jueves, 7 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. The nanny. #FrançoisSomosTodos


Ya estaba de vacaciones escolares y solo tenía las clases de inglés lunes, miércoles y viernes en la mañana en dos empresas.
Humberto el papá de los gemelos habló conmigo para que me encargara de ellos mientras él estaba trabajando, que me pagaría un sueldo por los meses de vacaciones. Los gemelos no podían estar más contentos, bueno, yo también pero por otras razones que no tienen que ver con el sexo. Esos chamos me caen bien y están muy solos.



Tanto me insistieron –sobre todo Abel– para ir a un sauna, que me convencieron pero teníamos que ir a uno que no pusieran tanto pero por ser menores, en el caso que se dieran cuenta -que se iban a dar al ver las cédulas-, pues le pagaba algo extra al hombre.

–Es un sauna asqueroso pero es el que podemos ir y vamos a llevar condones, ni se les ocurrar tirar sin ellos.

–Si, si tranquilo, ¿Cuándo vamos?.



Fuimos el jueves así que le pedi permiso a Humberto para quedarme en su casa el miércoles en la noche –Para aprovechar el día– y así salir apenas él se fuera al trabajo, mientras más temprano llegáramos mejor, el sauna es casi 24 horas.

Ese miércoles no me libré de tirar con Humberto, pero antes que llegara él de trabajo ya yo me enccontraba en el apartamento y por supuesto tuve nuestro Ménage à trois con los gemelos.



Estos carajitos son muy creativos y en el sexo más. Abel compró un rosario anal para que yo se lo metiera mientras que Caín me cogía. Algo goloso, se compró uno bien largo y comencé a metérselo uno a uno, poco a poco.

Caín me estaba cogiendo y al ternaba con un dildo. Cuando le introduje todo el rosario –No paraba de decir Dios, que oportuno–me puse frente a él y, todavía en cuatro comenzó a mamarme el guevo mientras su gemelo le iba jalando el rosario. Cuando lo sacó todo le metió el guevo y luego el dildo. Abel se devoraba mi verga.

Caín se salió y le dijo a su hermano que se lo mamara, yo me puse el condón y comencé a cogerme al gemelo, cuando ya estaba a punto de venirme escuchamos unas llaves que abrían la reja. Brincamos de esa cama y nos vestimos lo más rápido que pudimos. Yo entré al baño de afuera y esperé unos segundos, me lave las manos, bajé la poceta y salí. Tenía la respiración acelerada.



–Hola chicos buenas noches –Les dio un beso en la mejilla a cada uno y a mi un apretón de mano. –¿Les pasa algo?  Están como agitados, rojos.

–Es que estabamos jugando Playstation y recién terminamos. –Le dije.

–Mmmmm bien, vamos a cenar, les preparo algo. -Creo que no se lo creyó mucho. –Voy a cambiarme y bajo con ustedes. François ¿puedes venir un momento a mi cuarto?

Abel me miró y se sonrió.

–Vayan sacando el pan, queso, pavo, tomates, lechuga, bueno, lo que quieran ponerle que ya bajo.

–¿Ya bajo? Estos van a  tirar, seguro se tardan un par de horas. –Le susurró Abel a Caín.



–¿Qué tal François? ¿cómo está todo? ¿ cómo te trataron los demonios estos?

–Bien vale, yo me siento bien con ellos, repasamos un poco de química no mucho porque ya están de vacaciones pero para memorizar algunas fórmulas.

–Me parece bien. ¿Qué van a hacer mañana?

–Quiero llevarlos a varios sitios en el centro para que conozcan algunos museos y sitios históricos que creo que no conocen

–Ah bueno, tengan cuidado. ¿Necesitas plata para eso?

–No Humberto, tranquilo, yo corro con los gastos, un placer.

–¿Te estás tirando a los gemelos verdad?

En ese momento sentí como se me congeló el cuerpo y no podía moverme ni hablar.

–Mmmmm, no, bueno, eh.

–Sólo te voy a decir algo François, ellos son menores de edad pero no son ningunos guevones, yo tuve sexo la primera vez a los 14 años. No les hagas daño, no les enseñes lo peor de este mundo y del mundo gay y no los corrompas. Esos carajitos te aprecian mucho y si estás aquí en casa es porque ellos me lo pidieron. Ese par es lo único que yo tengo en la vida, ya mis papás no están, mis dos hermanos están fuera, uno en Australia y el otro en China, imagínate, así que somos nosotros 3.

Si Humberto supiera que esos niños ya estaban enviciados cuando los conocí…

–Tranquilo Humberto, yo los voy a cuidar mientars tu no estés cerca, te lo prometo.

Mientras hablábamos, Humberto se quitaba la ropa y se ponía un boxer y una franelilla, y yo estaba que me moría ahí mismo.

–Vamos a bajar para preparar unos sanduches y unos Toddys



Bajamos y los gemelos estaban en la cocina lavando los platos, se sorprendieron al vernos bajar tán rápido.

–Bueno, bueno, bueno, vamos a ponernos pilas a preparrar la cena.



