…esta noche tenemos que hablar–.
–Pero dime ¿qué pasó?.
–Ahora no mi amor te lo pido, vete y hablamos en la noche.

José Arturo salió de la mansión y se consiguió con Leonel.
–José, adelántate tú con los escoltas que necesito resolver unos asuntos de unos documentos personales que tengo que acomodar e imprimir, apenas termine arranco en la moto para allá.
–Dale, tranquilo.–José Arturo estaba con la cabeza revuelta–Me voy con los otros.
 Se montaron en la camioneta blindada y no encendía, revisaron y no encontraban la falla. Maikol Jackson no había llegado.
 –Vámonos en la mía, de una, necesito llegar. –Arrancaron en la camioneta. Se fueron a toda velocidad.

–¿Se puede saber qué te puso así de endemoniado? Yo sé que es impactante saber que ese niño sí nació y es tu hijo, que bueno, habría que hacerle la prueba de ADN, pero no es para que te pongas así. Yo contraté ese muchacho y cuando lo vi a los ojos te veía a ti, pero él me dijo que su mamá se llamaba…no sé ahora no recuerdo, no le dí más importancia, pero sí, me impresionó enterarme que en realidad si era. Pero tú te pusiste como un…
–Tu hijo es maricón…–interrumpió a su esposa–TU HIJO ES MARICO ANTONIA.
–Te recuerdo Arturo que él también es tu hijo. Sí, yo lo sabía, lo sé desde hace años, no me lo dijo él, lo sé porque soy su madre y lo amo.
–Ese maricón se estaba besando con Keiny en su habitación y encima son hermanos. Maricones mis dos hijos y encima se cogen.
María Antonia cerró los ojos y soltó un largo suspiro. –Esto cambia las cosas, tenemos que hablar con José Arturo sobre todo esto.
–Hablarás tú con él y en otro sitio. Ese enfermo no lo quiero en mi casa, yo no quiero desviados en mi casa. En esta casa no va seguir dándole el culo a sus amantes. Que se vaya de esta casa, ese ya no es mi hijo.
–ARTURO, DEJA DE HABLAR ASÍ, TE VAS A ARREPENTIR DE LO QUE ESTÁS DICIENDO Y ESPERO QUE NO SEA TARDE.  Aquí el único error que hay es que está enredado con su hermano y eso lo vamos a solucionar esta noche.
–Ese maricón pisa mi casa y lo saco a patadas de aquí Antonia, que no se atreva a ensuciar esta casa.
–PERO MIRA QUIEN HABLA DE ENSUCIAR LA CASA, ENSUCIAR LA CASA. ¿O ES QUE TÚ TE CREES UN SANTO?.
–No, pero soy un hombre, un macho que le gustan las mujeres, no un mariquita.
–No voy a seguir discutiendo contigo, voy a mi cuarto y luego a hablar con Keiny, tu mantente al margen de todo por los  momentos, no estás en condiciones de discutir.
–A ese maricón lo quiero fuera también.
–Esta también es mi casa Arturo así que Keiny se queda.

Leonel entraba a la casa de los empleados. Keiny seguía durmiendo y desnudo. Se desvistió. Lo único que cargaba encima era su pistola, se metió en la cama y comenzó a tocar a Keiny.

Este se despierta. –¿QUÉ COÑO HACES AQUÍ?
–Vengo a cogerte y es mejor que te quedes quieto. Este culo va a ser mio de nuevo.–Le puso la pistola en el cuello mientras se echaba saliva en su pene y comenzaba a penetrar a Keiny. Al comienzo forcejeaba y Leonel le apretaba más la pistola en el cuello hasta hacerle daño, hasta que cedió. –¿Ves? Así flojito, mira como entra, tranquilo, tranquilo, relájate y disfruta.–Keiny en realidad lo estaba disfrutando, recordó su primera vez con Leonel–.

José Arturo Iba en la camioneta en el asiento de atrás sintiendo un fuerte dolor en el dedo anular que se extendía hasta la muñeca. –¿Qué pasa Keiny, por qué estoy sintiendo esto, qué estás haciendo? Pensaba José Arturo cuando de repente se le vino a la mente Leonel.
–¡Párate!, ¡Que te pares! Regresamos a casa un momento.
Cuando la camioneta da la vuelta ya casi para salir de la urbanización, dos camionetas negras le cierran el paso. Se bajan seis encapuchados y disparan a la camioneta de José Arturo con armas largas. Abren la puerta de atrás justo donde está él y lo sacan, le colocan una capucha en la cabeza y lo meten en una de las camionetas. Ambos escoltas estaban muertos, la camioneta tiroteada. Nadie vio, nadie es testigo.

–Hasta que por fin dimos contigo joven Larrazábal. Ahora vamos a saber cuánto te quiere tu familia para pagar por tu rescate. –Hablaba el que conducía. El que tenía a su lado le dio con la culata de la pistola en la cabeza.–Maldito sifrinito, ahora si vas a saber lo que es la vida, de esta no te salvas– Y otro golpe fue directo a sus costillas.

