martes, 16 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. Acercándome a Dios.


Esa noche llegamos a mi casa. Llamé a Humberto para decirle que estaba con Tomás en mi casa que se sentía un poco down. Hablé con los gemelos que se arrecharon conmigo porque les había dicho que iba a jugar con ellos PlayStation.
–<<Seguro vas a tirar con Tomás, no le veo otra explicación y me debes un cuento>>. Chao. -Me trancó el teléfono Abel.



–Los gemelos que se ponen celosos. ¿Quieres comer algo? ¿tomar?. –Tomás se me vino encima y me dio un beso en la boca. –Wao sin preambulos. -Lo abracé y comenzamos a besarnos, le quité  la camisa y él la mía. Se acercó y me lamió las tetillas mientras me desabrochaba el pantalón. Se agachó y me bajó el interior y comenzó a mamarme el guevo desesperadamente, lo levanté.

–Espera, espera, estás como desesperado, cálmate, lo vamos a hacer pero relájate disfrútalo.

–Te tengo ganas y quiero hacerlo coño, tengo tiempo que no hago nada.

–Mira, ya, con calma. -Lo besé suavemente y profundo para que se relajara, nos fuimos a la cama.



Lo recosté de la cama y le quité los zapatos, las medias y el pantalón. Terminé de desnudarme y me puse sobre él sin acostarme encima. Comencé a besarle el cuello, dándole suaves mordiscos, al igual que en las orejas, lo beso y comienzo a bajar por su pecho haciendo lo mismo, busco sus tetillas y las muerdo, gime, se estremece y sigo bajando. Su ombligo pequeño y poco profundo recibe mi lengua y mis dientes, sus vellos que siguen hacia su pene los recorro con mi nariz y labios.Me paseo por sus muslos y muerdo su parte interna para luego llegar a la rodilla y también morderla, cuando bajé a la pantorrilla, escuché un grito ahogado y de repente siento en mi cara algo caliente, Tomás había acabado y mucho, comenzó a temblar.

Aproveché y me puse un condón, tenía que cogérmelo, le levanté las piernas y escuché a Tomás.

–Quiero que me lo metas y ya. -Lo hice, lo penetré hasta el fondo y comencé a moverme despacio, lo sacaba y lo metía. Tomás no había perdido la erección y comenzó a masturbarse, sentía mi pene caliente, la cara de Tomás era otra, estaba como poseído, se notaba que estaba disfrutando el sexo. Lo volteé y se lo metí boca abajo, el hombre me apretó el guevo y logró que acabara pero seguí cogiéndomelo cuando lo puse en 4, quería que acabara de nuevo. Y lo hizo.



Se quedó callado y a los segundos comenzó a reirse.

–¿Qué pasó?

–Wao François me hiciste acabar sin tocarme, lo que hiciste me encantó.

–Para que veas que lo mio no es sólo tirar y que no sólo que te penetren vas disfrutas del sexo. -Me abrazó y así nos quedamos dormidos hasta el día siguiente.



En la mañana aprovechando que estaba en casa y ya se había ido Tomás luego de desayunar, me puse a revisar mi correo. Recibí uno de una amiga del colegio que tenía añales que no sabía de ella.

Me envió la invitación para el bautizo de su hija, era el sábado de esta semana en La Lagunita. Iglesia Santa Ana a las 11 am

Salí a comprarme un traje pues el que tenía ya estaba casi desteñido y pasado de moda.



Ese sábado Tomás no podía ir porque tenía otro compromiso, Ernesto iba a estar en Margarita, le dije a dos amigos más y nada. Humberto y los gemelos iban a irse de paseo. Decidí ir solo y punto.



Era sábado me había puesto mi traje beige y una corbata vinotinto y una camisa de rayas azul celeste delgadas. Eran las 9:30 de la mañana y no había llegado nadie, me pareció raro, saqué la invitación que imprimí. 11 am.

Que ladilla, llegué antes. -Arrugué la invitación.



Me puse a recorrer la iglesia alrededor, era hermosa. Me voy por la parte de atrás y hay como una pequeña casa, supongo que del cura, oigo ruidos y me acerco, al asomarme veo aun tipo que viene sin camisa. Musculoso pero no al extremo, unos pectorales que lo adornan unos vellos rebajados. Estaba en bluyín, el cabello castaño oscuro y la cara limpia sin barba ni bigotes, hermoso.

–Buenos días ¿qué se le ofrece?