 Los 4 nos pusimos a preparar 8 sanduches y una jarra de Toddy, era pura risa y jodedera. Cuando me aparté un poco de ellos vi a los gemelos reirse con su papá. Siempre los veo contentos, pero la risa de hoy era genuina, estaban disfrutando ese pequeño momento con su padre y eso me hacía feliz. Ya, listo se  acabó el momento familiar y aleccionador. Sigamos.



Tarde en la noche nos despedimos para dormir. Los gemelos, cada uno en su cuarto, Humberto en el suyo y yo en la habitación de huéspedes.

Luego de una hora acostado estaba entre dormido y despierto, en eso oigo que abren mi puerta, solo veo una silueta pues la luz de afura no me deja detallar bien quien era, pero por el tamaño me imaginé. Enciendo la lamparita de la mesita. Era Humberto, estaba sólo en boxer, mostrando aquel matorral en el pecho que ya hizo que el guevo se me moviera.



–Quiero que subas a dormir conmigo, vente. -Se fue y yo salté de esa cama para subir. Entro al cuarto y Humberto está tumbado en la cama desnudo, sólo la luz de la mesita lo ilumina y sus vellos brillan. Me quito el boxer y la franela y entro en la cama.

Se acerca a mi y me abraza, cuando siento esos pelos en mi pecho se me eriza la piel.

–Esta noche no quiero sexo, quiero decir penetrarte, quiero que estés a mi lado abrazándome y duermas conmigo.

Me abrazó y me dio un beso en la boca. Su mano se fue a mis nalgas y sus dedos a mi culo, me apretó más a su pecho, yo le agarré su guevo. Cuando me soltó bajé a mamárselo, entonces se puso boca arriba y dejó que hiciera lo que tenía que hacer.



Ese guevo rodeado de pelos me estaba volviendo loco, yo se lo mamaba completo, lamía el glande y bajaba por todo el guevo hasta llegar a las bolas y más allá.

–Móntate que quiero mamártelo.

Un 69 glorioso, ese hombre se tragaba mi guevo, yo disfrutaba del suyo. Nos pusimos de lado y comenzó a meterme un dedo en el culo, luego 2 y 3, me estaba excitando cada vez más entre los dedos en mi culo y mi guevo en su boca iba a estallar. Le avisé.

Sacó el guevo y le acabé en aquella felpa, yo seguí mamando hasta que el también se corrió en su barriga. Me volteé y me acosté sobre él y sobre todo ese glaseado. Nos besamos y luego a la ducha.



Le enjaboné ese pecho. Creo que Humberto gasta una pastilla de jabón cada vez que se laba el pecho y  la barriga. Terminamos de ducharnos, nos secamos y así desnudos nos fuimos a la cama. Humberto volvió a abrazarme y mi cabeza se acomodó en ese pecho acolchado. Fue la primera vez en muchas semanas que no dormía tan bien. No tuve las pesadillas recurrentes con el sicario. Me sentí bien, cómodo, tranquilo.



A las 5 de la mañana suena el despertador. Humbero brinca a la ducha, al salir me encuentra sentado en la cama viendo la televisión y se sienta a mi lado.



–Quiero que te mudes a esta casa.

–¿Perdón?

–Lo que oiste. Quiero que vivas con nosotros, nos hagas compañía.

–Humberto, ya va, espera, yo…yo no quiero nada serio, no quiero que esto se convierta en una relación, que seamos exclusivos.

–Sólo quiero que vengas a vivir aquí, más nada, luego tú haces con tu vida lo que quieras. Pero te quiero cerca de mi familia. ¿Es mucho pedir? .

Le di un beso en la boca. –¿Lo puedo pensar?

–Mañana me das una respuesta, duerme . Me dio otro beso y se fue a vestir.

Sonó su celular.

–Es Susana.. ¿qué querrá? ¿Le contesto?

–¿Para qué, despues de tantos días que va a querer?



<<Aló, ¿qué quieres Susana? Voy rumbo al trabajo>>

<<Quiero que hablemos, quiero volver, no me puedes dejar así, te necesito, estoy sola, mi mamá no me quiere en casa, ayúdame>>  –Humberto se sentó en la cama y agachó la cabeza.

<<¿Y me llamas sólo por eso? Para que te ayude y te de dinero>>

<<Te amo>>

Humberto comenzó a llorar <<Yo también te amo, pero me hiciste daño, mucho daño>>

<<Vamos a hablar y te explico todo, perdóname mi amor ¿sí? No puedo vivir sin ti>>

<< Ok, esta tarde nos vemos –Humberto se limpiaba los ojos y la nariz con la toalla. Colgó.



Me dijo lo que le había dicho.

–¿Y piensas volver con ella?

–Me va a explicar, me dijo que no puede vivir sin mi y yo tampoco puedo vivir sin ella.

–No puede vivir sin tus reales Humberto.

–Disculpa por lo que te dije de venir a vivir aquí, me precipité.