–¿Quienes son ustedes, qué van a hacer, dónde me llevan?.
 –Estás haciendo muchas preguntas y esto apenas comienza, esto no se trata de un ruleteo por los cajeros querido primo, esto se trata de un negocio. Tú vales mucho dinerito primo, mucho dinero y nuestra familia Larrazábal, Vollmer van a pagar lo que sea para tenerte de vuelta, pero eso no será ahora, todavía falta mucho para eso primito.

¿Primo? ¿Por qué me llama primo? ¿Quién es este?.

Un largo camino le tocará recorrer a José Arturo antes de saber de que se trata todo esto.

miércoles, 23 de julio de 2014

Las Trampas del Amor® Libro seis. Capítulo 11

Un paseo traumático. 

Martes a las siete y treinta de la mañana, Maikol esperaba a María Julieta en la plaza Altamira. Él había pedido el martes libre en la mansión Larrazábal para hacer varias diligencias, en realidad cuadró con María Julieta para verse y pasar el día juntos.

–Hola mi amor.–Se dieron un beso y Maikol tomó el puesto de piloto, él manejaría ahora–.
–Vamos a buscar a dos amigas para que nos acompañen.
–Ah coño, entonces déjame decirle a dos pana para que se vengan, no me gusta mucho estar con tres carajas, voy a parecer el amigo gay. No pongas esa cara, no son malandros, son unos amigos de Chacao, yo les digo y bajan en el carro de uno de ellos.
–Mmm ok ok, mira que mis amigas son sifrinitas como yo jajaja.–María Julieta le dio un beso en la boca y le tocó la entrepierna¬–.
–Deja quieto al que está quieto que no respondo.
Llegaron a la Florida a buscar a las dos amigas. Cuando se montaron en el carro y vieron a Maikol, abrieron los ojos.
–Sí muchachas soy negro y me llamo Maikol Jackson, ¿qué les puedo decir?. Esto es lo que hay.
–Ay chico tranquilo, mi amiga es tu novia no yo, y si ella está feliz pues nosotras también y te aceptaremos. Vámonos ya para la playaaaaaaa. UUUUUUUUH.
Durante el trayecto las tres amigas hablaban y hablaban sin parar de sus cosas, de la Universidad, los hombres, compras y todo lo que se les ocurría. Maikol estaba mareado y puso la radio.
–Vamos a comprar aquí las guarapitas. –Dijo Maikol
–¡Dios guarapita! Tengo meses que no tomo.
–Bueno hoy te cansarás de tomar, voy a comprar seis botellas, quédense en el carro y bajen los seguros, ya vengo.
Maikol entró a la licorería y llamó a uno de sus amigos.
<Vamos a Marina Grande, vente con Carlos, anda, yo estoy con mi jeva y voy con dos carajitas bien lindas quien quita y se empatan ustedes jejeje>
<Dale, lo llamo y te mando un mensaje, pero lo más seguro es que bajemos y ya>
<Fino, avisame>
Salió con seis botellas de guarapita, una bebida a base de aguardiente y fruta en jugo; dos de parchita, dos de piña y dos de fresa.

–Marica ¿y que le dijiste a tu mami?
–Que iba a la Universidad a unos talleres, así que no puedo llegar muy tarde, bueno con que llegue antes de las siete está bien.
–Ay yo sí le dije a mi mamá que iba a la playa, contigo y dos amigos más.
–Y no es tan falso eso, vienen dos amigos, me acaban de confirmar que si bajan, como en 20 minutos.
–¿Trajiste cámara? Yo no.
–El celular mi amor, la otra se me quedó pero tú no las puedes montar, te van a descubrir jajaja.
–Marica las monto como en 15 días y así ya digo que fui a la playa otro día whatever ¿sabes?.
–“Ya quiero llegar y bañarme con mi sifrinita y no escuchar a estas guevonas, las voy a poner a beber que jode para que se queden quietas” Pensaba Maikol mientras seguía manejando, ya faltaba poco para llegar a la playa.

Llegaron a la playa y pidieron dos toldos y seis sillas. Colocaron la cava a un lado con las guarapitas ya enfriándose. A los 15 minutos de haber llegado, aparecieron los dos amigos de Maikol.
–Les presento a Carlos y a Roberto
–Mucho gusto Verónica
–Mucho gusto  Cristina
–Hola, María Julieta. Mmmm Roberto yo creo que te conozco o te he visto en algún sitio.
–Si, nos hemos tropezado en la Universidad, yo estudio medicina y creo que tú estas en Odontología, nos hemos visto en la cafeteria y en el rectorado.
–Chico, tienes buena memoria jejeje exacto de ahí es, que coincidencia.–Se sonrió, él le devolvió la sonrisa. A Maikol se le tensó la cara.
¬–Bueno ¿quién quiere meterse al agua? Dijo Maikol.
 –Uy no, eso debe estar fríiiio, yo quiero comer unas empanadas. –Dijo Cristina–.
–Maikol buscó su billetera y le dio plata. –Compra para todos  y jugos–
–No chico, yo tengo plata.
–Yo dije que esta salida invitaba yo señorita, así que guarde su cartera y tome. Vamos los demás al agua.
Entraron al agua Maikol, María Julieta, Verónica y Roberto. Carlos acompañó a Cristina a comprar la comida.

