jueves, 21 de enero de 2016

Final de Temporada. MALAS INFLUENCIAS. El tormento de Tomás.


El pana Bruce me puso a mamar su güevo ahí, sentado en la butaca. Dejé que manejara la situación y me movía la cabeza para que me metiera todo en la boca.


–¿Tú venías a consulta o tirar? –Me saqué el gúevo y le respondí.

–Vine a consulta pero ahora quiero que me cojas. –Me empezó coger por la boca dándome duro hasta que se detuvo.

–Vámonos a un hotel.  Le digo a la secretaria que cancele mis citas.



Agarró su maletín mientras se arreglaba el pantalón, cogió las llaves del carro y salió.

–Octavia, cancela todas mis citas de hoy, se me presentó una emergencia en casa. Buenas tardes a todos y disculpen, tengo una emergencia familiar, programen una nueva cita. Señor François, mil disculpas sé que es su primera cita. –Salió del consultorio y me esperaría abajo mientras yo anotaba otro día para la consulta. El hombre moreno y su esposa no estaban cuando salí.

–Disculpe señorita, ¿y la pareja que vino para acá? El moreno alto.

–Ellos se fueron cuando usted entró también se les presentó un inconveniente.

Salí del consultorio y bajé a planta baja, no lo vi y lo llamé por el celular.

–<<¿Dónde estás?>>

–<<Nos vemos en el hotel L’country, estaciona en el centro comercial y me buscas en la calle, estoy en una Tacuma roja.>>



Mientras estacionaba recibí un mensaje de Jack.

–<Y pensar que este te iba a solucionar los problemas, vas a tener que buscar otro psicólogo>

–<No sé de que hablas> -Le puse para ver hasta donde llegaba su vigilancia.

–<Vas al hotel que está frente al CC donde estacionaste. Cuídate, mosca con ese tipo, no es de fiar>



Me monté en la camioneta de Bruce.

–Te voy a echar una cogida que no vas a olvidar.

Justo antes de entrar, la moto que me estaba siguiendo desde que salí de mi casa pasó frente a nosotros. No sé a quien miraba de los dos, pero hizo un gesto con los dedos índice y medio de te estoy vigilando que me dio susto.

–¿Tú conoces a ese tipo? –Me preguntó.

–No…¿y tú?

–Tampoco, entremos.



Llegamos a la habitación y lo primero que me dijo fue que nos ducháramos. Cuando estábamos en la ducha que abrí las llaves me dijo que me agachara. Puse las rodillas en el piso y comencé a mamar pero no era eso lo que quería. Me agarró del cabello y me echó hacia atrás la cabeza.

–Quiero orinarte. -Comenzó por el cuello y bajó al pecho para luego subir a la cara

–Abre la boca. -Me la inundó con su orina, la escupía y volvía a llenarme. Cuando ya estaba terminando de orinar me la echaba en el pecho y en la cara.

–Me gusta que sean así bien putas y se dejen hacer lo que quiero. Tírate en la cama.



Se secó las manos con la toalla y buscó en su maletín el lubricante, condones y una bolsita transparente con polvito blanco. Se puso un poco en el espacio que hay entre el pulgar y el índice y lo aspiró, se volvió poner y me lo dio a mi.

–No, yo no uso drogas.

–No te estoy preguntando inhala, dale. –y me pegó la nariz a su mano y lo hice. De inmediato me puse eufórico y agitado, quería que me cogiera ya. Se pusso el condón y me lo metió de una, no sentí ni dolor ni ardor. Lo metió y comenzó a cogerme con un ímpetu y una fuerza que me estaba volviendo loco. Yo en 4 y él casi de pie sobre la cama metiéndomelo, me daba nalgadas, a ratos lo sacaba y lo volvía a meter de inmediato, lo volvió a sacar y me lo metió en la boca con todo y condón, sabía a vainilla. De nuevo me lo metió y siguió dándome durísimo y rápido.

Me volteó y me tiró en la cama para cogerme de frente poniendo mis rodillas entre mi cabeza, se puso sobre mi y volvió a ponerse salvaje.

–¿TE GUSTA AH, TE GUSTA PERRA? -Una cachetada bien dada. –DIME TE GUSTA ESE GUEVO PERRITA, ¿TE DOY MÁS DURO?

–Me gusta, dame duro párteme ese culo pues,  cógeme. -Otra cachetada.

–ASI ME GUSTA QUE TE PONGAS PERRA Y PIDAS GUEVO –Otra cachetada

Y así como media hora y el hombre no acababa, yo tampoco. Pero al rato se detuvo y me vio a los ojos.