–No, tranquilo, pero creo que te estás precipitando con ella, no has hablado y ya la estás perdonando y pensando en que te la traes para acá otra vez.

 –Me voy a vestir que ya es tarde. Avísame cualquier cosa de lo que hagas con los chicos ¿si?. Gracias por quedarte conmigo esta noche.

–De nada, Humberto, me encantó.



Terminó de vestirse, iba descompuesto.

miércoles, 6 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS 3. La muralla que me cayó encima. #FrançoisSomosTodos


Cuando mi jefe me mandó la dirección y leí que decía Agua Salud, estuve a punto de decirle que no podía, pero es que mi jefe…no se le puede decir no a esa mole de pelos. Por cierto mi jefe se llama Arlindo, nombre que no cuadra para nada con él, jefe suena mejor y así me siento como dominado, yo el empleado obediente. ¡Qué morbo me daba eso!.


Decidí irme en taxi, ni de vaina iba a ir en mi carro, aunque el tipo me cobró sobreprecio los pagué sin chistar, le dije que me buscara cuando lo llamara y por supuesto otro dineral, pero el polvo vale la pena.



El edificio era pequeño pero casi en ruinas, sucio y oscuro. Estaba en el tercer piso, toqué la puerta y me abrió aquel mastodonte que me recibió sin camisa y yo sin poder detener la micción. El lugar estaba desordenado y olía entre húmedo y basura, hacía calor.

–Disculpa el desorden pero llegué hace rato de la marcha y me puse a comer y tomarme unas cervezas.

Tirado en el sofá que estaba roto y sucio, estaba Juan, el niñato de la limpieza, estaba vestido igual que en la marcha, así que ni se había duchado.



–Juan ve a comprar lo que quieras allá abajo.

–Pero todo está cerrado, déjame tranquilo, además ya llegó Fransuá y así tiramos los 3.

El jefe fue hasta el sofá y agarró por el brazo a Juan levantándolo Le dio 2 carajazos en la cara.

–TE DIJE QUE BAJARAS Y ESPERAS QUE TE LLAME ME QUIERO QUEDAR SOLO CON FRANÇOIS. –Lo empujó, sacándolo del apartamento. Yo quedé impresionado pero no dije nada

–Siéntate voy por 2 cervezas. Me dio una a mi y abrió la suya bebiéndosela de un solo trago, lanzó la lata al piso y me levantó de la silla.

–Viniste a que te cogiera no, vamos a cogerte. -Me desabrochó el pantalón y me lo bajó de un tirón junto con el interior, me agachó para que se lo mamara un rato.

–Mójalo bien pa metértelo.

Me tumbó boca a bajo sobre la mesa y puso su enorme verga entre mis nalgas, aquello lo sentía caliente, escupió mi culo y comenzó a meterlo.

–¿Estas abiertico? –Cuando iba a responder lo metió. El dolor fue fuerte pero no pude moverme porque me tenía agarrado del hombro. Cuando ya lo metió completo, que sentía que me habían metido una pierna, comenzó a darle suave, pero me sujetaba fuerte por mis hombros.



No sé como hizo pero sin sacarlo, me subió las piernas del piso y me volteó para ponerme frente a él y estar montado sobre la mesa. Empezó a moverse pero la mesa parecía que no iba a aguantar mucho, así que me dijo que lo abrazara, me alzó y sin sacarlo comenzó a moverme cogiéndome en el aire hasta que nos fuimos al cuarto.

Aquello estaba peor que la sala, lleno de ropa, platos, microondas, televisores, condones usados –que por cierto no se puso– y paren de contar. Me tiró en la cama y esa mole se vino encima de mi. 140 kilos aplastándome, se incorporó un poco para mover mis piernas y penetrarme de nuevo. Esta vez se puso más rudo y comenzó a darme duro, tanto que la cama se movía, no mucho porque no había espacio, pero sonaba por todos lados.

Yo empecé a pellizcarle las tetillas y eso lo puso más animal, llevó mis piernas hasta mi cabeza y se montó sobre mí. Mi culo parecía una fosa, era impresionante lo abierto que lo tenía.

–Me gusta tu culo, le entra mi palo y tú aguantas que jode, todavía no acabo.

–Sigue, que yo quiero más.

 Me levantó de la cama y me pegó contra la pared para cogerme de pie. Sentía que el guevo me iba a salir por la barriga, era una monstruosidad. Me mordía las orejas y me daba nalgadas –bien duro–.

–Métete el guevo tú, anda. –Se quedó quieto y empecé yo a moverme. Me empujó contra la pared y se quedó así unos segundos.

–Vamos a la cama. –Volvimos a la posición que estábamos pero ahora me tenía la espalda levantada y el parado en la cama cogiéndome. Se volvió a agachar.



–Abre la boca. –Me dijo, sacó el guevo del culo y apuntó hacia mi boca. 3 chorros me bañaron la cara para luego metérmelo en la boca y terminar de descargarse ahí dentro. Comencé a masturbarme y cuando vio que ya estaba a punto se lo metió en la boca y se tragó mi leche.