Ambas parejas estaban en el agua pero separadas una de la otra. Verónica y Roberto conversaban. Maikol y María Julieta se estaban besando al punto de meterse mano debajo del agua, aunque disimuladamente, la gente podía intuir que ahí algo sucedía. La otra pareja que estaba en el toldo les hizo señas para que salieran a desayunar.

–¿Y tú qué haces Carlos?.–Le preguntó Verónica–.
–Estudio administración y trabajo en la ferretería de la familia, bueno de mi papá.
–Interesante, yo estudio comunicación social y quiero trabajar en la televisión, haciendo qué, no sé pero entraré. Es mi meta.
–Ah bueno, eso es importante, que tengas claro lo que quieres.
–¿Y tú Maikol, a qué te dedicas? –Ahora preguntaba Cristina–.
–Soy mecánico, trabajaba en un taller cerca de donde vivo, pero ahora trabajo en la mansión Larrazábal también como mecánico.
–Aaaaah ok, ¿y te enamoraste de la niña rica de la casa y nadie te acepta porque tú eres pobre? Jajajaja.
–“A esta la puedo agarrar y caerle a patadas hasta cansarme” Exacto, me enamoré de la sifrinita pero su familia aún no lo sabe. Pero me imagino que cuando se enteren, echarán fuego por la boca por ser un pobre y encima negro porque hay que ver lo negro que soy, debo hasta manchar, toca, toca a ver si mancho.
–Ay pero que sensible, era una broma. “uy no sé cómo Julieta se acuesta con este negro, debe oler horrible y además ni se ve…seguro es por lo que tiene entre las piernas porque el bermuda lo delata”
 Siguieron conversando un buen rato hasta que Maikol abrió la primera botella de guarapita. Y la segunda. Al terminar, Verónica y Roberto se fueron a caminar por la playa. Llegaron al final y había una zona de árboles donde muy poca gente se acercaba. Entre risas y pellizcos se metieron al pequeño bosque. Ambos ya estaban algo alborotados por el aguardiente, sobretodo ella.

Llegaon hasta un pequeño árbol donde estaban lejos de las miradas de la gente de la playa y de los pocos que caminaban por ahí. Roberto comenzó besarla y a tocarle los pechos. Una mano bajaba a su entrepierna. Verónica se estremecía. Roberto ya marcaba una erección en su short. Se bajó la parte delantera y le bajó el bikini a ella.
–No por favor, no, no, todavía no, sin condón no.
Roberto se detuvo. –Yo tengo en el bolso luego regresamos por ellos, ¿quieres? Mámalo–.
Ella se agachó y comenzó hacerlo, pero se acercaba gente y él la detuvo. Se acomodaron y salieron de ahí. Se reían por la aventura. Al llegar al toldo bebieron otra botella con los demás, conversaron, rieron y echaron cuentos.

Maikol y María Julieta volvieron al agua y entraron más a lo profundo pero aún daban pie. Hicieron el amor en el agua.
–Me está doliendo, tienes ese pipí enorme.
–No es el pipí, es el agua que no lubrica, el roce se siente más. Pero aguanta que esto está muy rico.
Se besaban. María Julieta abrazaba con sus piernas a Maikol.
–Para para, estoy mareada y borracha jajaja.
Maikol se detuvo, se vistieron y salieron. –Me cortaste la inspiración sifrinita–.
–Tranquilo que ya repetiremos, quiero seguir bebiendo.
Llegaron de nuevo al toldo y sólo estaban Cristina y Carlos. Verónica y Roberto regresaron al bosque, esta vez sí lo hicieron.
–Vamos a abrir otra botellita que todavía quedan. –Decía Maikol–.
–Ven sifrinita bebe de la botella. –Le pasó la botella y luego se la pasó a los demás y así se bebieron todos, sin vaso–.
Venían de vuelta la otra pareja y estaban felices.
–Marica llévate al negro al bosque y háganlo ahí es lo máximo. –Le dijo Verónica a María Julieta al oído.
– Ya lo hicimos en el agua ¿Lo hiciste con Roberto?, ¿y que tal?
–Dios, divino ese niño.
Abrieron otra botella y el mismo procedimiento; se pasaban la botella y bebía cada uno.

