Iba
caminando por la orilla de la playa mirando a la gente bajo sus sombrillas y
disfrutando del mar. De repente vi un puesto de salvavidas, tenía una gran
sombrilla roja, debajo habían dos muchachos atentos a lo que ocurría en el mar
y prestos a internarse en él ante cualquier emergencia. Uno de ellos, rubio y
alto, con un short rojo, hablaba por su celular. El joven terminó de hablar,
guardó el celular en un bolso negro que estaba sobre la arena. Junto a él, un
moreno y de baja estatura, caminaron hacia el mar para controlar el movimiento
de los bañistas. Observé como me veían mientras pasaba frente a ellos y seguí
caminando hacia el interior de una zona selvática cercana a la playa.
Con el
corazón latiendo a mil, caminé unos metros más, me interné tras unas matas sin
hacer ruido. Seguí caminando unos cien metros y me detuve nuevamente, estaba en
un pequeño claro en medio de la selva, me arrodillé, en ese momento aparecieron
los dos salvavidas sorprendiéndome; el moreno me tomó por detrás del cuello haciéndome
una llave que me cortaba la respiración. Yo seguía arrodillado
inmovilizado. –¿Qué haces en esta zona
solitaria? ¿Intentas hacer algo? Me dijo el rubio que estaba frente a mí. Se
bajó el short dejando a la vista un verga grande, casi erecta. “Abre la boca”
dijo. Al principio me negué con la boca cerrada mientras rozaba con su guevo
mis labios. “Abre o te caemos a coñazos aquí”. Por su forma de hablar supe que
no bromeaban.
Lentamente
abrí la boca, me metí el guevo hasta la garganta. “Chupa” dijo. Con los ojos
cerrados, comencé a mamar esa verga. “mm que rico, parece que sabe mamar” le dijo
el catire a su compañero. Ahora su verga estaba totalmente dura, salía y
entraba de mi boca. El moreno soltó mi cuello, me dijo “ponte en cuatro patas”,
le hice caso. Rápidamente bajo mi traje de baño y quedé desnudo. Mientras yo
mamaba la verga del catire, el moreno jugaba con mi culo metiendo dos dedos.
Comencé a ponerme nervioso y les dije que no me hicieran daño. “No, quédate
tranquilo” dijo “ si esto te va a gustar”. Miré hacia atrás, el moreno ya se
había quitado el short, tenía un guevo enorme, grueso y totalmente duro, lo
mojó con su saliva, apoyó el glande contra mi culo y comenzó a penetrarme.
Cuando
iba a decirle al carajo que fuera despacio, no pude hablar más porque la verga
del catire entró nuevamente en mi boca. Perdí la noción del tiempo mientras me
cogían, pero sentía dolor en las rodillas por el calor y el roce de la arena.
De repente el rubio comenzó a jadear fuerte, “me vengo” dijo y su verga comenzó
a escupir chorros de leche sin parar que me llenaron la boca “Trágatela toda”
dijo. Se salió de mi boca y la leche continuó chorreando por mis labios. “Límpiame
el guevo” ordenó. Con mi lengua comencé a limpiar los restos del semen que escurría
por su glande y tronco.
El otro
seguía con su guevo metido, sus bolas sonaban en mi piel sudada, de repente
dijo “ya acabo” y sentí en mi interior una catarata caliente, sacó el guevo, me
dijo lo mismo que el catire y le pasé la lengua, mientras sentía como la leche
se salía de mi culo. “Muy bien putica, te portaste bien” me dijeron acariciándome.
Ambos se vistieron y se fueron a su lugar. Yo quedé desnudo, tirado en la
arena, y con el rostro y el culo salpicados de semen. Aunque había sido la
primera vez que tenía sexo con hombres, no me disgustó. Ya sabía donde estaban
los muchachos, así que no iba a pasar mucho tiempo para regresar a esa playa.
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