–Ah disculpe es que vengo para un bautizo y llegué algo temprano y me puse a caminar y conocer la iglesia que es muy bella.

–Así es. Mucho gusto me llamo Carlos y soy el cura de esta iglesia.

Yo creo que en ese momento acabé sin darme cuenta. Ni en mis fantasías más perversas había aparecido un cura así.

Se estiró para tomar algo de una repisa que estaba alta y me oriné al verle marcados los oblícuos.

–Vaya, nunca me habría imaginado que fueras tú el cura. -Se agarró el paquete, no sé para qué, pero lo hizo.

–¿Por qué, porque tengo cuerpo de gimnasio, soy joven y apuesto.

–Que bueno que destaques tus virtudes externas. -Le dije

–Pasa ven a tomarte un café mientras esperas por la gente. Quítate el saco que hace calor. ¿No te importa? -Se desabrochó el panatlón y se quedó en boxer, los flojos, eran de la cara de bugs bunny pequeñita repetida por toda la tela, era tan mata pasión que me dio morbo. Tiene un culo que debe estar bendito.

–No que va, que me va importar estás en tu casa o bueno en la del Señor, no creo que se moleste.



Fue a buscar el café, trajo una bandeja con 2 tazas, una jarrita de leche y unas galletas, me pareció un poco marica eso pero bueno, ya el ambiente se prestaba. Se sentó al lado mio en el mueble doblando una pierna encima del sofá, se le veía una bola, no sé si fue a propósito pero se la acomodó  con la mayor de las lentitudes.

–Ponte cómodo mientras te sirvo el café.

Me quedé igual que él pero en interiores cortos. –Tú tampoco tienes mal cuerpo y El Señor te dotó de un buen instrumento. –Dijo eso y me entró un calor que ya estaba sudando.

 –¿Has escuchado de Sodoma? –este carajo era un enfermo y me gustaba.

–Si -Le dije.

–Bueno, vas a llevar guevo por ese culo. –Me dijo eso y se tiro encima de mi No sé en que momento pasó pero él ya estaba sin boxer y yo con su guevo en mi mano. Me quitó el interior y empezó a mamarlo. El curita sabía lo que hacía, lo veía mamar y veía sus hombros bien formados, se detuvo y me dio un beso. –Tienes un guevo hermoso y divino, huele rico, que Dios lo bendiga –Qué manera de ponerme cachondo diciendo esas cosas–.



–Te cojo con condón o sin condón.

–Siendo cura debería confiar en ti, pero tienes pinta de ser un bicho, así que ponte condón.

–Como quieras, igual te voy a coger. -Abrió el paquete, estiró el condón y se lo puso de una en un guevo nada despreciable, se echó lubricante y ahí tirados en el sofá me penetró. Me levantó las piernas y comenzó a darme con fuerza, sus abdominales se marcaban con cada empujada que me daba y yo quería gritar. La respiración la tenía entrecortada.

–¿Te gusta como te cojo?

–Dios, si.

–No es Dios quien te coge, soy yo, Carlos. –Y me dio más duro, se levantó del sofá y fue a un cuarto. Regresó con el alzacuellos puesto.

–Para que te acuerdes que te cogió un cura. Agárrate de mi cuello. -Lo hice y me alzó para volver a penetrarme. –Mírame a los ojos mientras te cojo.



Iba caminando mientras me tenía ensartado, abrió una gaveta y sacó… UNA HOSTIA, me la puso delante de mi –El cuerpo de Cristo.

–Amén. -Eso terminó de volarme los tapones.

–Coño termina de darme duro, me dijiste que esto era Sodoma.

Le dije eso y el tipo me puso en el piso acostado para luego levantarme y ponerme la espalda en línea recta y con mi cabeza en el piso, me abrió las piernas y él parado comenzó a cogerme. Aquel guevo encontró, apenas entró, mi próstata y la estaba tocando, yo me vine enseguida, la leche me llegó a la cara pero ese hombre siguió. Me puso en 4 en el sofá y cada vez que empujaba movía el mueble. Lo llevó hasta la pared.

Siguió empujando hasta que se detuvo y lo sacó. –Ponme la cara, ponme la cara, dale.

-Me volteé y el cura derramó su leche bendita, y caliente, en mi cara y pelo.



Nos tuvimos que duchar de nuevo, eran casi las 11 de la mañana. Cuando ya estaba vestido nuevamente, Carlos se puso la sotana y me dijo –Puedes irte en paz. –Ya mi guevo volvía a despertarse pero teníamos que ir a la iglesia.