–Vamos pal bosquecito negrito, vente.
Se fueron a caminar y llegaron al bosque. –Te voy a coger en ese árbol, parada, vente.
Comenzaron a hacerlo y unos segundos después a María Julieta se le pusieron los ojos blancos, se puso tensa y se desmayó. Cayó al suelo.
–Sifrinita, sifrinita, ¿qué te pasa?, sifrinita, Julieta, no me asustes MIERDA. –Comenzó a darle cachetadas para que reaccionara pero nada, no se movió. La alzó y la cargó corriendo con ella en brazos por la playa.
Llegó al lugar donde estaban los demás.
–Vámonos ya, tenemos que llevarla a un hospital, no sé que tiene.
Las muchachas se montaron en el carro de Carlos y Maikol iba en el carro de María Julieta con ella.
–Mi amor aguanta, despierta coño. ¿qué tienes, qué tienes?
Centro de Diagnóstico Integral. –Entraremos aquí mi amor, aguanta, aguanta, aguanta– Le hizo señas al otro carro para que lo siguiera.
Entraron al centro con María Julieta en brazos.–POR FAVOR, ALGUIEN QUE LA ATIENDA, ESTA INCONSCIENTE–. Llegaron unos camilleros y la acostaron. Entraron en emergencia, un espacio reducido que estaba colapsado.
–Salgan de aquí, ya les avisaran alguna novedad, esperen afuera.
Cada 15 minutos Maikol entraba a emergencia a ver si atendían a María Julieta. Una hora después sale uno de los médicos.
–¿Quién es familia de María Julieta Larrazábal? Un tono cubano que impresionó a Maikol.
–“Coño la vaina es verdad, aquí hay cubanos” Si, somos sus amigos, ¿qué pasó?
–Bueno, vaya, la muchacha tiene un coma etílico, ¿ustedes qué tomaron?
–Unas guarapitas.
–¿Ustedes saben que esas bebidas no tiene permiso sanitario y además que la mezclan con cualquier cosa y  pueden usar hasta fruta pasada?
–Coño papá sí, si lo sabemos ¿pero ya está bien, se va a poner bien?.
–Se está recuperando, pero hay otra cosa. La muchacha está embarazada, creo que no lo sabía ni ella porque lo que bebió vaya era para un batallón. Tiene nueve semanas de embarazo. Todo se detuvo en el entorno de Maikol, su vida le pasó frente a sus ojos; el barrio, su casa, su familia, el papá de María Julieta hablando con él alentándolo a tener sexo con su esposa, María Antonieta teniendo sexo con él, su amigo Keiny. Se imaginó que lo botaban de la mansión.
–¿A que hora no las podemos llevar Doctor? Decía Maikol, no podía pensar en otra cosa sino en el bebé.
–Dentro de una hora podrá salir de aquí ahora por favor esperen en la entrada del centro, tenemos mucha gente hoy.

Una hora después salían del centro de salud con María Julieta.
–¡Marica estás embarazada! Y encima de este negro. ¡Qué bolas!. Decía Cristina
Maikol se volteó y agarró por el cuello a Cristina. –¡Este negro tiene nombre blanca de mierda!
–¡Suéltala Maikol!, mosca– Le dijo Roberto. Maikol la soltó.
–Carlos, llévate a estas dos a su casa por fa, yo me voy con María Julieta.

Ya iban subiendo a Caracas. Maikol manejaba. –Un bebé sifrinita, vas a tener un bebé. Voy a ser papa– Iba sonreído.
 –Mis papás me van a matar, me van a matar…
–Tranquila mi amor, en este peo nos metimos los dos, yo no te voy a dejar sola coño.
–Gracias negrito…no me dejes sola, yo pensé en esa camilla cuando me lo dijo el médico, que ibas a salir corriendo y te ibas a desentender.
–El tipo que dejó preñada a mi mamá si se desentendió de mi, es más, ni lo conozco. Y yo no quiero eso para mi chamo o chama, lo que venga. Yo lo voy a querer, cuidar y proteger y ahora más que casi lo mando pal otro lado con todo el alcohol que te dí hoy.
–No sabíamos mi amor,  apartir de hoy me cuidaré.–Sonó el celular de María Julieta–Mi mamá, espera.
<Hola mami…si, ya voy para casa, tranquila todo bien, hablamos ahora que estoy manejando, besos>
–Dios que terror tengo, no sé como se lo voy a decir, pero hoy no.
 –Tranquila que ya buscaremos el momento, se lo diremos los dos.

Llegaron a Caracas, María Julieta dejó a Maikol en el metro y ella siguió a su casa.

martes, 22 de julio de 2014

Las Trampas del Amor® Libro seis. Capítulo 10

Disfrutando los beneficios. 

Gabriel dormía plácidamente en la amplia cama. Comenzó a moverse y a estirarse envuelto en las sábanas.
Augusto estaba de pie frente a la cama, ya vestido y tomando un café.
 –Buenos días caballero. Parece que ha dormido muy bien.
–Mmmmmmm ¡Buenos díiiias! ¿Qué haces ya vestido? Ven quédate aquí empiernao conmigo, además me debes algo.
–En la cocina está tu desayuno listo. Terminas de comer te duchas, te vistes y te vas a casita.
Gabriel terminó de estirarse y con el ceño fruncido vio a Augusto.