Buscó 2 cervezas y nos acostamos en la cama. Al terminar la cerveza, nos sentamos pegados a la cabecera.

–Bueno, aquí vivo desde que mi ex me dejó en la calle, me quitó todo y me arruinó la vida, no conseguí trabajo en ninguna otra empresa del ramo. Ahora arreglo televisores, electrodomésticos, de todo,  gano bien, lo normal, para vivir y poder pagar mis deudas y el alquiler de esta pocilga.

Ya había entendido el porqué de tanto microondas.

–¿Pero tu esposa te dejó en la calle?

–Si, la arrechera de verme tirando con dos hombres la volvió loca y como ella era la del dinero pues mira, me jodió.

–¿Y Juan?

–Bueno, me pidió ayuda, que lo sacara de donde estaba y bueno me lo traje a vivir aquí, me lo cojo y le pago sus vainas.

––¿Ya no trabaja?

–Si, sigue limpiando oficinas.

–¿Por qué le pegas? -Arlindo me miró a los ojos y respondió.

–Porque no hace caso, es un flojo de mierda y quiere que uno le haga todo, ni siquiera arregla nada aquí.

–¿Para que lo tienes aquí entonces? -Arlindo me volvió a ver y sus ojos brillaron. Era tanta la rabia que sentía por esta vida que ahora le toca vivir que el niño es su válvula de escape, vuelca toda su rabia y frustraciones hacia él y lo maltrata, lo ve como el culpable de su situación y esa es una manera de cobrarse, sometiéndolo y teniéndolo cerca para cuando sienta ira.



Arlindo se puso a llorar. –Le pago todo a ese mocoso y no hace nada, yo no es que gano un dineral pero gano mucho más que él y no colabora, ni siquiera por haber estado ese día ahí.

–Yo también estuve ahí jefe, me siento responsable.

–Le tengo una arrechera a todo, a él, a mi, a esto, esta mierda de vida que llevo. Por unos minutos de sexo se me jodió mi vida perfecta. –Arlindo no paraba de llorar, yo tampoco. Esa tarde que lo vi en el camión bailando feliz era una careta, un momento  para olvidarse de su miserable vida y disfrutar del momento.

–Lo siento.-Fue lo único que le dije por lo de aquel día. –Trata de buscar algo con algún amigo, trabajar en lo tuyo. ¿por qué no das clases? Yo lo hago. Puedes empezar haciendo eso y vas encaminando tu vida.

–No lo había pensado, no sé hasta donde ha llegado la influencia de esa mujer para cerrarme las puertas.

–Inténtalo. Ten fe. –Ya parecía Carlos Fraga. –Ponte positivo. Haz una cosa, comienza por acomodar esto, botar la basura, recoge la mierda que tienes regada, mueve las energía de este lugar, habla con Juan, sin pegarle y dile que te ayude.

–Gracias carajito. Sabes que te tengo mucho aprecio, eres muy inteigente y un excelente trabajador. No te pierdas.

–No vale, tienes mi número, llámame cuando quieras, no sólo para tirar, que también, porque tu no joda tiras como un demonio.

–Creo que eso es lo único que hago bien ahora.

–No te pongas así, vas a salir adelante.

Me metí a bañar, aquel baño daba tristeza, el piso sucio y gastado, la cortina mugrienta, la ducha y las llaves casi a punto de caerse.

Cuando se duchó él aproveché e hice un cheque por 20 mil bolívares, con una nota.

–Esto no va a solucionar ni enmendar lo que hice aquella tarde, pero puede ayudarte para resolver algunas cosas. Un abrazo François. -Lo metí en la mesita de noche y terminé de vestirme.



Llamé al taxista, ya eran las 12:46 de la madrugada. Arlindo llamó a Juan pero no contestó.

Cuando llego a mi casa, recibo un mensaje.



–<Te dije que estás protegido, que puedes ir tranquilo por la ciudad que no te va a pasar nada. Usa tu carro, yo te protejo siempre, Jack>.

–<Gracias, buenas noches> -No sabía que más decirle, me angustiaba no saber quien era el tal Jack.



Días después recibo un mensaje por WhatsApp de Arlindo. Me envió una foto con una leyenda que decía:



–<Te hice caso y acomodé la sala, me ayudó Juan ¿qué te parece?>

–<Genial, que bueno jefe, repite eso por toda la casa y verás como cambia todo.

–<Ya ha empezado, he recibido más trabajo y de gente que no es de la zona, y he estado arreglando aparatos que habia dejado sin atender y los arreglé, me pagaron y bueno tengo mayor liquidez para comparar varios repustos y cumplir con los clientes>

<Por cierto, muchas gracias por el dinero, pero el cheque lo rompí, no uses tu dinero para eso, que se te multiplique por ese noble gesto>

<Gracias jefe, de aquí en adelante vienen cosas buenas> mándame más fotos>

<¿De mi guevo? Jajajaja>

<jajajaja de tu guevo y de tus avances en limpieza, un abrazo>

martes, 5 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS 3. Orgullo gay. El mío herido. #FrançoisSomosTodos


Aquel domingo iba a ser el desfile del orgullo gay en Caracas y tenía ganas de ir para hacer algo distinto, además no había ido a uno en mi país.
Le comenté a los gemelos de mis intenciones y eso bastó para que me insistieran en ir, que los llevara, que los llevara, que los llevara. ¡Qué tormento! Les dije que hablaran con su papá para que les diera permiso.



