Tomás se reunió con Alberto para
enfrentarlo. Que le dijera en su cara porqué le mintió si es que sabía que
tenía vih.
–Lo sé desde unas semanas antes de
conocerte. -Le dijo, Tomás se puso a llorar pidiéndole explicaciones, porqué lo
ocultó, porqué no se protegieron –aquí Tomás asumió su cuota de culpa– Alberto
le dijo que no dijo nada porque no quería ser rechazado y no usó el condón pues –No te puedo dar
una respuesta razonable -Sólo dijo eso.
La otra pregunta fue lo de acostarse
conmigo y que ahí si usó condón. Ahora
era Alberto quien lloraba, pidió mil disculpas y se ofreció en pagarle los
gastos de los exámenes y consultas médicas, por lo menos en esta primera
oportunidad, Tomás aceptó, pero más por un asunto de solidaridad por parte de
Alberto, que lo veía arrepentido, que por algún tipo de cobro por haberle hecho
eso.
–¿Vamos a seguir viéndonos? ¿Seguir
como novios?
–No…ahora no puedo Alberto y creo que
esto se termina aquí y no hay vuelta atrás, por lo menos ahora, esta situación
me trastocó todo. Y encima me montaste cachos con mi amigo..
–Pero a ti te gusta François, ese tipo
también le gustas, tiró conmigo para alejarnos. Él no es un santo.
–No, no lo es, pero pensé que tú
podrías haber dicho que no y no dejarte llevar por un momento de pasión.
–Podemos seguir siendo amigos.
–Podemos, pero en este momento no
quiero saber de ti ni de nadie.
–Yo también lo pasé mal cuando me
enteré que tenía vih. Fue mi mejor amigo.
–Vaya, ¿y qué, ¿te estás vengando con
el resto del planeta por lo que te hizo tu amigo?.
–Eso fue muy duro Tomás.
–Soy un imbécil, la culpa es mía por
confiar en la gente. Que te vaya bien en la vida Alberto y no me llames ni me
escribas.
Algo así más o menos fue el encuentro
de este par –lo que me contó Tomás, no sé si hubo más cosas–.
Al día siguiente tempranito acompañé a
Tomás a hacerse los exámenes que le había dicho el doctor Henríquez –Tenía unas
ganas de cogerme a ese tipo– así que, por solidaridad me fui sin desayunar para
luego invitarlo a hacerlo juntos.
–Alberto me depositó el dinero, pero
quería usar la tarjeta de crédito, no pregunté si aceptan.
–Deja que yo pregunto en caja, mosca si
te llaman. –Me fui por el pasillo y luego crucé a la derecha, le pregunté al
hombre y me dijo que sí, cuando ya me iba a regresar, apareció Henríquez.
–Epa François ¿cómo estás?
–Hola Doctor, todo bien estoy allá
afuera con Tomás.
–¿Por lo de los exámenes? Ahora lo hago
pasar para que le saquen la muestra primero. Ven acompáname a mi consultorio.
–¿Aquí también consulta?
–Sí. –Le dijo a la secretaria que yo
era visitador médico que cuando saliera yo que entrara el siguiente paciente.
–Tenemos 15 minutos, suficiente para
que me cojas. –Se bajó el pantalón y se subió la bata apoyando su pecho en la
mesa y mirando por la ventana que era de pared a piso y a mitad de ventana
había un muro de plantas y un pasillo pegado
a la fachada. Me pasó un gel que tenía ahí y yo saqué –como siempre– un
condón del bolsillo del pantalón.
Çuando le metí la mano entre las nalgas
para echarle gel, el hueco del culo lo tenía abierto, me entraba el dedo
fácilmente, fue extraño, el culo estaba flojito. Al acercar mi guevo y empujar, entró completo de una vez, yo me quedé
asombrado. –Ya tú vienes dilatadito doctor. –Le dije, sólo contestó –dame duro
-Y eso hice.