–¿Perdón? Así ¿sin anestesia? Me voy.
–Si papá, tengo que ir a la Colonia Tovar a visitar a mis papás que viven allá. Bajo tempranito mañana.
–Ah ok, bueno, no me habías dicho nada, podíamos haber dejado nuestro encuentro para otro día. –Se levantó de la cama y se puso en interior– Voy a desayunar.
–No tengo porque darte explicaciones de mi vida, no somos nada, si eso llega a ocurrir será otra cosa. Te acompaño a desayunar.
Coño…este pana es más frío y es una panela de hielo, que seriedad. Esto se ve muy bien.
–Disfrútalo. Tanto como yo disfruté tu cuerpo anoche. Estuvo genial.
–Vaya, pensaba que los sentimientos se te habían ido de paseo…
–Tranquilo soy el mismo de ayer. Buen provecho, voy a recoger unas cosas en el cuarto para mi visita, ya vengo.
Luego de acomodar un pequeño bolso para irse a ver sus padres, salió a la cocina y acompañó con otro café a Gabriel.
–Bueno Gabo, si te quieres duchar en el baño tienes todo, jabones, gel, champú, toallas, lo que quieras. Yo me voy a ir para no salir tarde, cuando salgas simplemente cierra la puerta y la reja y bajas por las escaleras, abajo abres la reja de salida. Si te quieres quedar un rato más puedes hacerlo. Me voy. –Le dio un beso en la boca. –Estamos en contacto, te aviso para vernos en la semana, una cena, un cine o simplemente venir para acá, bye.
–Bye, ve con cuidado, avísame cuando llegues a la Colonia Tovar.

–Chao, un beso.
–Carajo que tipo tan seco…que arrecho. Pero anoche tiró… Dios, un demonio, tira divino el carajo. Pero me tiene desconcertado, ¿querrá algo serio?. Veremos que pasa.

Camila Restrepo llegaba al apartamento que Felipe le habiá dejado como usufructo. Estaba con con sus hijos, su mamá y Antonio, el Notario que conoció el día de la lectura de la herencia.
–Wao, esto está increíble…no me lo puedo creer.
–Pues creálo, aquí vas a vivir y disfrutar de esto por 30 años. Aunque tienes la opción de comprarlo.
–De momento instalarme y ver que hago con mi vida, porque aún no sabemos cuando me dan la cuenta con los dólares, ¿no?.
–Pues eso va a tardar unas semanas más así que no cuentes con eso ahora para hacer tus cosas.
El apartamento tenía tres habitaciones, en uno estarían los niños, en el otro su madre y el principal para ella.
–Voy a avisarle a la gente de la mudanza que suba tus cosas. –Le dijo Antonio–.
Comenzaron a subir las maletas y varios muebles al nuevo apartamento. Mientras la mamá se encargaba de la gente, Antonio se llevó a Camila a la habitación personal. –¿Hoy si me vas dar lo mio?–
–Heeeey no, no, está aquí mi mamá, te dije que no.
–Te pago, es tu trabajo, pero quiero estar contigo.
–No se trata de eso chico, mi mamá no sabe en que trabajo y además que no voy a hacerlo con ella y mis hijos aquí. Deja que me instale y cuadramos.
–Adelántame algo, anda, una mamadita, rápido.
Camila accedió y se sentó en la cama y le bajó el cierre del pantalón. Ella estaba concentrada en su asunto cuando de repente abren la puerta.
–Ay disculpen, disculpen, perdón. –Uno de los empleados de la mudanza había abierto la puerta, pero la cerró inmediatamente.
 –¿Ves a que me refiero?, acomódate y salgamos.
Salieron de la habitación y la sala estaba revuelta, los niños corriendo entre los muebles y la madre de Camila estresada entre las cajas y los niños. Camila se vio con el muchacho que había abierto la puerta. –Disculpe la intromisón señorita–
–Tranquilo, ¿cómo te llamas?
–Ernesto.
–Toma Ernesto, esta es mi tarjeta, cualquier cosa me llamas.
–Gracias, la llamaré.
Antonio no logró ver que había pasado pero se dio cuenta que algo pasó. Se acercó a Camila.
 –¿Qué pasó con el tipo ese, qué te dijo?
–Ay chico dejas los celos que tú y yo no somos nada. Simplemente me pidió disculpas por lo sucedido y me entregó una tarjeta de la empresa para próximas mudanzas, más nada.
–Mmmm ok, bueno belleza voy a ayudar a tu mamá a meter sus cosas en el cuarto y me voy.
 –¿No vas a comer aquí?
–Acuérdate lo que te dije, hoy es domingo y tengo que comer con la esposa y los hijos, sabes como es.
–Si, si, ya me conozco esa historia. Ve, cuando tengas tiempo para mi, me avisas.
 –Me acabas de decir que no somos nada, deja el reclamo.
–Ve a ayudar a mi mamá y te vas, ¿sí?.
Camila estaba feliz, ahora comenzaba una nueva etapa en su vida, tenía que sentarse a pensar que iba a hacer, seguir con lo que está haciendo, montar un negocio o algo. –De momento tengo que seguir haciendo lo que hago porque dinero no tengo, bueno, no mucho, tengo que seguir produciendo mientras llegan los dólares y sentarme a pensar–.