Cuando ya estaba en mi casa, llamé a Tomás a ver si quería a compañarme al desfile. –<<Buenísmo, así estreno la cámara que me trajeron de Estados Unidos y hago un registro de la marcha.>> -Le encanta la fotografía. –<<Le voy a decir a Alberto>>–Se me revolvió el estómago.

–<<¿Ah ya son novios?>>.

–<<Bueno, sí, ya estamos saliendo formalmente>>.

–<<Ah ok, bueno, llévalo>>.

–<<No te estoy pidiendo permiso François>>.

–<<Ok>> Le colgué. Llamé a Ernesto para decirle. Me dijo que me avisaba y que a lo mejor iba con su noviecito.



Llegué a la plaza Altamira para esperar a Tomás y su novio. Ernesto iría por su cuenta a Plaza Venezuela donde era la concentración final. Los gemelos también iban a ir y con Humberto ¡Sorpresa! Pero les dijo que no saldría del clóset, simplemnte los acompañaba.



Tomás, Alberto y yo llegamos a la concentración inicial en la plaza O’Leary. Tomás se puso a tomar fotos mientras, cerca de él Alberto y yo. Se montó en una de las fuentes de la plaza, Las Toninas de Francisco Narváez, siempre me han encantado esas esculturas, bueno, se montó ahí para obtener un mejor ángulo, tomabas unas fotos en contraluz, luego se acostó en el piso para tomar los zapatos de la gente y así por el estilo.

Mientras yo hablaba con Alberto.



–¿Y que tal te va con Tomás?

–Bien vale, un buen tipo, estamos conociéndonos. ¿Ustedes se conocen de hace tiempo?

–Si, toda la carrera, estudiamos juntos.

–Que bien.

–¿Tienes pareja?

–No, no me interesa. ¿Tú que haces, en que trabajas?

–Soy odontólogo.

–Ah que bien, un buen ahorro pal novio, jeje.

–Si…-No le hizo gracia mi pésimo chiste pero no me importó.



–¿Qué tal tira tu noviecito? –Le pregunté a Tomás mientras el novio tomaba fotos.

–Bien, la verdad es que no te importa. –Le di un beso en la boca, que no rechazó. Alberto nos tomó una foto.

–Perfecta la foto, buenísma, ahora tómanos una a nosotros. –Se las tomé.

–Muy open tu novio ¿no? –Le dije a Tomás mientras el otro revisaba la foto.

–Somos adultos y nos contamos todo.

–Qué bonito, vamos a seguir caminando.



Seguimos andando, ellos tomando fotos y yo consiguiéndome gente por el camino y ya casi llegábamos a plaza Venezuela. Uno de los que me conseguí me dio un beso en la boca, sentir esa libertad de poder besar a un hombre en la calle no tiene precio, lástima que sólo pueda ocurrir en ese evento.



Cuando ya habíamos llegado a la otra concentración fuimos a buscar que tomar, estábamos sedientos, Alberto y yo fuimos a buscar agua y algo de alcohol. Dentro de un pipote enorme habían botellas de agua, metí la mano y enseguida la metió Alberto, ambas manos se cruzaron, con su dedo anular acarició mis nudillos. Saqué la botella y él otra.



–Eres muy guapo y lo sabes, por eso te quitaste la franela.

–Tengo calor.

–Yo también. Abrió la  botella y se la echó encima. Su franela se pegó a su pecho y descubrí unos pectorales velluditos. Agarró la poco agua que quedaba y me le echó en el pecho –Refréscate– Se acercó a mi y me besó.

–Qué bellos se ven juntos. –Nos dijo una mujer que pasaba.

–Después de verte besando a Tomás, me dije que tenía que besarte.

–Eres bien sinvergüenza.

–Igual que tú.

–Vamos a buscar alcohol y déjate de mariqueras. –Compramos  unas guarapitas caseras que posiblemente nos iban a borrar.



Nos conseguimos con Ernesto y su amigo. Me presentaron al muchacho, estaba simpático.

–¿Qué tal te la llevas con él? –Le pregunté a Ernesto.

–Bueno, más o menos, no me acostumbro a esto, es nuevo para mi, él es muy abierto y bota pluma, eso me incomoda, pero es muy de pinga.

-Todos botamos pluma Ernesto, hasta tú irás perdiendo plumaje.

–¿Se me nota que soy gay?

–Ay Ernesto, no es cuestión de que se note o no, el tema es que lo asumas y vivas a plenitud tu sexualidad sin estar ocultando nada, siendo tú mismo. Deja los tópicos a un lado.