–TE VAS A TRAGAR MI LECHE PERRITA, ABRE ESA BOCA. –Siguió empujando unos segundos más y lo sacó, se quitó el condón y se puso de pie con sus piernas en mis costados. Se masturbó apuntando su guevo a mi boca y aquel lechero me bañó la cara, probé de su leche, se agachó y con su mano me quitó el exceso de la cara y me puso a chupar sus dedos.

–Bébetela toda perrita que ahora te voy a coger, la verga la tengo tiesa



Me sacó de la cama y me arrodilló de nuevo para orinarme. Me levantó  y me pegó contra la pared y me volvió a coger, esta vez sin condón Otra media hora cogiéndome hasta que acabé yo. Siguió por un rato más y luego me metió al baño para seguir ahí. Cuando acabó se tumbó en la cama y quedó rendido.

Busqué entre sus cosas un analgésico, le vi ibuprofeno y me tomé dos con un poco de agua del lavamanos. Me duché y me vestí. Bruce seguía durmiendo, agarré la bolsita de coca y me la llevé, salí del cuarto  para buscar mi carro.



Cuando se me pasó el efecto de la droga, me comenzó el dolor en el culo y eso que me había metido 2 pepas. Me tumbé en la cama y no supe de mí hasta que en la mañana del sábado recibo una llamada. Era Tomás, la cabeza me iba a estallar.



Me dijo que por favor nos viéramos porque de verdad necesitaba hablar conmigo, que era urgente, le dije que viniera a mi casa. Me metí a duchar con agua fría y caliente a ver si se me bajaba el dolor de cabeza, comí algo y me tomé otro analgésico. Mientras esperaba a Tomás me tomé 3 cervezas, luego me serví un ron.

Una hora después llegaba Tomás y yo me estaba sirviendo el tercer trago de ron.



Le abrí la puerta y mi cara debía estar desencajada porque Tomás me vio y se impresonó.

–¿Estás borracho? ¿Estás bebiendo?

–Deja la guevonada, apenas llevo 3 rones, ¿quieres uno?

–No…no, François, vine a hablarte de algo serio y te encuentro así. -La verdad es que no estaba ni siquiera tambaleándome de la rasca pero sí, no estaba con mis 5 sentidos.

–Coño siéntate y cuéntame que yo te escucho, ah, antes de que hables, déjame mostrarte algo. Busqué el celular y le mostré la foto de Alberto. Tomás abrió los ojos como platos y la cara se le puso roja y comenzó a llorar sin esfuerzo.

–Para que veas que todos los gais son unas putas, no puedes confiarte de naaaaaadieeee. Me lo tiré aquí mira, aquí en este sofá, me peló ese culo.

–Eres una basura François, contigo no se puede hablar y menos en ese estado. ¿pero qué clase de amigo eres tú que te vas tirando a los novios de tus amigos?

–AAAAH QUE EXAGERADO, sólo me he cogido a Alberto. No joda, las gracias me deberías dar por abrirte los ojos y vieras la clase de puta con la que te empataste.

–Aquí la puta eres tú –Me empujó y me sentó en el sofá.

–GRAN GUEVONADA MARIQUITO DIME ALGO QUE NO SEPA. –Y lo dijo.

–TENGO VIH FRANÇOIS.

–Mierda…-fue lo primero que pude decir. –¿Y te lo pegué yo? ¿Por eso me odias?

–¡Vete a la mierda François!

–Ya va, ya va, coño, no me dejes así ¿QUÉ COÑO PASÓ? ¿Fue Alberto?

Tomás no aguantó más y se echó a llorar y lo abracé.

–Ya, ya, cálmate, cálmate Tomás. –Lo senté en el sofa y le pedí que me contara.



Alberto nunca usó protección con Tomás, pues le dijo que estaba sano y siempre lo mareó con el exámen pero le decía que él siempre se protegía, le dije que como sabía  que era Alberto y me dijo que sólo había estado con él y conmigo. Le dije que me iba a hacer de nuevo la prueba para que estuviese tranquilo y le dije que con Alberto había usado condón.



–Tomás, Tomás óyeme, deja la angustia ¿sí? No te vas a morir no estés pensando en eso. Vamos a ir a hacerte el examen confirmatorio y luego al médico para que te haga todos los análisis que necesites ¿ok?. Yo te voy a acompañar.

–Tengo miedo François.

–Te entiendo, tienes miedo porque no sabes nada del vih. Lo primero que tienes que hacer es decirle a Alberto y que se haga los exámenes él también -A todas estas la borrachera se me había ido pal carajo, pero quería más alcohol.