Lunes 10 de la mañana, Camila Andueza y su hermano Gabriel llegaban a la disquera donde Felipe negoció la producción del disco de Camila.
–Estoy nerviosa hermanito, estoy temblando y más porque no sé hasta donde llega la negociación de Felipe.
–Ya se van a enterar, créanme que es un buen negocio y si todo sale bien van a venir cosas muy buenas. –Les dijo el abogado y albacea de Felipe–.
–Que así sea. Espero que valga la pena porque estoy escapado del comando.
–Gracias hermanito.
Entraron a la sala de reuniones. Ahí estaba el presidente de la disquera y dos productores.
–Buenos días señorita Andueza, señor Andueza, entiendo que usted es su manager.
–Así es, su hermano y manager, Gabriel Andueza.
–MMM Tu trabajaste en el periódico El INFORMADOR, ¿cierto?
–Así es, hace tres años.
 –Eres muy bueno….Podemos conversar luego. –Hablaba el presidente de la disquera–
–Bueno, como ya saben esto es un negocio y como tal se manejó, estás aquí por un convenio de bastante dinero para que grabaras un disco, –Hablaba uno de los productores– sabes que la situación del país no está como para que salga un desconocido o desconocida a la palestra musical, sería un fracaso rotundo. Así que nosotros vamos a apostar a ganador. Para eso nos contrataron. Tenemos a dos talentosos compositores, a lo mejor un tercero, sería bueno que tuvieras una canción tuya.
–Si, la tengo, de hecho tengo cuatro y aquí están las maquetas.
–Ok, luego las escucharemos. Vamos a manejarte como producto de intriga. Vas a sonar en las emisoras sin que nadie sepa quien eres. Habrá una campaña de intriga por television. Imagínate la cantidad de dinero que han invertido en ti, que vamos por una campaña en televisión. Esto no se ha hecho en más de 15 años, así que tenemos que hacer un producto de calidad y aquí gran parte del peso lo llevas tú, aunque la maquinaria te va a ayudar.
–Nuestra maquinaria esta unida a un canal de televisión, vas a firmar exclusividad con ellos una vez que el disco salga a la venta. Un primer tiraje se va a adquirir con la compra del periódico EL INFORMADOR  dando una cantidad de dinero, pequeña, el resto del costo lo asume el periódico y nosotros.
–Está muy bueno eso, ¿pero las ganancias de ese tiraje, las va a percibir Camila?.
–Bueno es algo complejo, esta negociación es atípica, tu hermana va a recibir un pago mensual mientras dure la intriga, la elaboración del CD y comience la promoción, luego de ahí hablaremos de las regalías. La campaña de intriga debe durar 45 días. Aquí está el contrato en detalle, se lo llevan, lo estudian con su abogado y en 72 horas queremos una respuesta. Tenemos que escoger un nombre artístico, nos parece innovador usar tu apellido, que la gente no sepa si eres hombre o mujer y tu voz, en eso, ayuda. Felipe nos dijo que te gusta la balada y ritmos tropicales.
–Así es, pero puedo cantar lo que gusten y se acople a mi voz eso ya lo verán ustedes cuando escuchen la maqueta.
–Ya le hemos escuchado Camila. Está excelente. Tienes una voz extraordinaria, podemos irnos por el POP tropical una que otra balada. Por supuesto nos lanzaremos con algo bien pegajoso y hasta hemos pensado hacer un cover de alguna canción, decide cual te gusta o la que hayas cantado más en tus toques y aquí la pulimos y le damos tu sello personal.
–Todo eso lo vamos a discutir el jueves cuando acepten los términos del contrato. Ahí está especificado todo, hasta tu pago mensual que acordó Felipe para ti.
Este cabrón al final se fue siendo buena gente. Que hijo de puta. pensaba Gabriel.
Justo antes de que Gabriel se levantara de la silla, una de las rueda se partió y la pata cedió cayéndose él al suelo. Coño palabra cierta, el cabrón me jode tirándome de la silla.
 –¿Todo bien Gabriel? –Decía el presidente. Todos se levantaron para ayudarlo.
 –Si si, todo bien gracias jeje no fue nada. Bueno el jueves estaremos aquí con una respuesta y cuadrando detalles sobre la campaña.

Salieron de la disquera contentos. Iban a ir a un restaurante a celebrar y a hablar con el abogado con más calma.
–Creánme que este contrato está blindado. Aquí obviamente se beneficia la disquera pero ustedes también. Felipe selló el contrato para beneficio tuyo. Es decir Camila, la disquera te va a hacer famosa cueste lo que cueste. Cuando lo leas, verás que tienes garantizados dos CDs, en el caso que ellos no cumplan te pagaran una indemnización, si pasa lo contrario ahí si que sales un poco mal parada pues tendrías que pagarles tú a ellos. A menos que hayas hecho negocio con otra disquera y ellos asuman la multa. Pero créeme que no es el caso. Vamos a brindar y pidan lo que quieran. Felipe Gutierrez paga…Salud.