–Te voy a confesar algo, entre tú y yo. Tú lo mamas mejor.

–Jajajaja ta bien, gracias pues. Mira, toma una guarapita, dale a tu novio, toma.



Al rato mientras veíamos pasar las carrozas, Ernesto me pregunta como me sentía viendo a Tomás con Alberto, le dije que bien, pero a Ernesto no le sonó convincente mi respuesta y se limitó a sonreir y darme una palmada en la cabeza. Vi a los gemelos. Por donde pasaban, la gente se les quedaba viendo, igual al padre.



–Profeeeee, ¿cómo estás?

Nos abrazamos los 3 y luego saludé a Humberto, que no lo veía desde que tiramos. Me daba pena verlo a los ojos.

–Qué bueno que vinieron.

–Aquí hay unos tipos profe. –Me dijo Abel al oído

–Compórtate que estás con tu papá

Humberto se acercó a mi para decirme algo.

–Me siento un poco incómoo estando aquí, como intimidado, siento que todos me ven y que todos me conocen y murmuran.

–Relájate Humberto, tómate un shot de esto. No es un 18 años pero te va a poner alegre.

–Comenzó a sonar la música a todo volúmen y de repente apareció un camión repleto de osos. Yo casi me hice pipí al verlos y me fui acercando. Cuando estaba a 3 personas del camión, este se detuvo al lado mío, cuando alzo la mirada veo un mastodonte montado, bailando con un traje de baño diminuto, aunque era pequeño, no se le veía mal a pesar de lo gigante de su cuerpo.

Cuando ya mis ojos se acostumbraron al reflejo, me doy cuenta que a ese mastodonte lo conozco.

–¡Ernesto, Ernesto, ven acá, ese tipo, el gigante, es mi exjefe! ¡Qué bolas! ¿Qué hace aquí?

–Grítale pa’ que te vea. –Cuando vuelvo a acercarme silvo lo más duro que puedo y el tipo que tenía al lado le hace señas de que yo lo estoy llamando. Cuando me ve, se quita los lentes y se sonríe. Me hace señas para que me acerque, al llegar al camión me ayudan para subirme.



Mi jefe me agarra por debajo de los hombros y me ve a los ojos.

–Coño carajito pensé que no te iba a ver más.

–¿Qué haces aquí? –Le dije.

–¿No me ves? Disfrutando la libertad. Me divorcié de mi mujer, me quitó todo pero ahora soy feliz. Tengo hasta novio –Me lo presentó pues estaba ahí. ¡Era el carajito de la limpieza!

No pude evitar el reirme, pero es que era demasiado loco eso. El carajito se fue a la otra esquina del camión a seguir bebiendo y fumando y mi jefe me volvió a agarrar por los hombrros.

–Quiero cogerte de nuevo. –Me dio una lata ahí en el medio de todo, con los otros osos, su novio. Yo no sé si estaba pasando pero sentí que los que estaban conmigo me estaban viendo.

–Pero tienes novio. –Le dije.

–¿Qué importa? Te vienes a mi apartamento y te parto ese culo. -Me metió la mano por el pantalón y sus dedos buscaron mi culo y me metió un dedo. Sacó la mano y el dedo que me metió se lo mamó. –ese culo va  ser mío de nuevo. Anota mi número, esta noche te cojo. Lo anoté.

–Ahora bájate que tenemos que seguir.



Llegué donde estaban los demás y me cayeron encima a preguntas.

–¿Esa mole te va a coger? Me dijo en voz baja Abel.

–Si, pero ya me cogió.

–¡Aaaay llévame contigo y que nos coja a los 2 anda!.

–Cuando seas grande te va a gustar carajito.

Mientras hablaba con Abel, Tomás me miraba, su cara era de pocos amigos, supe que me había visto con mi jefe mientras me besaba y metía mano.



Los gemelos se habían ido con Ernesto y el novio a comprar unos refrescos, Alberto y Tomás estaban tomando fotos en los camiones. Humberto y yo hablando.

–Ya vi que el tipo ese del camión quiere algo contigo, está clarísimo, te metió mano frente a todos. Pero yo quiero cogerte de nuevo.

–Es un poco incómoda esta situación Humberto, le doy clase a tus hijos y nos vieron tirar.

–Nos vemos en un hotel, no sé, en tu casa.

–Ya cuadraremos.



Todos nos despedimos, Tomás y Alberto me acompañaron hasta Altamira a buscar mi carro. Cuando me monté llamé a mi jefe.



–<<¿A que hora nos vemos?>>

–<<En 2 horas en mi casa, te paso la dirección por mensaje y prepárate porque ando rascao y jalao>>



Ya les contaré.

lunes, 4 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS 3. El papá de los gemelos.#FrançoisSomosTodos



Toqué la puerta y entré. El hombre estaba en el borde de la cama, que tenía las sábanas revueltas y las almohadas en el piso.  Él, con la cabeza agachada sosteniendo una botella de whisky -18 años nada menos– En el poco rato que estuvo solo se había bebido media botella, ya debería estar ebrio. Me acerqué.
–Disculpe señor Franco –Se llama Humberto –No nos conocemos, soy François Gota, el profesor de sus hijos.