Por mi culpa la misa comenzó tarde, yo me estaba durmiendo, el cura me dejó aguevoneado, pero valió la pena. Estaba a 4 puestos de donde estaban los padrinos y los papás así que tenía a Carlos cerca, de vez en cuando me echaba una mirada y yo le picaba el ojo. Al lado tenía a una señora que debía tener 70 o 75 años.

En un momento en que todos estaban de pie y yo también, la señora me hala el saco para que me siente.

–Este cura es guapísimo ¿verdad?. -Yo me limito a sonreir. –La gente de por aquí dice que es gay pero no de esos enfermos que se acuestan con niños, no, hace sus cosas con hombres de su edad. También dicen que el cura está bien armado.

–Señora pero usted no debería de estar hablando de esas cosas aquí en la iglesia –Y hace una hora me cogió el cura.

–Tú harías buena pareja con él.

–¡Señora! ¿Pero usted está de acuerdo con que los curas tengar relaciones? ¿Cómo sabe que yo soy gay?

–Claro y se casen con quien quieran, esa gente ahí reprimida, ¿quién sabe adónde se va todo eso que no sale del cuerpo?. Lo sé porque yo los huelo cuando están cerca y además te vi entrando por la parte de atrás donde vive el cura y no saliste de ahí sino una hora después.

–Señora no vaya a decir nada.

–Tranquilo joven, además como le dije la gente lo sabe y no dice nada y las mujeres de aquí están contentas con él, saben que es gay pero no les importa, se ponen cariñosas con y le regalan dulces, tortas, le traen comida. ¿Quiere saber algo más?

–Cuénteme.

–Muchos de los maridos de esas mujeres, han estado con el cura.

–Ah mira, que curioso.

–Hace poco nos enteramos en mi familia que mi nieto, el más pequeño es gay, tiene 16 años, yo hablé con el y le dije que cuando cumpliera 18 años lo traía para acá con el cura, lo que pasa es que mi nieto está desesperado por perder la virginidad y yo le voy a regalar eso y que mejor que con un cura.

–Señora, admiro su mente abierta, más bien demasiado mente abierta.

–Ay mijo, si yo le contara. -Y me contó.

–Yo era puta cuando tenía 16 años, trabajaba en el bar de mi abuelo y me pusieron a hacer eso porque tenía que llevar plata a casa, cuando cumplí 18 años me fui con uno de mis clientes, un señor de 32 años muy bueno, padre de mis 8 hijos, nunca nos casamos y enterré a 7 hijos. El padre de mis hijos murió hace 15 años. Yo he visto de todo mijo y sé como son las cosas, lo que pasa es que ahora todo es más abierto y pervertido y hay que cuidarse pero desde siempre han pasado estas cosas.



Tanto hablé con la mujer que nos quedamos solos en la iglesia y ya se había ido todo el mundo.

–Ahí está el cura, vaya a hablar con él, si está ahí es porque lo está esperando.

–Bueno pero por lo menos dígame su nombre.

–Mijo confórmese con saber que soy la mamá de Jack. –En ese momento se acercó Carlos y me distrajo.

–¿Cómo que la mamá de Jack? –Cuando volteé ya no estaba.

–¿Tu viste a esa mujer?

–¿Qué mujer?

–Llevo rato hablando con una mujer que estaba aquí sentada.

–Aquí no ha habido ninguna mujer, ¿cómo es que es tu nombre?

–François, me contó una historia ahí de su familia, sus hijos, que fue puta, que sabe que eres gay.

–Jajajajaja Mira chico pues va a ser cierto lo del mito urbano de la señora que se le aparece a la gente cada vez que hay bautizos. Siempre escuché el rumor pero nadie que me dijera que se le apareció y ahora vienes tú y me cuentas eso.

–Pero es que me dijo que era mamá de un…amigo mio, eso me descolocó.

–Acompáñame a tomar otro café, ¿quieres?



Le dije que si, pero en realidad mi mente estaba en otro sitio.

lunes, 15 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. Sexo para cerrar la tarde.


Mientras esperábamos nuestro turno para entrar a consulta, estábamos charlando, no teníamos señal ahí así que la distracción de Grindr estaba descartada. Frente a mi estaba un visitador médico de Pfizer, de vez en cuando levantaba la cabeza y me miraba y se sobaba la pierna. Era un moreno calvo de lentes, con buen cuerpo, tenía candado. De vez en cuando se tocaba el paquete.