Tomás dio un gran suspiro y luego habló ¿Y ahora cómo le digo esto a mis papás?

–Ya va, vamos por partes, primero vamos a ver que es lo que pasa con los exámenes, que te dice el médico y luego le cuentas cuando ya tengas todo claro, decirle ahora es como lanzarse al vacío, así que espera.

–Esas vainas serán costosas, la consulta, los exámenes , las medicinas.

–Bueno las medicinas las dan gratis, eso lo sabes, lo hemos visto, tiene que ir a un hospital para que te hagan las pruebas y entres en el plan para que te den los medicamentos si es que ya los necesitas pero primero vamos a consulta privada y hacerte los exámenes que tengas que hacerte, yo te ayudo.



–Imbécil ese Alberto y guevón tú por confiar, culpa de los dos. –Le dije.

Luego que se calmó un poco, desayunamos, se metió en la computadora a buscar información pero le dije que parara porque se estaba saturando de información y no iba a saber procesar todo eso.



–Yo que me la daba de correcto, serio, cuidadoso con todo ese tema, va y me pasa a mí.

–A lo mejor es un aprendizaje, te toca vivir esta experiencia.

–¿Y por qué tú no tienes vih? Las posibilidades contigo se multiplican por mil.

–Oye vale, gracias. Voy a pasar por alto ese comentario estúpido y responderte. El vih o cualquier enfermedad venérea es como la loteria, puedes jugar toda la vida y no te toca pero a otras personas a la primera pum se lo ganan.

–¿Y que gané yo con esto?

–Ahora no lo verás, pero a la larga te darás cuenta que tienes que vivir tu vida más relajada, sin tanto control, ni planificacion, vive la vida con responsabilidad.  Valorarás más los pequeños detalles, te cuidarás más en tu alimentación, harás ejercicio. Yo, si, soy bien puta pero me cuido, no estoy libre de que me pase pero disfruto usando la cabeza, no te niego que a veces no he usado condón pero siempre, siempre hay que cuidarse así tires con un cura que también son bien putos. Ven acá y dame un abrazo.

Tomás me abrazó fuerte.

–Gracias por apoyarme en esto.

–Tranquilo, estoy contigo y no te voy a dejar solo.



No pude aguantar las ganas de llorar, pero tragué grueso y dejé correr las lágrimas mientras aún abrazaba a mi amigo.

miércoles, 20 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. El sexo me persigue.


Alberto no paraba de enviarme mensajes suplicándome no decirle nada a Tomás, ya me tenía con las bolas acatarradas. Al despertarme al día siguiente, mi desayuno fueron 4 mensajes, 3 de Alberto con lo mismo y uno de Ernesto.


–<Epa guevón buenos días, ¿puedo acercarme a tu casa?> -El mensaje era de las 7 de la mañana, eran las 8.

–<Epa, si vente y desayunas conmigo>

Me duché rapidísimo y me fui a la cocina a montar unas arepas pero en el Tostyarepa, saqué pavo, queso amarillo, para rallar, jugo, mantequilla y cheez whiz. Saqué uno huevos para hacer revoltillos o fritos a gusto del visitante.

Llegó Ernesto y me ayudó con lo que faltaba para sentarnos a  desayunar.



–Tengo que contarte una vaina. -Yo y mi encanto de atraer a la gente que me quiere contar sus problemas.

–¿Qué pasó?.

–Es queeee…con el carajo que estoy saliendo, ¿sabes? El que conociste el día de la marcha de los gais.

–Marcha gay Ernesto, tú también eres gay, aja ¿que pasó con él? ¿te dejó?.



–No, no, es que llevamos varias semanas que nada de nada, bueno, yo…no se me para, entonces me he tenido que dejar coger, pero es que no se me para ni un poco.

–Esas cosas pasan.

–¿Desde hace casi 3 semanas? Todos esos días?.

Me sorprendí con lo que me dijo y me contó que se había visto con otro tipo por Grindr y tampoco funcionó. Realmente estaba preocupado y le dije que fuera a un Urólogo para descartar o simplemente tendría un bloqueo , no aceptación de ser gay, no sé.



–¡No chamo! ¿Qué Urólogo? A mi se me para en las mañanas, lo tengo duro cuando me levanto. –Me dijo eso y se me paró el guevo, ya lo mío es patológico. Hoy cuando vaya al Psicólogo en la tarde necesitaré horas para contarle todo lo que me pasa.