Sentía que había metido el guevo en una
cañería, no estaba apretado, se sentía húmedo y cálido pero no había presión,
Cuando se lo metía completó gemía y no se por qué, sería por lo largo de mi guevo, porque por ahí cabía un brazo sin hacer mucho esfuerzo. El agachó la cabeza y yo me quedé viendo
como entraba mi verga en esa boca de payaso. Cuando levanto la mirada, había un
niño como de 7 u 8 años pegado al vidrio de la ventana intentando ver hacia
adentro, No sé por qué pero me dio morbo verlo ahí.
–¿Por la ventana se ve para adentro?
–Solo si te te pegas al vidrio.
–Ah bueno, afuera hay un carajito viéndonos.
–El doctor levantó la cabeza, se
levantó y se volteó. –Quítate el condón para mamartelo y me acabas en la boca.
El hombre se fajó durísimo metiéndose
ese guevo completo en la boca y moviéndose rápido.
–Ahí viene, ahí viene, –El carajito
seguía ahí pegado como un corroncho en la pecera.
Me vacié en su boca y se tragó todo
aquello, cuando lo saqué todavía salía leche de mi guevo.
Nos acomodamos y me dijo que me esperara hasta
que entrara la paciente y ahí me despedía de él.
–Buenas doctor, ¿cómo le va? –Era una
mujer.
–Buenos días. Siéntese.
–Doctor, tiene algo en la mejilla, ahí
en la izquierda
–¿Ah? ¿algo?
–Si, si, es como crema.
Era
de mi crema que se bebió.
–Deje que yo se la quito , tengo
toallitas.
–Bueno doctor me voy que tengo que
hacer más visitas. Esa crema es buena para la piel, úsela y me avisa.
-¿Ay que crema es? –La mujer olió la
toallita, ccerró los ojos y la botó en la papelera. Yo salí a toda velocidad.
–Coño, ¿dónde te metiste? Ya pagué, si
aceptan de crédito.
–Ah que bien, estaba con el doctor
Henríquez que tiene consulta aquí y te va a pasar antes –se lo dije al oído.
–Deja que le escriba que estaba con una paciente.
–Tienes la cara roja y andas agitado.
Verga no me digas que te tiraste a alguien allá adentro. -Me le quedé viendo a
los ojos.
–¡Que bolas te tiraste a mi doctor! -Me
lo dijo en voz baja.
–Shhhhh cállate, sí pues, cuando estaba
hospitalizado me visitó tempranito y el tipo tiene unas manos pa masturbar uuf
me hizo acabar pero bueno, no sabes.
–Definitivamente tú estás enfermo. Y a
mi es que me pasa esto, que bien.
–Ya, no empieces Tomás.
Apareció el doctor y llamó a Tomás y lo
llevó a uno de los cubículos, le sacaron la sangre, nos despedimos del doctor y
nos fuimos.
Salimos del laboratorio.
–Valió la pena la cogida que le eché,
te ahorraste 10 personas en espera.
–Mira François, sigues siendo una puta,
así me hagas la segunda.
–¿Pero que vas a hablar tú? que te
tiraste a los gemelos el día que los conociste, ni yo hice eso, no te me pongas
digno.
Cuando retomamos la caminata hacia el
carro se atraviesa un niño, el niño de la ventana.
–Te vi por la ventana, estabas haciendo
algo con el médico de mi mamá, yo te vi.
Aparté de un empujón al niño y
seguimos,.
–¿Ese carajito te vio tirando con
Henríquez?
–Sí, por esa ventana. –Volteamos y se
la mostré a Tomás. – El muy ocioso se quedó pegado al vidrio hasta que le acabé
en la boca, que por cierto, así habré acabado que le dejé un lechazo en el
cachete y se lo limpió UNA PACIENTE que vergüenza.
–¿Será que todos los gays son como tú?
–Bueno, no como yo, pero todo gay tiene
una puta enclosetada a punto de salir.
Lo invité a desayunar al hotel
Tamanaco.
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