lunes, 21 de julio de 2014

Las Trampas del Amor® Libro seis. Capítulo 9

Tarde de esparcimiento Parte 2 

Ya eran las nueve de la noche y los padres de José Arturo se habían retirado a su habitación. María Julieta estaba entretenida con los amigos de su hermano. Keiny y José Arturo se desinhibieron y estaban en una tumbona abrazados y abrigados. Gabriel y Augusto estaban apartados de los demás hablando y besándose. Carlos Luis se fue a acostar, pues se sentía mal.
–Hey Augusto, Gabo, vengan acá antisociales.
–Me cae mal ese Augusto, ¿pa qué lo invitastes?
–¿Tú para que crees que lo invité? A ver si Gabo termina de conocer a alguien que de verdad le mueva el piso.
–¿Y ustedes e intercambian los machos pa cogérselos? Coño papi, que vaina con lo de Carlos Luis…que cagada…feo, feo. ¿Lo vas a ayudá?
–Keiny no empieces y no estés hablando guevonadas…En lo que pueda y él quiera, lo ayudaré, así lo haré amor.
–Yo también.
José Arturo se levantó de la tumbona junto a Keiny.
–¿QUIÉN QUIERE METERSE A LA PISCINA?
–¿Qué? Con este frío estás loco.– Decía Lucía.
–La piscina está climatizada, tranquilos y además aquí tenemos toallas bien grandes y gruesas para el frío.
Se quitó la ropa y quedó en traje de baño y se lanzó de clavado al agua. Lo siguió Keiny.
Todos se lanzaron al agua, menos Susana.
–Vente Susy, lánzate.–Le gritó José Arturo.
–No mi amor, tranquilo, estoy con la visita. Yo les preparo los tragos y me acerco al borde. ¿Qué quieren tomar?.
Todos pidieron su tragos y a los pocos minutos Susana regresaba entregando a cada uno su bebida.
–¿Qué me querías contar malandrito?
–Ay papi… bueno…este…es que…cuando yo trabajé en otras casa limpiando piscinas y jardines…bueno…yo… tiré con las dueñas de las casas…y varias de esas casas son de por aquí.
–Ya va, ya va, ¿te acostaste con las mujeres de esas casas?
–Bueno, las mujeres no, sólo las dueñas.
–Ah bueno ya me quedo más tranquilo. ¿Pero qué es eso? Ya va, tú eres el jardinero que se acostó con Susana, la mamá de Lucía, ella me contó eso hace meses…
–Y también con la mejor amiga de tu mamá…es que esas viejas todas andan o andaban quesúas, no sé…y yo me las cogí.
–No puedo creer esta vaina, por eso pretendías cogerte a mi mamá también.
–Bueno….más bien ella a mi, pero es que yo…ya estaba embobao contigo y no quería pero ella insistía y como sabía que iba  a ser mi suegra pues lo dejé así
–Ay que lindo. ¡Pendejo! ¿Hay algo más que debo saber de mi marido?
–Sí, que esto te lo iba a contar seguro Lucía por eso yo me adelanté cuando la ví aquí. Y bueno hay otra cosita…
–¿Qué pasó Keiny?
–Te amo. Verga y que bonito ese poco ‘e vainas que dijistes cuando me presentastes con tus amigos…se me aguó el guarapo.
–Yo también te amo mi lindo. Sólo te pido algo.
–¿Qué papi?
–Bueno dos. No vuelvas a acostarte con una mujer en tu vida mientras estes conmigo y lo otro que ya no me digas papi.
–Con la única mujer que compartiré cama será con mi hija cuando adoptemos una.
José Arturo quedó sin aliento por unos segundos y sus ojos se llenaron de lágrimas. No hizo otra cosa que tomar a su novio por la cabeza y besarlo.
 –Te amo carajito, te amo como nunca he amado a alguien en esta vida. Ojalá tengamos vida para vivir eso y que podamos adoptar.
–No joda unos vientres en alquiler y fuera ese peo.
–jajaja loco.
José Arturo salía de la piscina para buscar otro trago. Lucía salió también y lo acompañó. –José, quiero hablar contigo–
–Aja, cuéntame.
–Mira…es sobre Keiny…tu novio…tú te acuerdas cuando yo te conté que teníamos un jardinero…
–Si, si  Lucy, esa historia me la sé y también sé que el jardinero es Keiny. Toda esa historia me la contaron y el pasado de mi novio no me interesa. Es duro lo que te estoy diciendo porque es tu mamá pero tampoco fue que la obligaron, ella quería, así que tranquila mi amor. Keiny y yo ya lo hablamos y todo perfecto. Acompáñame a servir unos tragos.
–Wao…bueno…que bueno que te lo tomaste bien…aunque te confieso que me chocó verlo aquí y encima que sea tu novio, pero en fin, esa es tu vida y si tú eres feliz yo también.– Lucía lo abrazó y le dio un beso en la mejilla.