–Ah bueno, entonces la vaina no es física, hay otra cosa. –Ernesto se me quedó viendo a los ojos.

–¿Qué pasa? ¿ Que tengo?. Mámame el guevo y si se me para te cojo, quiero probar.

–¿QUÉ? -Dije “que” para extender la conversa pero mi güevo ya no me cabía en el boxer. Ernesto se bajó el pantalón para que se lo mamara…y bueno, me agaché. Comprobé que no tenía problemas de erección pues aquel guevo crecía en mi boca. Me lo tragaba, se lo mojaba bien de saliva, le lamía el glande y recorría mi lengua hasta sus bolas. Cuando me las metí en la boca, Ernesto me  detuvo.

–Pélame ese culo que te quiero coger. –Sacó un condón de su pantalón y yo me eché saliva en el culo y en su güevo. Me apoyé en el mesón y él se levantó de la silla. Me abrió las nalgas y comenzó a meterlo.

–La verdad que impotencia no tienes.

–Y tu culo está divino guevón.

–Dale duro pues, a ver si ese guevo aguanta.



Ernestó me agarró por los hombros y comenzó a darme duro, a ratos lo sacaba y volvía a meter.

–¿Te gusta ese culo?

–Uf chamo, rico ese culo, marico se siente divino ahí adentro. –Le apreté el guevo –¿Y ahora?

–Waaao, coño. Tu eres bien puta ¿no?

–Estabas tu chiquito –Se lo volví a apretar y ese hombre se corrió aferrándose a mis hombros y empujando como si quisiera entrar él en mi culo.



Se retiró. Me subí el boxer, él se quitó el condón y se subió el interior con el panatlón. Sonó el celular, el otro.

–¿Y ese celular? Un vergartario ¿qué haces con eso?

–Para cuando salga a la calle y si me lo roban no me angustie tanto.  <Buenos días fransuá, no te lo he dicho pero no sigas por ese camino del alcohol, te va a ir muy mal, cuídate, puedo ayudarte con eso. Jack>

<Jack yo todavía no entiendo porque haces todo esto, pero no quiero tenerte cerca de mi, siempre pasa algo. Te libero de toda responsabilidad>

–Chamo ¿y con quién te escribes? –me dijo, las manos me temblaban y lo único que pensaba era en alcohol, busqué una cerveza en la nevera.

–¿Va sa tomar una cerveza ahora?

–Me provocó. -Me la bebí de un golpe.



Ernesto no entendía porqué funcionó conmigo y con otros no, yo tampoco entendía pero no estaba en ese momento para analizar la situación eréctil de mi amigo.

–Yo creo que contigo hay confianza y química, disfruto el sexo contigo. -Ya llevaba 3 cervezas y Ernesto seguía hablando.

–Deberíamos empatarnos tú y yo.

–Deberías irte Ernesto, tengo cosas que hacer.

–Estás bebiendo como mucho ¿no? A ti no te gusta la cerveza.

Como pude saqué a Ernesto del apartamento y bebí 2 cervezas más, entré a Grindr, cuadré con un chamito de 21 años, tenía ganas de someter a un pasivo.

Cuando llegó a casa ya me había pasado al whisky, me lo cogí borracho, creo que hasta lo golpeé y le hice daño en el culo. No acabé y el chamo se fue, dicendo un poco de vainas que hasta el sol de hoy no recuerdo que dijo, yo también lo insulté.



Terminé  de beberme el trago y me metí a duchar, me vestí, tomé un café cargado con dos ibuprofenos y salí rumbo a la cita con el psicólogo. Recibí otro mensaje de Jack.

–<Ve con cuidado, te estoy vigilando. Jack>

Miré por el retrovisor y no vi a nadie y de repente una moto grande pasó a toda velocidad al lado de mi carro y se frenó 2 carros más allá, volteó y me saludó, el casco no me dejaba ver su rostro.



Llegué al consultorio “Dr Bruce Johanson” era el mismo nombre de la tarjeta que me dio mi mamá. Me puse a llenar mi historia, por ser la primera. Mientras la llenaba, llegaron 2 personas, una mujer y un hombre alto, moreno, que me llamó la atención, era papeado, la mujer era su esposa o novia, no sé, seguí llenando la historia, ellos hicieron lo mismo.



–Disculpe señorita,  ¿dode hay un baño?

–Salga del consultorio y a la derecha, al final del pasillo.

–Gracias. -Me fui al baño, me estaba orinando.

Ya en el urinario entró una persona, era el hombre que llegó con la mujer, pero se había quitado el saco.

–Hola…¿es primera vez que vienes a este psicólogo?