–Ven muchacho, siéntate aquí a mi lado, ¿quieres beber? Bebe.

–No, no gracias.

–Bebe coño acompáñame, viniste hasta aquí por algo así que comparte mi borrachera Se levantó de la cama y fue al vestier a buscar otra botella,. –Toma esta y yo me bebo esta nueva.

–No debería estar bebiendo así.

–Después e ver a mi mujer como se la cogía otro tipo ¿tú crees que no merezco beber hasta olvidarme de todo esto? Yo amaba a esa mujer, le di todo, hasta la mantenía y ella me paga tirando con este tipo.

–Este tipo y otros más -Me salió del alma lo que le dije, me miró con una cara que sólo verla ya me dijo que le contara. –Bueno las veces que he venido a darle clases a los gemelos ella recibía a un técnico distinto para revisar cualquier cosa y ahí pasaba horas con el tipo.

–Una zorra, no va a recibir ni un céntimo más de mi. ¿Y ahora yo que hago? Solo de nuevo.

–No está solo, allá abajo tiene dos hijos que demandan su atención, aproveche y comparta más con ellos -Bebió un trago de la botella y yo hice lo mismo, sentía que el esófago se me incendiaba, tosí.–Son unos muchachos inteligentes y muy divertidos pero quieren estar con su papá.

–Los tengo olvidados, pensé que ella los atendía y salía con ellos pero ya veo que no.

–Salga de ese dolor y dedíquese a sus hijos, por ellos es que usted tiene que luchar y seguir trabajando, las mujeres van y vienen.

–¿Es verdad lo que dijo la zorra esa de mis hijos? –Me hice el loco y pregunté de que hablaba.

Humberto escuchó cuando Susana había dicho que sus hijos eran gais y que yo me los cogía. Al principio dudé en decirle al padre lo de sus hijos luego que ellos me contaron lo que decía de los gais pero se lo solté, había que aprovechar el momento y dejar todo claro. El hombre ya llevaba prácticamente una botella bebida.



–Sí, sus hijos son gais, ellos me los confesaron,  le tienen miedo por lo que usted les dijo alguna vez sobre la homosexualidad.

–¿Y tú? -Se movió hasta ponerse frente a mi y mirarme a los ojos –Te tiraste a mis hijos.

Yo tragué saliva y parecía que me había tragado una bola de plástico y trataba de bajarla por mi garganta, pero respondí.

–No señor, ¿cómo cree? Son unos niños, menores de edad, son mis alumnos. –Me puso la mano en el hombro y bebió, yo también.

–Yo les dije eso porque me da miedo que sufran, que los maltraten, los discriminen, los humillen por ser gais, desde pequeños fui recio con ellos con ese tema, para que tuvieran miedo.

–¿De que sirvió eso Humberto? –Me tomé algunas licencias y comencé a tutearlo, ya estaba bastannte tomado y yo iba por el mismo camino. –Si tus hijos van a ser gais lo serán por más imposición, regaño o que seas severo con ellos, eso es inevitable. Apóyalos eso es lo que tienes que hacer. –Volvió a beber y buscó otra botella, este hombre estaba dispuesto a destruir su hígado hoy mismo, me dio lo que le quedaba de la botella y abrió la nueva. ¡Qué manera de beber!

–Ay François –Me abrazó –He sido un cobarde toda mi vida, desde carajito. Soy un lince en mis negocios, exitoso, he hecho mucho dinero, pero en mi vida personal soy un desastre. Nunca asumí lo que verdaderamente me gusta y amo. Siempre hice lo que los demás querían y así estaban felices y yo me creía que también era feliz pero me hundía cada vez más y cometí la tontería de casarme.



Me dijo eso y me recorrió un escalofrío en el cuerpo, la poca borrachera que ya se asomaba en mi se esfumó y me bebí lo que quedaba en la botella, fondo blanco y esperé el desenlace de su historia.

–Tuve a esos maravillosos hijos que es lo más grande que tengo no me arrepiento de eso, los amo. Pero lo que yo más quiero en este mundo es estar aquí en mi casa viviendo con mi pareja, sea quien sea pero un hombre –La botella se me cayó al piso y le quité la de él y volví a beber.

–Soy gay

–Si, ya, me quedó claro Humberto

–Creo que lo que sucedió hoy me hizo abrir los ojos de una vez, creo que tardé pero ahora sé lo que quiero.

–Nunca es tarde Humberto, es muy valiente hacer lo que vas a hacer, pero si te digo, que en el mundo gay no dista de ser distinto a lo que tú has vivido hoy.

–Lo sé, Lo sé. ¿Sabes algo? –Esa pregunta me aceleró el corazón, no sabía con que iba a salir ahora. –No he estado con ningún hombre desde que estaba con Susana, la amaba, la amo, ella me hizo olvidar mi parte gay, suena loco eso pero no me interesaba, pero me doy cuenta que estaba oculto, ahí escondido y ahora quiere salir de una vez. Que bueno que subiste y entraste, necesitaba desahogarme y contar lo que tenía atragantado.