Tomás se dio cuenta de la miradera y empezó con su cantaleta.

–Ya te gustó el tipo y ya quieres tirártelo.

–¿Y en que te afecta eso?

–¿Te respondo o pensando un poquito te respondes?

Todo esto era susurrando, aunque la sala de espera era grande se escuchaba la que hablábamos.

–Sólo lo estoy mirando, no me lo voy a tirar. –Unos minutos después se levanta y le dice a la secretaria que va un momento al baño, sale de las sala y un instante después me levanto.

–¿Adónde vas? ¿no irás al baño?

–¿Tú qué crees?

–No me vas a dejar aquí solo.

–Cállate es cuestión de minutos.



–Señorita ¿dónde me queda el baño?

–Sales y agarras a mano derecha y al fondo están los baños.

–Gracias.



No había nadie por el pasillo y el baño estaba solo, nada más estaba él, entré y me fui al urinario.

–Hola. -Me dice –Pensé que no ibas a venir, ¿ese es tu novio?

–Es un amigo, que lo estoy acompañando. Bueno aquí estoy. Mucho gusto François.

–Arturo, pero no me interesa tu nombre, me interesa otra cosa. -Se me acercó y bajó la mano hasta mi guevo.

–Esto si está grande vale, ¿lo puedo mamar?

–¿Y si viene gente?. –Pasó el pestillo y apagó la luz.

–Estamos tu y yo. –Se agachó y comenzó a mamarlo, sentía como su lengua recorría todo mi guevo y lo mojaba, se lo metía y volvía a sacarlo. Mientras estaba agachado se desabrochó el pantalón, se levantó y lo dejó caer.

–Métemelo. –Se llenó la mano de saliva y se se la pasó por el culo.

–Espera que me pongo el condón.

–No, sin condón , mételo así.

–Estás como loco, no te conozco.

–Estoy sano.

–Si y yo soy hetero.

El condón me irrita.

–Bueno entonces no te cojo y me lo mamas hasta que acabe. -Se detuvo unos segundos y luego habló. –Bueno póntelo y me lo metes.



Me puse el condón y le dije que me lo mamara hasta dejarlo baboso, lo volteé y comencé a meterlo. Aquel culo estaba apretado y aún más él apretando el esfínter. El carajo estaba apoyado de la pared gimiendo y pidiendo que se lo metiera todo, le hice caso y empujé hasta meterlo hasta el fondo. Se puso tenso y se le marcaban los músculos, le toqué los pectorales y eran dos rocas con un par de tetillas que parecían tornillos.



Comenzó a masturbarse y acabó dentro del urinario.

–Vente ya, me tengo que ir.

–Ahora es que me falta. -No hay nada que me arreche más que acaben y me dejen a medias, lo tuve que hacer e irme con la ganas.

–Anota mi teléfono. -Me dijo.

–¿Para qué? Lo que me interesaba de ti ya lo obtuve. –Salí del baño y me fui al consultorio. Me senté al lado de Tomás.
–¿Te lo tiraste verdad?

–Si lo sabes para que preguntas.

–¿Y dónde se fue?

–Yo que sé.



Entró el visitador que me cogí a hablar con el doctor y al salir él nos tocaba a nosotros.

Cuando salió Arturo, el visitador , me hizo señas para que lo viera afuera.

–Ahora regreso, entra tú y luego paso.

–¡Qué bolas tienes François!



–Me dijo Henriquez que te lo tiraste.

–Que discreto el hombre, si, me lo tiré.

–Quiero repetir.

–Lo siento mi pana, con lo chismosa que eres no me interesa.

–Toma mi tarjeta y cuando quieras me llamas. –La tomé y me la metí en el bolsillo de atrás. Volví a entrar.



El doctor le estaba explicando a Tomás que según los resultados, aparte de estar muy bien, no tenía que empezar a usar antirretroviarales. Que de momento comiera sano, balanceado, no excederse en el alcohol, no fumar y hacer ejercicio. –Lo más importante  es que estés de buen ánimo, estar deprimido, triste o estresado te baja las defensas y eso no es bueno.



Yo empecé a preguntarle miles de cosas y nos instalamos, Tomás nos miraba hasta que nos interrumpió.



–Perdón por interrumpir tan amena conversación pero esta es mi consulta. Encima que te tiras a mi médico, también quieres quitarme mi tiempo para consultarle cosas.

–Disculpa Tomás tienes razón, de todas maneras lo que le dije a François también vale para ti y mucho.

–Voy a ir al baño un momento y así ustedes terminan de hablar.