–Hola -Dije. –si, me lo recomendaron.

–Dicen que el tipo es gay, pero es muy bueno, tiene muchos pacientes.

Yo bajé  la mirada para verle el güevo. No estaba orinando, sólo se tocaba el guevo que lo tenía algo parado, y grande por cierto. Se guardó aquello y se fue a lavar las manos.

–Mi esposa me espera. Suerte.

El tipo me dejó con el guevo prensado y ni siquiera me lo vio ni intentó nada. Un calientapollas como dicen en España.



Luego de 45 minutos me tocó a mi, la secretaria me dijo que pasara. Entré.

El hombre hablaba por el celular, mirando por la ventana, se volteó y me dijo que lo esperara haciendo un gesto con los dedos. Cuando se volteó por completo seguía hablando por el celular y creo que con la esposa, decía mi amor y hablaba de los niños; otro enclosetado. Cuando me fijé en él sabía que lo había visto en algún sitio. Él levantó la mirada y cuando me vio a los ojos, abrió los suyos como plato y terminó la llamada. –Hablamos ahora cariño, tengo un paciente.



–Hola buenas tardes, ya nos conocemos, wao qué sorpresa.

–¿Ah si? Bueno si, no recuerdo de deonde pero tu cara me es conocida.

–Me mamaste el güevo en el baño del aeropuerto. –Mi cara debió ser un poema porque se rió.

–Pero relájate, tranquilo podemos terminar lo que empezó en ese baño. –Se acercó a poniendo frente a mi cara el cierre del pantalón que bajó lentamente.





Seguimos luego.

martes, 19 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. Las canitas de Alberto.


A la mañana siguiente, desperté temprano, los gemelos aún dormían y Humberto también, tenía una parazón y dolor de cabeza, no me cuadraba, busqué en la nevera una cerveza y me la bebí de un golpe, fui a orinar y se me calmó el muchacho. Me regresé a la cocina a prepararme algo para desayunar.


Ya desayunado me senté en la mesa del comedor con la laptop de Humberto bebiendo mi tercera cerveza de la mañana, eran las 9:30. Chequeaba mi correo. Contesté algunos mensajes.

Mientras leía pensaba en lo de ayer, me había dado la cola Jack, no sé quien es, no sé que hace, no le veo la cara pero esta vez lo tuve muy cerca, abrazado, lo poco que recuerdo es que es fuerte, hace pesas. Se me volvió a parar sólo de pensar en ese tipo que era todo un misterio para mi.

Moví la cabeza y volví a concentrarme en el mensaje que estaba leyendo, de pronto sentí dos manos en mis hombros que me sacaron de la concentración, era Humberto.

–¿Qué haces bebiendo a esta hora?

–Necesitaba una cerveza. ¿cómo estás? -Me levanté y le di un beso en la boca.

–Hay dos botellas en la cocina, ¿necesitabas 3?

–Tranquilo yo compro ahora.

–No, no es porque te las hayas bebido, te puedes beber todas, es la hora.

–Ay Humberto, son 3 cervezas, ya

–Ayer llegaste borracho, me dijo Caín.

Lo vi a los ojos y le dije que nos sentáramos a hablar. De nuevo eché el cuento desde el día del bonche.

Humberto no podía creer lo que estaba escuchando. Me repitió lo que dijo mi mamá que denunciara al “tal Jack” y le repetí lo mismo, me daba  miedo.



–¡François, te tiraste al hermano de Susana! ¿Y luego un rayo lo mató? Esto me lo cuentas y no te lo puedo creer, además la lluvia, ustedes teniendo sexo en el foso y donde enterramos a Susana…no…es algo tan retorcido y tan espeluznante. François, ¿en qué coño estabas pensando?.

–Hay algo no te he dicho.

–Ah coño, hay más.

–Jack me mandó a mi casa…la cabeza de…Susana. –Agaché la mirada y escuché que Humberto se levantó del sofá, se agarraba la cabeza, la sacudía se puso a llorar, maldijo, llegó hasta decirme que si no estaba yo involucrado en el asesinato de Susana.

–A ver…Jack me involucró, o sea, al mandarme…la cabeza me hice cómplice de todo esto tan absurdo.

–¿ABSURDO? ¿ABSURDO FRANÇOIS? La decapitación de una mujer y la muerte de una persona por un rayo que encima te tiraste y era mi cuñado, tú lo catalogas de absurdo. A mi todo esto me parece una atrocidad, una vaina del demonio, de una mente retorcida y estoy hablando de ambos, tanto el tipejo ese como tú, ambos son unos retorcidos. Bueno y si me voy más allá te tiraste a mis hijos que son menores, no te digo más.