Volvimos a beber y comenzamos a hablar de mi, de mi familia, como lo supo, en que trabajaba, si tengo novio.



Sacó otra botella y la compartimos, nos levantamos y lo ayudé a arreglar la cama –La señora de servicio está enferma y de la limpieza se estaba encargando la zorra esta, pero ahora no está, gracias por ayudarme–.

Nos sonreímos y seguimos bebiendo sentados en el borde de la cama. –Tú eres muy guapo, que raro que estás solo.

–No creo en los noviazgos, las parejitas, prefiero vivir mi vida disfrutar de los hombres tirármelos y ya. ¿Estar empatado para que luego te monten cacho o los monte yo? No tiene sentido.

Se me quedó viendo a los ojos, bebió un poco más y...me dio un beso en la boca. Su lengua recorría cada espacio, se notaba que es un hombre experimentado, yo por supuesto –ya me conocen- respondí al beso y lo abracé. Comenzó a desabotonarme la camisa y yo hice lo mismo con la de él. Aquel pecho amenzaba con mostrarme una selva amazónica. No entiendo porque los gemelos son lampiños, habrá que esperar.

Terminé de quitarle la camisa y frente a mi apareció una alfombra negra con algunos lugares grises por las canas, pasé su mano por el pecho y toqué una de sus tetillas que parecía un tornillo; grande y dura. Comencé a lubricar.

–¿Tú crees que tenga sentido que yo te coja ahora? –esa pregunta me voló los tapones

–Tiene todo el sentido. –el hombre me haló los pantalones y me los quitó sin desabrocharme, me llevó hasta el medio de la cama y me puso boca abajo. Nunca había visto tanto pelo junto en mi vida. Pecho, piernas, guevo, nalgas, un festín de vellos.

Abrió mis nalgas y dejó caer una buena cantidad de saliva. No me preocupé si me cogía sin condón, a él no le importó pues me metió su verga de una. Un buen guevo, grueso y circunciso, entró en mi cuerpo.

Me agarró las manos y las puso arriba de mi cabeza y las aprisionó. El tipo se movía bien, ¡Dios! yo estaba que iba a acabar pero no, cuando bebo tardo más. El hombre se acuesta encima de mi y sigue moviéndose. Cuando sentí como esos pelos húmedos por el sudor tocaron mi espalda, se me erizó la piel.

–Tenía tiempo sin cogerme un culo de hombre y este está bien rico. Lo sacó y me volteó para quedar frente a frente. Me alzó las piernas y volvió a sujetarme las manos, ya me tenía penetrado otra vez. Humberto se puso salvaje y estaba empujando duro, mientras lo veía a los ojos, algo a mi lado requería de mi atención, cuando volteo, eran los gemelos parados al lado de la cama. Veo a Humberto que estaba concentrado y con la mirada le digo.

Pegó un brinco que retiró el guevo dentro de mi y quedó sentadio en la cama.



–Epa¿Quéééépasa, que hacen aquí?

–Desde que subió el profesor hemos estado pegados a la puerta escuchando todo y bueno, decidimos entrar papá, disculpa que hayamos interrumpido esto. Yo no sé si Abel, pero yo me siento triste por lo que he escuchado y bueno, ahora tú sales así del closet de repente y…tienes sexo con nuestro profesor.

–Humberto, se puso a llorar, se levantó de la cama con la sábana tapándose y abrazó a sus hijos. Caín se puso a llorar, en cambio Abel no, aunque estaba emocionado, dejó que su papá abrazara a Caín y él se acercó a François.

–¡Qué bolas te tiraste a mi papá! -Me susurraba.

–Shhh cállate coño.

–Pero tú eres un bichito.

–Cállate que no le dije a tú papá lo de nosotros.

–Yo sé, te escuchamos.

–¿Y que tal tira?

–ABEL  es tú papá, ¿no estarás pensando…?

–Abel se fue hasta donde su papá y lo abrazó. Se quedaron hablando los tres y yo decidí dejarlos solos. Me vestí y me fui.



Cuando agarré mi bolso que estaba en la sala, sonó el celular, pero no el mio, sino el de Jack.

–<Es muy tarde y no estás en casa pero no te preocupes que estarás a salvo desde donde estés a tu casa. Jack>

Lo que sentí fue miedo en vez de tranquilidad, saber que alguien me sigue los pasos y no sé quién es me pone nervioso. Pero igual salí del edificio y tomé el carro. Cuando me monté miré por el retrovisor a ver si veía a alguien seguirme pero no vi a nadie. Arranqué.



Llegué a casa y le escribí a Jack.

–<Ya estoy en casa>

–<Lo sé mi pana, buenas noches>



Me tumbé en mi cama sin quitarme la ropa, en mi mente estaba Jack y la imagen de la familia Franco que me la tiré. Sí, soy un satírico, ¿qué puedo hacer?