Tomás se fue el baño y aproveché para decirle unas cosas al medicucho este.



–¿Cómo que se molestó tu amigo?

–Lógico, nos enganchamos a hablar y lo ignoramos, pero no te quería hablar de eso. ¿Tú para que le cuentas al visitador médico que tú y to tiramos?

–Tú le contaste a Tomás.

–No es lo mismo, Tomás es mi amigo

–Arturo es mi amigo, el problema es que él te lo dijo y no debió. Con el podemos hacer un trio y me cogen los dos y luego me los cojo.

–No me interesa estar con ese tipo. Por cierto, te iba a preguntar, ¿por qué tienes el culo tan abierto? Has llevado guevo que jode o que?.

–Te tiraste a Arturo en el baño, me contó. Lo tengo distendido porque…-En eso regresaba Tomás y no pudimos seguir.

–Yo me voy a retirar para que ustedes conversen traquilos, ¿ok? Te espero afuera.



15 minutos después salía Tomás de la consulta y nos fuimos, lo invité a un café.



–¿Ya estás más tranquilo con lo que te dijo el doctor?

–La verdad si, me tranquilizó, pero le dije que no quería esperar hasta que necesitara medicamentos que si los podía comenzar ya, me dijo que en la próxima consulta dependiendo de los exámenes evaluabamos eso, pero no habría problema en empezar de una vez.

–Esa es tu decisión, consúltalo con él la próxima vez.

–Me recomendó ir a un psicólogo.

–¿Y eso?

–Me preguntó si había tenido relaciones sexuales con protección y le dije que no había tenido nada con nadie desde que me enteré y me puse a llorar.

–¿Por qué?. –Le dije eso y volvió a llorar.

–Porque nadie quiere tirar conmigo…cada vez que les digo que tengo vih huyen o me dicen que no.

–¿Y tú para vas diciendo que tienes vih? Protégete y listo.

–Noooo, yo no puedo hacer eso, ¿y si se contagian por mi culpa?

–Ay por favor Tomás.

–Hazme el amor esta noche, quiero dormir contigo, yo sé que tú no me vas a rechazar.

–¿Sabes que significa que nos acostemos? -Yo si sabía, me iba a quitar la cojonera que me dejó el otro en el baño. –Te vas a enganchar más y me vas a reclamar cosas como que no te paro, que si fuesemos novios y toda la paja.

–Sólo quiero hacer el amor y que me abraces, lo necesito, necesito sexo, no me lo niegues tú también.



Como siempre se me paró el guevo, pagué y nos fuimos a mi casa.

jueves, 11 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. Tomás y su eterno amor secreto: yo.


Una semana despues del suceso con Abel, ya estaba recuperado aunque todavía llevaba el cabestrillo. Jack me escribió toda la semana –y aún lo hace– preguntándome como esta “el muchacho”.



–<No sé como haces para estar en todos lados y resolver todo> -Le escribí.

–<No siempre soy yo el que te cuida, pero procuro hacerlo, yo tambié trabajo>

–<Si matando gente. Y de que no eres tú siempre me quedó claro>

–<Para eso me pagan, créeme, no es gente buena y por eso me pagan muy bien>

–<Eso no te exculpa>

–<No, pero es la vida que escogí>

–<¿Estás consciente que puedes morir n cualquier momento?>

–<Desde que me levanto y aún durmiendo lo tengo en la mente, ahora mismo puedo caer muerto>

–<Espero conocerte vivo y no en la morgue>

–<Me vas a conocer vivo, tranquilo, no comas ansias. ¿Por qué quieres conocerme?>

–<Porque me intrigas, me das miedo, me pones nerviso cada vez que apareces> -Lo siguiente que pusé lo pensé mil veces antes de escribirlo, pero lo hice. -<Porque pienso en ti y me excito, me da morbo sentir que alguien me vigila y me protege y además saber como es, porque te sentí cuando te abracé en la moto>

–<Jajaja No te confundas conmigo François, las cosas no son como las estás pensando>

–<¿Y cómo son?> -La conversación se detuvo y no hubo manera de que respondiera.



Le conté a Humberto que Jack o quien quiera que fuese mató al tipo que le disparó a Abel, me preguntó si se lo dije a la policía y le dije que no, que no sabía que había muerto el malandro. Y antes que se fuera al trabajo, que ya iba tarde, le pregunté por Arlindo.



–¿Arlindo?