–Llevo semanas sin poder dormir Humberto, semanas pensando en los muertos que tengo en mi conciencia, se me aparecen en las pesadillas. Bebo para olvidarme de eso y poder dormir borracho y no despertar ni pensar.

–¿Y tú crees que bebiendo vas a solucionar las cosas?

–No…pero…de momento duermo…-Arranqué a llorar, Humberto me abrazó y me calmó. –Tienes que ir u a un especialista, un psicólogo.

–Esta semana voy a uno que me facilitó los números mi mamá. –Seguíamos hablando abrazados, se me estaba parando el guevo y Humberto se dio cuenta y me soltó.



–Estás enfermo François, necesitas ayuda y cuentas conmigo para lo que quieras.

–Y con nosotros también –Dijeron los gemelos que bajaban las escaleras y se acercaron a saludarme, Caín me estrechó la mano y me guiñó el ojo, Abel me abrazó.



Los acompañe un rato y me fui a mi casa quería descansar, pero en realidad quería beber y antes de llegar a casa compré unas botellas. Al llegar a casa me serví un trago de whisky en las rocas, encendí la laptop y me tiré en el sofa de la sala.

Abrí mi Facebook, al ver a las personas que tal vez conocía, me sugirió a Alberto y lo invité. Y como si estuviera esperando que lo invitara, aceptó de una vez y me escribió.



Chateamos un rato y le dije que estaba solo en mi casa bebiendo y lo invité a tomarse unos tragos conmigo, no había pasado una hora y ya estaba llegando a mi casa.

Abrí la puerta y traía una botella de Coca Cola, 2 bolsas de maní, de merey y cotufas. Lo invité a pasar y le serví un vodka con naranja y puse en un bowl lo que trajo y nos sentamos en la sala. Brindamos y nos pusimos a charlar hasta que me hizo una pregunta.

–¿Y eso que me invitaste?

–No te hagas el gafo, que tú sabes para que te invité y sabes a que viniste. –Dejó su vaso en la mesa y se me vino encima a besarme. Comenzamos a desvestirnos.

–Chúpamelo. –Me dijo

Me lo metí en la boca, no era un pene grande pero estaba aceptable, lo tuvo él más complicado cuando le tocó meterse el mio en la boca.

–Coño, tienes un vergón.

–Si, que ese culito se va a comer todo.



Pero primero él me iba a coger, busqué condones y lubricante y le lancé ambas cosas, se puso el condón y le pregunté como quería cogerme.

–Ponte como lo disfrutes más. –Me puse en 4 sobre el sofá y me penetró. No tenía tamaño aquel guevo para lo que hacía Alberto, Dios, se movía como un experto, me daba nalgadas, movía las caderas, lo sacaba y lo volvía a meter, me apretaba las nalgas y las abría.

–Ahora ponte tú que te voy a coger.

–A mi también me gusta en 4. –Me dijo.

–Yo quiero que te acuestes mejor boca abajo.

Lo empujé acostándolo, me puse sobre él, le cerré las piernas y poco a poco fui metiendo mi guevo entre sus nalgas apretadas y sentía como su culo iba abriéndose, Alberto me decía que le dolía pero no le hice caso, seguí penetrando, penetrando, penetrando, hasta que mi guevo desapaerció dentro de su culo.. húmedo, caliente, estrecho, aquella cavidad te invitaba a quedarse ahí por siempre. Mientras me movía bebía  de mi vaso, hasta que no hubo más y tomé la botella. Le levanté el tronco y lo puse en 4 y así comencé a darle mientras bebía de la botella.

 Alberto se abría las nalgas para que le diera duro y se lo metiera completo. Lo volteé boca arriba y cuando lo volví a coger le dije que se masturbara, aproveché que tenía los ojos cerrados y le tomé una foto procurando que se viera la cogida y su cara. También se veía mi sofá así que era perfecto.



Alberto se corrió y yo saqué el guevo y el condón y le acabé encima. Se quedó unos segundos acostados y lo moví.

–Bueno, ve a ducharte y te vas..

–¿ya? Pero no nos vamos a quedar charlando?

–¿Charlando? – Me bebí otro trago de la botella -Te quería en mi casa para cogerte, más nada, anda al baño y lávate.



Regresó y se vistió. –Pensé que querías hablar.

–No chico, ¿de qué? Eres el novio de mi amigo ¿de que quieres hablar? De cómo le vas a decir a Tomás que tiraste conmigo?