Sirvieron los tragos, compartieron un par de anécdotas entre risas y regresaron a la piscina para repartir las bebidas.
–Bueno señores, todavía queda noche y alcohol así que a seguir disfrutando–Fue hasta donde Keiny y le dio un beso en la boca. No se había sentido tan libre en su casa como esa noche, sabía que eso era momentáneo pero lo estaba disfrutando.
Susana se acercó a José Arturo. –Hola Keiny, ¿te puedo robar a nuestro novio unos minutos? Jejeje quiero hablar con él en privado.
–Claro mi reina pero me lo traes de vuelta rápido jejeje–.

Ambos se fueron a un extremo del jardín un poco apartados del grupo.
–Cuéntame–
–Estoy embarazada.
José Arturo se le quedó mirando a los ojos sin hablar, pasaron varios segundos.
–Coño…¿no habíamos quedado en que eso iba a estar en stand by mientras resolvíamos?
–Bueno sí José, pero estoy saliendo con Dumas, tú sabes y bueno, yo me estaba cuidando pero no sé, ese hombe tiene espermatozoides de caballo porque estoy tomamdo pastillas desde hace meses y meses. Dumas no lo sabe aún, no creas anda medio molesto con este acuerdo contigo pero lo ha ido asimilando pero esto cambia las cosas.
 –Wao…¿cuánto tiempo tienes?
–Ocho semanas
Otro silencio. Un suspiro y continuó. –Bueno, dame un chance de un mes y resolvemos, terminamos la relación, te voy a pedir que poco poquísima gente sepa del embarazo porfa hasta que resolvamos ¿sí?
–Ok mi amor,  y discúlpame.
–No chica, nada que disculpar, yo te metí en este peo, tú tienes una vida, y esto tarde o temprano iba a suceder, no lo esperabas pero sucedió y es lo más bonito que te va a pasar en la vida así que pa’lante. –Le dio un beso–.
Ya era las 11:30 de la noche y Susana ya se quería ir. –¿Será que uno de tus escoltas me puede acompañar hasta casa?–
–Claro mi amor, vente que te acompaño. –Llegaron a la entrada y estaba Leonel.
–Hola Leonel, por fa ¿puedes acompañar a Susy hasta su casa?–
–Claro vale, ¿cómo estás Susana?
–¿Bien y tú? Ay gracias Leonel de verdad me da como miedo irme sola.
José Arturo regresó a la piscina y le bajó el volumen a la música para no molestar a los vecinos ya que se acercaba la medianoche. Todos seguían dentro de la piscina. Keiny se estaba sirviendo otro trago. En una esquina de la piscina en la oscuridad estaba Augusto y Gabriel. Gabriel estaba pegado en el rincón y sin el traje de baño puesto, Augusto se lo había quitado.
José Arturo se acercó a esa esquina de la piscina y se agachó. –¿Por qué no se van al apartamento de Augusto y tiran allá en vez de hacerlo en mi piscina?–.
Augusto se echó a reir. –Disculpa José, el alcohol ya está haciendo estragos, tranquilo que nos iremos a mi casa y seguimos, aquí nos portaremos bien–. Se abrazon y se besaron. José Arturo los dejó solos y fue a buscar a su novio.

–Y pensar que yo no iba a venir, de hecho tenía que ir a trabajar hoy a la oficina, José Arturo me insistió que viniera, creo saber porqué  y bueno gracias a Dios vine y me relajé en esta parrillada y conocí gente interesante.
–Que bueno escuchar eso, yo también me alegro de haber venido y ahora estar aquí en buena compañía. No sé que pueda pasar mañana, pero ¿te puedo pedir algo?.
–Uy, a ver ¿que será eso?.
–No te afeites más nunca en tu vida los pelos del pecho por favor.
–JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA ok ok.
–¿Por qué te los quitas?
–La verdad me gusta como se me ve rebajaditos, pero no tengo problema en dejárlos crecer, eso sí, no te prometo dejarlos largos por siempre pero lo puedo hacer por un tiempito.
–Wao, que rico jejeje.

12:35 de la noche Keiny y José Arturo se desaparecieron un rato,  el resto del grupo estaban fuera de la piscina hablando. Al rato se incorporó la pareja anfitriona. –EEEESOOOOOO le dieron lo suyo señor Larrazábal–. Todos rieron, María Julieta sonreía y pensaba. “Ojalá estuviera mi negrito aquí”.
Augusto conversaba con Gabriel. –Carlos Luis fue tu pareja y está aquí en casa de José, ahora durmiendo, pero aja, ¿se va a quedar aquí? ¿lo vamos a llevar a su casa?–
–Me da vaina despertarlo, lo que puedo hacer es buscarlo mañana, bueno, hoy más tarde.
–No lo vayas a dejar solo, mira que está pasando por un momento difícil y además por lo que me has dicho está solo. Ayuda al carajo en lo que puedas
–Tranquilo, que no lo voy a dejar solo. Él sabe que cuenta conmigo. Y tranquilo que yo lo que siento por él es un gran cariño, lo adoro. –Le dio un beso a Augusto en la boca. –Y tú me gustas– le dijo Augusto.

Augusto y Gabriel se fueron pero los demás amanecieron en la mansión, siguieron en la piscina hablando y bebiendo. José Arturo estaba relajado y feliz, añoraba esos momentos con los amigos.