–No te hagas el loco. Arlindo es mi exjefe y es el tipo que estaba en el camión de osos en la marcha gay y me mostró tu foto en su celular. ¿Estás saliendo con él.

Humberto resopló y cerró los ojos mirando para el techo. Dejó el maletín en el sofá y me miró.

–A ver, si, nos conocimos por una aplicación de estas que hay.

–Si, si, si Grindr, aja. –Estaba molesto y no sé porqué me puse así en aquel momento.

–¿Estas molesto? Bueno, me acabo de enterar que era tu jefe y que te lo tiraste, pero…ustedes no son nada, buen, una relación de empleado/jefe y tiraron pero ya, no veo porque te tienes que poner así.

–No estoy molesto –mentí –simplemente me da curiosidad, ¿va en serio? ¿Ya tiraron?

–No sé François, ¿a que viene este interrogatorio? Estamos saliendo, punto. No, no hemos tirado.

–Bueno no te interrumpo más, ya vas tarde. -Me entró un fresquito saber eso…en fin.



Tenía que acomodarme para acompañar a Tomás a buscar sus exámenes y a consulta. Los gemelos se quedarían en casa solos hasta la noche que volviera su papá o yo. Les dejé comida hecha.



Busqué a Tomás por su casa y nos fuimos al Centro Inmunológico. El gentío era impresionante pero sólo era para entrega de exámenes, esperamos 15 minutos y nos dieron los resultados, salimos de ahí y abrimos el sobre.

–¿Qué coño será esto? ¿Estaré bien? Mira aquí dice 20.000 mil copias. ¿Qué esto? Será grave?

–No sé Tomás, si quieres bajamos y le preguntamos al doctor de allá abajo, lee el otro.

–No, no quiero bajar ya vamos donde el doctor Henríquez y que él nos diga, a veeer, este dice…mierda, tengo los valores por debajo de lo normal.

–¿mucho?

–No, no sé, la verdad no sé que será mucho para estos rangos normales, ay mierda esto parece chino.

Agarré a Tomás por los hombros y lo puese frente a mi.

–A ver, mírame, deja la angustia, no te mortifiques antes de tiempo. ¿Tú te sientes enfermo? ¿te duele algo? ¿estás débil?

–No.

–Entonces quédate tranquilo, el tipo este nos dirá lo que pasaa y si tienes que tomar pepas pues te las tomas y punto, si eso te va a hacer bien, te sale tomar pepas como una vieja. –Logré sacarle una sonrisa a Tomás y nos fuimos al carro, ya íbamos tarde a consulta.



–¿Te sigues tirando a mi doctor?

–¿Esa pregunta es de curiosidad o de celos? –No respondió, asumí que quería mi respuesta. –No me lo he tirado más.

–Bien.

–¿Bien que?

–Bien, bien…que ok

–ok, porque en cualquier momento me lo cojo de nuevo.

–Que animal eres, ¿tú sólo piensas en sexo durante todo el día?

–No, también acompaño a mis amigos a consulta para que no se sientan solos, guevón. Si me gusta tirar como loco, ¿cuál es el peo? Relájate.

–A veces me pongo a pensar como me pasó por la cabeza quererme empatar conmigo.

Frené el carro en seco. –¿Tú crees que no sirva como novio de alguien?

–Me extraña tu pregunta François, tú el que dice que eso es una farsa, que los gay se montan cachos, que el ser humano es infiel por naturaleza, bla, bla, bla.

–Arranqué el carro y no hablamos más hasta llegar al consultorio.

–¿Estás nervioso?

–Un poco. ¿Tú te empatarías conmigo sabiendo que soy vih+

–¿Me estás haciendo una pregunta tan estúpida que voy a ignorarla.

–Respóndeme.

–Tomás hay condones.

–¿Y si fuera otro tipo y no yo, el que te dice eso, que tiene vih?

–Lo mismo, no me importa eso, eso es lo de menos en una relación, ¿hay que ponerse capucha? Pues se pone y listo a disfrutar del sexo.

–Entonces si te empatarías conmigo.

–Aaaay Tomás estás ladilla, voy a tomarlo como que andas nervioso por los exámenes, entra.



 Nos sentamos y erámos lo octavos para entrar, así que nos quedaban unas horas ahí porque además habían unos visitadores médicos por ahí… Uno bien bueno por cierto.

miércoles, 10 de febrero de 2016

MALAS INFLUENCIAS. Yo y mis ganas de sexo.