–¿Tas loco? Será para que me mate. Mosca y tú le dices. -No hablé. –Marico, cuidado con una vaina, no me vayas a joder.

–Mmmm pero tú si puedes joder a Tomás que está ilusionado contigo.

–Tenemos días que no tiramos.

–Ay conchale te entiendo, estabas quesúo, dale, buenas noches Alberto.

–Mosca y no le digas nada por favor.

–Chaaaao. -Le cerré la puerta en la cara.



A lo mejor iba a ser peor el remedio que la enfermedad, pero había que salir de dudas.

lunes, 18 de enero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. Mi madre me calma, mi entrepierna me mata.


Mi mamá no dejó que la buscara al aeropuerto, el chofer de su novio la iba a buscar y dejarla en casa.


Cuando llegó me abalancé, nos quedamos abrazados un buen rato, el mismo rato estuve llorando. Le conté con lujo de detalles todo lo que había pasado desde aquella fatídica fiesta de boda hasta el día del funeral.  Luego de dejarme hablar hasta el final me dio un beso en la frente, me tomó de los hombros y me habló como nunca lo había hecho.



–Estas echando tu vida a la basura, viviendo una montaña rusa sexual, casi todos los días teniendo sexo ¿hasta cuándo crees que te va a durar eso? ¿qué te ha dejado el sexo fortuito aparte de alguna enfermedad venérea que te contagien? ¿No quieres formar una familia? ¿quieres ir de cama en cama hasta el día que tengas que pagar por sexo porque nadie quiere contigo porque estas viejo, arrugado y decrépito.

Eres un profesional, independiente ¿Qué coño te pasa?. Necesitas ir al psicólogo de nuevo y hacer terapia y hablarlo, contarle todo, que te ayude para que te ayudes y salgas de donde estás.Te recomiendo que visites una bruja también y te lo digo en serio.

En cuanto a ese hombre misterioso deberías hablar con la policía.

–¿Y si me mata? Te recuerdo que es un sicario mamá.

–Algo habrá que hacer con eso. ¿Seguro vas a estar bien? Mira que a más tardar pasado mañana me tengo que ir y regresaré a Caracas en 3 meses.

–Si estaré bien mamá, me hacía falta hablarte y escucharte.

–Ve al psicólogo que te di, es muy bueno y mira –sacó un frasco redondo color ambar– estas son unas pastillas naturales no adictivas para que puedas dormir, tómatela 1 hora antes de dormir y verás que duermes y amaneces descansado.



Las 36 horas que mi mamá estuvo en casa no se despegó de mi, los celulares los mantuve apagados, vimos películas, hablamos de sus planes en Panamá, cocinamos y dormimos juntos. Me hizo mucha falta desconectarme de todo, pero el problema seguía ahí y tenía que afrontarlo. Mi problema no era el sexo, era las consecuencias de eso, yo quería seguir tirando las veces que quisiera, pero todo se complicaba luego de horizontalizarme con alguien.



El día que se fue mi mamá la bajé al aeropuerto, estuve con ella una hora. Me recordó que regresaría en 3 meses y que llamara al psicólogo. Ya cuando iba a buscar el carro aproveché antes para ir al baño. De 6 urinarios y sólo funcionaban 2, el último estaba ocupado por un señor que caragaba una maleta, era probable que estuviera llegando de viaje. Se me quedó viendo y sin dejar de hacerlo se echó para atrás dejando ver su guevo fuera del pantalón que lo sacudía mientras seguía creciendo. Se metió en el cubículo que estaba detrás de él y esperó a  que yo entrara.

-“¿Qué te ha dejado el sexo fortuito aparte de alguna enfermedad venérea que te contagien?” Se repetía en mi cabeza la frase que me dijo mi madre. Entré al cubículo y me senté en la poceta. Entre la maleta y nosotros 2 no había mucho espacio pero igual se lo mamé. Su guevo olia a perfume, a limpio, un pene rosado pálido y unos vellos casi rubios se asomaban entre el cierre del pantalón, me dedique a lamer su glande luego de retraer por completo el prepucio para luego jugar con el, era algo grueso pero no tan largo. Mientras lo mamaba me acariciaba la cabeza suavemente, de repente la suavidad se convirtió en tensión, su mano aprisionaba mi cabeza, era indicio que estaba a punto de correrse, cuando pensé que lo haría dentro de mi boca lo sacó y acabó en la pared.