Ya estábamos en la ambulancia rumbo a la clínica. Había llamado a Humberto y a Caín. Abel no reaccionaba, estaba inconsciente y había perdido sangre.


–Aguanta Abel, aguanta. –Yo no paraba de llorar y uno de los paramédicos me puso la mano en mi hombro.

–Va estar bien, ya vamos a llegar. –Me dijo. Le vi a los ojos y sonreí, él quitó su mano del hombro y bajó la mirada.

Al rato caí en cuenta que mi carro lo había dejado en el estacionamiento del centro comercial.



Llegamos a la clínica y entramos a Emergencias yo los seguí, una vez que lo estaban estabilizando para entrar a quirófano le puse el escapulario que me regaló Jack. –No se lo quiten. -Le dije a la enfermera.  –Para que lo proteja. –Me sonrió y siguió en lo suyo.

Salí y llegaba Humberto con Caín que apenas me saludaron y entraron a Emergencia.



A los pocos segundos salieron pues iba directo a quirófano. Le expliqué a Humberto lo que sucedió y me agarró de los hombros -Yo estaba sin camisa– y me zarandeó.

–¿POR QUÉ LO DEJASTE SOLO?

–Papá déjalo, ya te explicó lo que pasó.

–Tú cállate, cada vez que dejas a tu hermano solo, le pasa algo.

–¿En serio?. -Les dije, Caín afirmó con la cabeza. En 3 oportunnidades pasó, cuando eran niños, Caín dejó a su hermano solo en el parque y el columpio donde estaba montado se partió y se dio un fuerte golpe. A los 11 años Caín se fue a una fiesta de cumpleaños pero Abel no pudo ir pues estaba castigado, le dio sarampión y casi se muere. A los 14 años –esto no lo sabe Humberto– Explorando por primera vez el sexo se fueron a un baño. Abel comienza a mamarle el guevo a un tipo como de 35 años y Caín se sale del baño pues hay mucha gente. El hombre intentó violarse a Abel y lo golpeó, pero los gritos de Abel lo salvaron, Caín lo sacó corriendo del lugar antes que llegaran los vigilantes.



Uno de los médicos que estaba atendiendo a Abel sale y nos dice que necesita sangre para el chamo pues ha perdido mucha. Humberto no puede donar pues le dio hepatitis y Caín es menor de edad.

–Doctor sáqueme la sangre que necesite, toda la que necesite.

–Vamos a ver, necesitamos reponer busquen donantes y usted vaya al banco de sangre ya.



Llegué al banco de sangre y tuve que mentir en la planilla, pues si uno es gay es persona promiscua y de alto riesgo, en mi caso estaban en lo cierto, pero necesitaba dar sangre y yo estaba sano.

–Sáqueme 2 bolsas.

–Sólo se le va a extraer una bolsa.

–Le dije que me saque 2 yo asumo el riesgo, yo firmo lo que tenga que firmar. -Tanto insistí que accedieron. Luego de sacarme la sangre me tuve que quedar una media hora acostado, me trajeron un jugo 3 en 1 para recuperar fuerzas. Entre la espera llegaron 3 personas más para donar sangre.



Al salir de ahí me fui a la cafetería para comer algo. Seguía mareado pero nada para preocuparse. Me coseguí de frente al paramédico que venía en la ambulancia.

–¿Cómo sigue el muchacho? ¿es tu hijo, sobrino?

–No, no, es un alumno al que le doy clases particulares, al parecer estable, más tarde lo bajan a la habitación.

–Qué bueno,  ¿vas a tomar algo?

–A comer, doné sangre.

–Ah bien, bueno te invito, tienes que alimentarte.

–No chico, acompáñame nada más.



David se llamaba el paramédico. Comenzó a preguntarme si estaba casado, si vivía solo. Me veía a los ojos.

–Soy químico y profesor y soy gay David, no le des más vueltas.

–Ah que bien. Me encantaría conocerte más pero hoy me provoca hacer otra cosa.

Le dije que yo también y me dijo que fuéramos al 5to piso que está en obras y hoy no hay obreros que podíamos hacerlo ahí. Le escribí a Humberto para saber de Abel y que estaba con un amigo conversando que ya regresaba. Afortunadamente Abel estaba estable y en un par de horas más bajaría a la habitación.



Llegamos al 5to piso y fuimos hacia la izquierda, estaba oscurísimo, cuando caminamos unos pasos se detuvo y se volteó a darme un beso. Como pudo me metió la mano por dentro del pantalón y tocó mi guevo.

–Coño…¿qué tienes ahí bajo?