Salí del cubículo y me dijo que lo esperara afuera pero no lo esperé, me fui a buscar el carro para irme a casa. En el camino me detuve en una licorería y compré una botella de ron. La abrí y comencé a beber por el camino, poniéndola en mis pies para que ningún policía o guardia no me la vieran.



Llegué a casa borracho, el carro no lo estacioné en mi puesto sino en el que estaba más fácil de aparcar. Entré al apartamento y busqué otra botella y la abrí, sonó mi celular, era Abel para formarme un peo porque no sabían de mi desde el funeral, le dje que me iba a duchar y me iba a su casa. Yo estaba peo, como pude me bañé y me vestí, agarré un bolso y metí una muda de ropa y la botella de ron empezada. Bajé y en la calle esperaría un taxi para ir al apartamento de los chicos.



De repente una moto de alta cilindrada se detiene donde yo estoy, yo me sostenía del poste de la luz, estaba parado como si estuviera aguantando que el poste no se cayera y era yo el que me iba a caer. –Móntate que te llevo– Me dijo el motorizado vestido de negro y con un casco más grande que la moto.

–No joda ¿quién coño eres tú, mamaguevo? –Sólo digo esa palabra cuando estoy en las condiciones en que estaba.

El tipo se bajó de la moto y me montó sosteniéndome. –Así ningún taxi te va a llevar, yo te llevo.

–Pero yo no te he dicho a donde voy mamaguevo.

–Abrázame fuerte y aprieta las piernas contra la moto.



Llegamos al edificio donde viven los gemelos.

–Este mamaguevo te trajo salvo, porque sano no estás. -Me bajé de la moto tambaleándome.

–¿Cómo sabías que venía para aca, mamaguevo?. -3 veces la palabrita.

–Porque soy Jack borracho impertinente, quédate a dormir aquí. –Arrancó aquella moto a toda velocidad, el ruido que hizo casi me quita la borrachera, pero fue unos segundos después que caí en cuenta que me había dicho que era Jack o por lo menos eso escuché.



Me abre la puerta Abel, yo tenía la botella en la mano y seguía bebiendo.

–François, ¿qué haces?  Estás borracho.

–¿Y cuál es el peo mamaguevo, tienes algún problema con eso?

Abel me ayudó a entrar y se acercó Caín, me sentaron en el sofá de la sala.

–Como mi papá te vea así te va a formar un peo. ¿Te viniste en tu carro? ¿no habrás manejado así con esa pea?

Me levanté del sofá y comencé a gritar.

–BUENO CARAJITO ¿QUE CARAJO TE IMPORTA A TI COMO VENGA YO PARA ACÁ?

–Porque estás en nuestra casa François y mi papá se va a molestar, ven al cuarto.

–COÑO DEJAME TRANQUILO Y SUELTAME VOY SOLO –Abel intentó tomarme del brazo para ponérselo por detrás de su cabeza pero no me dejé y le lancé un golpe.

–QUE ME DEJES COÑO –Lo tumbé al piso y Caín se me vino encima y me dio un golpe que me tumbó a mi también al piso y me puse a llorar. Me llevaron al cuarto me desnudaron, me metieron en la ducha y luego me acostaron.

Abel tenía el pómulo hinchado, pero con todo y que lo golpeé se quedó a mi lado velando mi sueño hasta que llegara Humberto, Caín preparaba una sopa de sobre para darme algo de comer.

Llegó Humberto pero subió directo a su  cuarto y se encerró, aún no superaba la muerte de Susana, habían pasado 8 días.



Los gemelos me dieron la sopa, yo estaba desnudo en la cama. Caín se fue a hablar con su papá y Abel terminó de darme la sopa.

–No vuelvas a perderte así, estábamos preocupados, fuimos hasta tu casa y no abriste la puerta y pensábamos que no estabas pero nadie te había visto salir.

–Estoy bien Abel, aquí estoy, han pasado cosas, que luego hablaré con tu papá.

–¿Cosas malas?

–Cosas Abel.

–Coño,¿ no me puedes contar? Tienen que ver con el hermano de la tipa esta, la muerta, Susana.

-Tráeme un ibuprofeno por fa, la cabeza me va a estallar. –Abel buscó la pastilla y un vaso de agua.

–Me tenías preocupado y mi papá estaba desdesperado porque quería verte para conversar, sigue muy afectado por la muerte de Susana.

Vi a los ojos a Abel y la visión se me inundó, Abel no puedo haber hecho algo mejor; me abrazó fuerte. –Tranquilo François, esta es tu casa y aquí te vamos a cuidar.



Ese abrazo de Abel lo sentí, me llegó al alma, supe que en esa casa todo iba a estar bien.