–Un trozo que te voy a meter.

–No chamo es vaina no me la voy a meter. Sólo te lo voy a mamar.



Le desabroché el pantalón, hasta que cayó al piso y le bajé el interior. Un pequeña línea de luz que entraba por una ventana sucia se distinguía una mata de pelo entre sus piernas y el guevo… ¿qué guevo?.

Brillaba por su ausencia…

…allá abajo había una cuca, vagina, vulva ¡Dios! Un trans.

–Ya va, ya va, ya va, ¿qué es esto? –Volví a tocar y no había duda. –¿Eres una mujer?

–Si, pero no me he operado y no lo haré, he tenido éxito así como estoy. Pensé que te gustaría por eso no dije nada…

Lo volteé y me puse el condón. –Yo vine a cogerme a un hombre y eso voy a hacer, así, con el culo peluo igual que el pecho. -Ahí de pie, le abrí las nalgas y se lo metí. El hombre, o mujer ya no sabía nada, comenzó a gemir fuerte, le dolía pero lo disfrutaba, cada vez gritaba más duro y le ponía la mano en la boca pero él se la quitaba, se lo estaba metiendo completo, el calor era insoprtobable y además vestidos.

Ahí seguíamos de pie y yo partiéndole el culo a un trans.



–¡Métemelo por la cuca anda, métemelo, sácalo y mételo por el otro hueco!. -Estaba tan excitado que ya no me importaba donde lo iba a meter pero me saqué el condón y más abajito lo metí, ahí David se volvió loco o loca, ya no gemía sino que me formba peo. –¡Dame duro coño, mételo duro, cógeme!. –Shhh no grites. -Él seguía gritando insultos. Eso me estaba poniendo mas quesúo. Sentía mi guevo mojado y caliente y ya estaba a punto, ya teníamos un buen rato en eso y me corrí.

Acabé en una vagina, en mi primera vagina. El orgasmo de David fue impresionante, de su cuca destilaba el flujo como un grifo hasta que terminé por sacarlo.



Yo mismo estaba impactado de lo que había hecho. Cuando levanto la mirada teníamos a un médico y una mujer que salían de no sé donde, estaban en lo mismo que nosotros.  Como si nada, se fueron y nosotros hicimos lo mismo.



–Fue la mejor cogida que me han dado, verga que divino y por los dos lados. Eres un bestia, que guevo tienes. Anota mi número. –Le repiqué, para que tuviera el móo, algo me decía que yo volvería a ver a este tipo y repetiríamos. De verdad que se siente bien mi guevo dentro de una vagina, pero una vagina así que la tengo un tipo pelúo. ¡Dios! ¡que retorcido!.



Regresé al piso 2 y ahí estaba Caín hablando por su celular.  Le pregunté por la habitación y me señaló la puerta mientras seguía al celular.

En la habitación estaba Humberto y una amiga de él, Abel estaba despierto hablando con la mujer.

Abracé a Humberto. –Discúlpame por haberte hablado así antes, estaba nervioso.

–Tranquilo, luego te cuento algo.



–¿Cómo está el que se cree superhéroe?

–Gracias por estar ahí y no abandonarme.

–¿Pero como te iba abandonar ahí, si estaba más angustiado que tú? Me moría si te pasaba algo.

–Tú estabas tirando. –Me dijo Abel para luego toser.

–No estés hablando mucho que te agotas.

–Estabas tirando ¿verdad?. -Me dijo en susurro.

–Si, luego te cuento, no vas a creer lo que me pasó.



Un par de días estuvo Abel hospitalizado. Luego en su casa, me comprometí a cuidarlo. Caín se puso un poco celoso porque no le prestaba atención, pero la verdad es que a ambos los quiero y no quiero que les pase nada nunca, en esos días abracé a Caín y se lo dije y lo que me respondió me dejó frío.



–Yo sé y estoy seguro que Abel está enamorado de ti, pero es que yo también y no sabes las ganas que tengo que algún día te fijes en mi para otra cosa más que tirar. Eres el tipo ideal para empatarse y hacer una vida juntos. Pero si en algún momento escoges a mi hermano, lo entenderé y me aparto, a mi hermano lo adoro y quiero que sea feliz.



A mi se me arrugó el corazón y por primera vez sentí algo distinto a lo que siento cuando tiro con alguien, sentí algo bonito, sentí que puedo enamorarme, pero es que con los gemelos no me veo en una relación. Pero lo que me dijo Caín me conmovió.